Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

Lectura formativa

09 dic 2008
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Ojeo la revista para adolescentes con la que mi hija se ha pertrechado: moda, cotilleos de famosos y frivolidad por todas partes. Y en el apartado “desahógate” se anima vivamente a la casi niña, que se siente culpable, a masturbarse, e incluso se le facilita una web para progresar en ello. Es preocupante que una publicación sin ninguna autoridad pedagógica pontifique en las conciencias de los menores, ignorantes de que el círculo vicioso de la masturbación es un modo de auto-abuso que lesionará seriamente las futuras relaciones estables, además de resultar un perjuicio moral grave. El placer sexual debe tener lugar en el preámbulo de la relación y es en el matrimonio donde alcanza el mayor grado de satisfacción siempre que se abra al milagro de la vida.

LISA JUSTINIANO MADRID

Al patio de mi colegio llegó la noticia (de alcance) de que muchas mujeres no sabían masturbarse y no conocían bien su propio cuerpo ni su propio placer. Hubo, en los setenta tardíos, una verdadera invasión de “guías de auto-examen” y material pedagógico para enseñar a las chicas a conocerse a sí mismas y a obtener placer. Se puede imaginar lo que comentábamos los rudos chavales de BUP al enterarnos de que las tías necesitaban leer el prospecto hasta para hacerse una paja. Machistas y todo, nos tragamos como minotauros la copiosa bibliografía sobre el huidizo, frágil, múltiple, prolongado y sublime laberinto del orgasmo femenino. Ellas también: todavía hoy me asombra la complejidad y la precisión técnica con la que hablan mis coetáneas de sus orgasmos, como si aquello fuera la fisión nuclear.

Entre paréntesis: admiro a muchas escritoras, pero quizá de esos tiempos me venga el desinterés por lo que llaman literatura femenina: siempre veo a una tía conociendo su propio cuerpo, buscando su propia voz, en fin: aprendiendo a masturbarse. Vale, pero, como lector, yo quiero echar un polvo.

En cualquier caso, si esa información fue tan positiva y valiosa para mí y mis amigos, ¿cómo no va a serlo para las propias interesadas? Creo que a su hija le será útil, y creo también que la que pontifica es usted: ni la masturbación perjudica ni hace daño moral o físico. ¿Círculo vicioso? Parece lo de Ionesco:
“Se coge un círculo y se le acaricia, hasta que se vuelva vicioso”. En cuanto a su idea de que el placer sexual más intenso siempre se da en el matrimonio, en fin, pregúntele a alguna amiga adúltera: ya verá cómo se ríe.


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