Carta con respuesta

Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

A nuestra imagen

28 Oct 2009
Compartir: facebook twitter meneame
Comentarios

Saramago se dedica a arremeter contra la Iglesia Católica en general y contra Dios y la Biblia en particular: “Sin la Biblia, seríamos mejores”, “Dios no es alguien de fiar”. No parece que haya leído la primera encíclica de Benedicto XVI definiendo la esencia de Dios: el Amor. Quienes acorralan a Dios o a su Iglesia, premios Nobel o no, se erigen en enemigos del bienestar humano. Dios nos creó y conoce a la perfección cuánta necesidad tenemos de él para vivir en una felicidad acorde con nuestra naturaleza, elevada por él hasta la divinidad. Negarle se convertiría en un arma arrojadiza que volvería a nosotros para herirnos y privarnos del bien del perdón. 

EVA CATALÁN. BARCELONA 

Lejos de mí la funesta manía de alabar a Saramago, aunque me gustó mucho su novela El año de la muerte de Ricardo Reis. Me parece un pelmazo con sus monsergas humanitarias y un fariseo cuando se rasga las vestiduras escandalizado por Berlusconi. Decir que “sin la Biblia seríamos mejores” me suena a verdad como un puño y a tontería en envase familiar. ¿Quién rayos supone Saramago que inventó la Biblia? ¿Acaso cree que es palabra de Dios? La Biblia la hemos escrito nosotros, esta humanidad que no tiene remedio y ya está mandada recoger. Así que es como decir: si fuéramos mejores, seríamos mejores. Toma, claro: y si fuéramos mejores no habríamos inventado un libro tan cruel, estúpido, fascinante y sobrecogedor como la Biblia. Si fuéramos mejores, tampoco habríamos necesitado crear un Dios a nuestra imagen y semejanza: vengativo y piadoso, heroico y miserable.   

Dios no existe, lo afirmo con la misma contundencia con la que el Papa Benito asegura que Dios es amor. Por otra parte, ¿qué va a decir él, si vive de eso? ¿Que el jefe no existe? El caso es que importa un rábano que fuera o no de fiar. Como he dicho otras veces, incluso si Dios existiera, yo estaría en contra.  

A mí me parece bien que usted crea en Dios, si lo necesita o le entusiasma, y no me ofende que lo bendiga incluso en público. No sé qué derecho se concede usted a que le moleste que Saramago o yo no creamos o nos guste maldecir a Dios o reírnos de él.


comments powered by Disqus