Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

La mala educación

28 Dic 2008
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Una mezcla de rabia contenida y vergüenza ajena me invade cada vez que observo diferentes actos incívicos o de mala educación. Y es que sigo sin entender por qué razón se sigue escupiendo en las aceras con repugnante naturalidad; sacudiendo alfombras y bayetas desde ventanas y balcones sobre las cabezas de los viandantes; tirando cualquier cosa al suelo sin ningún reparo ni miramiento; celebrando espectaculares botellones en espacios públicos con las consabidas consecuencias. Sigo sin entender, en fin, por qué razón no se respetan en el espacio público las mismas normas básicas de higiene y educación que supongo se respetan en las propias casas. Si tenemos en cuenta que más de la mitad de la población mundial ya vive en grandes núcleos urbanos, y que esta tendencia va en aumento, haríamos bien en preocuparnos por ser más educados y cívicos para hacer más fácil y agradable la convivencia ciudadana.

PEDRO SERRANO MARTÍNEZ VALLADOLID

Usted parece convencido de que, en su propia casa, todo el mundo es educado. En cambio, asegura que, en los espacios públicos, la mayoría se comporta de otra forma. Démoslo por bueno, pero entonces quizá por ahí deberíamos buscar esa explicación que no consigue encontrar, ¿no le parece? Si todo nuestro sistema está orientado a la propiedad privada, ¿cómo vamos a esperar respeto hacia lo público? Y mucho menos hacia lo gratuito o incluso lo barato: si el valor supremo es el precio y la exclusividad, ¿quién va a sentir respeto hacia algo que no puede poseer de forma más o menos exclusiva, algo a lo que también puede acceder cualquier otro?

Según una encuesta, la mayoría no querría ganar 3.000 euros al mes si todo el mundo ganara también 3.000 euros al mes: preferirían ganar 2.000, siempre que los demás sólo ganaran 1.500. A mí modo de ver, ésa es la naturaleza de la propiedad privada: algo es mío sólo en la medida en que no es de nadie más. Por consiguiente, la esencia de la propiedad es la desposesión del otro, es decir: la explotación.

La mala educación no es, me parece, cuestión de buenos modales: se trata más bien de respeto a los demás. Para respetar de verdad a los otros es indispensable la igualdad, ¿no le parece? Un sistema económico que promueve la desigualdad y la explotación, ¿puede crear relaciones humanas de respeto? A mí me parece difícil, la verdad, porque yo creo que lo que usted llama mala educación no es más que otra forma de injusticia.