Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

Qué matraca

07 Jul 2009
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Hay personas que les molesta o no entienden que cada año se celebre del Día del Orgullo Gay. Algunos nos tildan de “exhibicionistas”. El otro día escucho en un bar: “No tengo nada en contra, pero no me gusta que dos chicos o dos chicas se besen, pues no sé qué decirle a mi hijo”. Y yo pienso: si no lo sabe educar, ¿para qué lo ha traído a este mundo? En fin, saben aquel que diu: “yo no soy racista, pero mi hija que no se case con un negro”. Si por tolerancia se entiende sólo que no nos insulten y agredan, poco hemos avanzado.

JAVIER POSA LOAZANO. BARCELONA

Lo único que me intriga es qué canastos entenderá usted por tolerancia. Yo creía que era precisamente eso: no insultar, no agredir y garantizar los mismos derechos para lo que no nos gusta o no aprobamos. ¿Qué cree usted que es? ¿Que además les quieran? Hombre, en ese caso, ¿qué falta hacía la tolerancia? Por ejemplo, yo tolero a los católicos y sus manifestaciones en Colón. Les reconozco los mismos derechos que a usted, no les insulto ni mucho menos les agredo. Ahora bien, ¿además tienen que gustarme? ¿No puedo considerar que los obispos energúmenos son exhibicionistas y un sórdido espectáculo que prefiero evitarle a mi hija? No entiendo que los católicos se manifiesten y me molesta, qué pasa. Pero me aguanto: eso es tolerarlos. Tampoco me gustaría nada ver a un cura y a una monja metiéndose mano, ¿y qué? ¿Es que encima, además de tolerarlo, me exigirán que me guste?

Tolerar no es más que “respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”, como dice la Academia. Para tolerar algo, no hace falta estar de acuerdo, sino todo lo contrario. Yo tolero hasta al PP valenciano, lo cual no quiere decir que no pueda sentirme horrorizado si mi hija se quisiera casar con Zaplana o Camps.

Qué matraca con la tolerancia. Si le soy sincero, a mí me parece que exigir, no sólo tolerancia, sino el aplauso y el cariño de los demás es un gesto despótico y muy infantil. A mí también me gustaría gustar a todo el mundo, pero a mi edad ya me aguanto, oiga, y me conformo con que me toleren. No se puede exigir más.


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