Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

Fascismo gratis

27 Nov 2007
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Los racistas juran que no son racistas, que no tienen prejuicios. Casi lo mismo ocurre con el fascismo. Franco no era fascista, sino que manipuló el fascismo para mandar, según le reprocharon siempre los de la auténtica Falange. Aznar, en su juventud, tuvo tentaciones fascistas, que reprimió para conseguir el poder, en esta desgraciada época de moda democrática en que le tocó vivir. Rajoy, sin duda, no es fascista, lo que le quita todo escrúpulo para manipular y abrazar a los auténticos fascistas, excepto en período electoral, para ascender. Zapatero es el único de ellos que subió al poder declarándose antifascista, aunque ahora, con dos peregrinos argumentos que hemos escuchado estos días, defienda a Aznar de la acusación de serlo, en una de esas increíbles y peligrosas contorsiones en las que se embarcan a veces los políticos.

ANTONIO CABALLERO GARRIDO, Madrid

¿Y qué tiene usted en su casa: un fascistómetro a pilas con el que detecta el grado de fascismo de cada individuo? ¿Aznar? Facha: 2,5 en la escala Caballero Garrido; luego descendió a 1,5. ¿Zapatero? ¡Cero! Miren, miren: ¡la aguja del manómetro está inmóvil! ¿Franco? 6,5. ¿Salen caros esos aparatos? ¿Le llevan también niños a su Gabinete de Antropometría Política? Doctor, mídame al chaval: le ha quitado los cromos a un compañero en el recreo. Tranquila, señora, que ahora le hago una fascistometría, ¿ha traído el volante?

Hablando así, el fascismo pierde todo significado. Supongo que podemos estar de acuerdo en que el fascismo pretende la conquista del Estado y la instauración de un régimen autoritario, nacionalista y antidemocrático. Es el brazo armado del capitalismo, que sólo es necesario cuando la clase dominante considera que las instituciones democráticas ya no sirven a sus intereses o amenazan sus privilegios. Hoy, en España, no es el caso. Al contrario. Aquí el rey no tiene que levantar la voz, aunque sí considera indispensable dejar con la palabra en la boca a Daniel Ortega o mandar callar a Chávez. Mientras se pueda lograr lo mismo con elecciones, ¿para qué sacar a los muchachos de las botas y los correajes, que son tan incómodos y tan vulgares?

¿Zapatero se declaró antifascista? Qué valentía, qué ejemplo para los más pequeños. Es tan significativo como declararse firme partidario de los matrimonios mixtos entre terrícolas y alienígenas. Como no hay marcianos (que se sepa), sale gratis. Porque, exactamente, ¿a qué se refería? ¿Mencionó nombres de personas, empresas o partidos? ¿Habló de no apoyar golpes de Estado en otros países? ¿Habló de empresas españolas en Latinoamérica? ¿O sólo pretendía decir que está en contra de todo mal malvado: del fascismo, del cáncer de colon y del virus de la gripe?

RAFAEL REIG


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