Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

Hágase rico

20 Nov 2007
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El otro día fui a comprar un litro de leche y me quede helado. Cinco días antes me habían cobrado 85 céntimos y en ese momento, 1,05 euros. Le espeté a la tendera: “Oiga, ¿cómo ha subido tanto la leche?”. A lo que me contestó: “Como todo”. Ante esto le contesté: “Señora, como todo no. Un 20% en cinco días no suben las cosas”. Me entraron ganas de prender fuego a la leche. Luego pensé que no podía arder y que qué culpa tenía ella.
PAULINO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, MÓSTOLES (MADRID)

¿Ella? ¿Quién? ¿La leche o la tendera? No me queda claro a quién se refiere usted, pero ambas son inocentes. Y en cuanto a su reacción espontánea… ¡qué carácter, don Paulino! Menos mal que no compró algo combustible (periódicos, gasolina, fotos del rey o banderas nacionales o autonómicas). En cuanto a que no hay nada que suba un 20% en cinco días, no estoy de acuerdo, hay muchas cosas que suben más de un 20% en cinco días o menos: los beneficios de muchos banqueros y promotores inmobiliarios, por ejemplo; o el índice de masa corporal de mi cuñada, sin ir más lejos.

Después de leer en estas páginas el brillante artículo de mi amiga Amparo Estrada, sólo puedo darle un consejo: deje la leche, hombre, y beba más anís, que apenas sube de precio y hace más compañía. Amparo nos recordaba que el IPC no es más que un promedio y proponía sustituir o complementar el IPC con el CIP, la Calculadora de Inflación Personal. Su inflación personal dependerá de lo que usted consuma: si se alimenta sólo de leche será de un 20% (muy por encima del IPC); en cambio, si no toma más que anís, no creo que supere el 1,5%.

Comparando el IPC con el CIP se obtiene una conclusión muy útil: ser pobre no trae cuenta. Como decía César Vallejo: “¡La cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre!”. Lo que de verdad sube de precio, estropea las previsiones del Gobierno y perjudica en general la buena marcha de la economía y la imagen exterior de España son esos bienes (tan perecederos) que insisten en consumir sin parar los pobres: leche, pollo, arroz, bolsas riñoneras, pantalones de tergal y vehículos baratos adquiridos a plazos. Además, sale mucho más caro, porque se estropea en seguida. Los licores, automóviles, muebles y zapatos que compran al contado los ricos apenas suben de precio y duran mucho más tiempo. Tener dinero sale mucho más barato. ¿A qué viene entonces esa obstinación en seguir siendo pobres? Tomen ejemplo de los sindicalistas, de los funcionarios de los ayuntamientos, de los políticos: fórrense. Lo que pasa es que ustedes son muy tercos y no colaboran. Se empeñan en comprar leche y arroz, en lugar de Jabugo y camisas de seda. Hágase usted rico de una vez, por patriotismo, como ha hecho ya toda la gente de bien.


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