Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

Silencio, se tortura

27 Oct 2009
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Tortura “heavy” en Guantánamo con la  música a todo volumen. La CIA utilizaba música heavy metal, country y rap,  el himno nacional (Barras y estrellas), y también Barrio Sésamo. Los métodos de la CIA, de la época de Cheney y Bush, son el más alto insulto a la inteligencia y a la dignidad de las personas. Deberían de cambiar de nombre la CIA. 

JOSEP ROBERT REIG MIRÓ. BARCELONA 

Pues a mí, con perdón, me ha hecho gracia y me parece más inteligente que la picana eléctrica. Lo que no he logrado averiguar es si la CIA pagaba derechos al equivalente americano de la SGAE. Aquí, nuestra popular SGAE habría exigido su parte de inmediato, lo mismo que en una boda: a ellos les da igual que se use para torturar, en un entierro o en un concierto benéfico.  

Estoy en contra de la tortura (¿hace falta decirlo?), pero, ya puestos, será mejor Julio Iglesias que unos latigazos. Y da que pensar: no sé por qué admitimos que nos torturen a todos en salas de espera, aeropuertos, bares o al llamar por teléfono. El último artículo de lujo es el silencio, que ya sólo se lo pueden permitir los privilegiados. En Madrid, para tomar una copa sin tele ni conversaciones a cien decibelios, hay que ir como mínimo al Ritz, así que ya sabemos lo que nos toca a los que no somos millonarios: aguantar el chunda-chunda sin rechistar, para que nos demos cuenta de que vivimos en libertad vigilada. 

En una película de Woody Allen, a los presos amotinados los metían en celdas de castigo, encerrados en compañía de un agente de seguros: menuda tortura. Yo, desde luego, con la música que escoge la CIA, cantaría hasta la Traviata. Supongo que Herr Rubalcaba habrá tomado nota y en Interior ya estarán haciendo acopio, para los etarras, de grabaciones de Manolo Escobar y La Oreja de Van Gogh, audio-libros de Pérez-Reverte y su patriótico Alatriste, y todas las películas de Garci y Almodóvar disponibles. No creo que tengan ningún problema con Amnistía Internacional. Ahora bien: que se echen a temblar con la SGAE, que inspeccionará mazmorra por mazmorra a ver qué música suena, para pasar la factura. Claro que para eso están los fondos reservados, ¿no?


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