La marmota y el pájaro loco

O sea que ni Donald Trump entendió a Mariano Rajoy cuando nuestro presidente se ofreció a mediar en Latinoamérica, Norte de África y Europa antes de bombardear, ni Mariano entendió a Trump cuando el yanqui le exigió que subiera al 2% del PIB nuestro gasto militar para bombardear con más gracejo. Para que luego anden diciendo por ahí que la geopolítica es fácil. Sin embargo, uno casi aplaude ese muro lingüístico que separa a ambos líderes, pues si se entendieran sabe dios qué serían capaces de urdir estos dos personajes en 15 minutos de teléfono. Pobre planeta (a sus habitantes ya nos doy por perdidos).

La verdad es que fue bastante hilarante contrastar los reportes respectivos de Moncloa y Casa Blanca tras la conversación. El País, que desde que despeñapedrizó al PSOE y aclamó a Mariano se desvela por volver a parecer el periódico de izquierdas que nunca fue, amanecía este jueves malhumorado, yo diría que hasta encolerizado, con nuestro amado líder: “Grave sería que, como parece, estuviéramos ante una oferta frívola [la de Mariano] y no suficientemente meditada, fruto de un deseo de congraciarse fácilmente y sin coste alguno con el presidente Trump”.

Sorprende la candidez del diario de Prisa, sobre todo ahora que Alfredo Fouché Rubalcaba se sienta en su consejo editorial. De Rubalcaba se sospecha que no es tonto, lo que despierta una legítima desconfianza entre sus pares. Así que resulta raro que Antonio CañoJuan Luis Cebrián esperaran otro desenlace del encuentro telefónico entre la marmota española y el pájaro loco norteamericano.

Porque el PP, en la línea de su inspirador intelectual Francisco Franco, siempre ha mantenido la misma actitud vasalla con los cow-boys interestelares del otro lado del Atlántico. Se habla hoy mucho del Brexit y de la desmembración europea, como si fueran asuntos de rabiosa actualidad. Y no lo son. Son ya historia vieja. El Brexit y la desmembración europea ya se habían hecho realidad en marzo de 2003, cuando Gran Bretaña y España desoyeron el clamor europeo, despreciaron el mandato de la ONU y se embarcaron en el Maine de George Bush para invadir Irak. La foto de las Azores es el cromo inaugural del fin de Europa.

También en El País, el columnista Josep Ramoneda nos recuerda que “en cinco años, Rajoy ha tenido una mínima relación con Obama. Llega al poder la versión más extrema del partido republicano y Rajoy, el que ve peligrosos populistas por cualquier parte, corre a buscar el reconocimiento de quien construye sobre la peculiar verdad de los hechos alternativos […]. ¿Aspira a ser el monaguillo europeo de Trump, como hizo Aznar con Bush hijo, aun al precio de volver a dividir Europa?”. No es blanco y en botella. Es metálico y con forma de enorme supositorio.

De todos es sabido que El Mundo se ha vuelto muy pudibundo desde que lo dirige un filósofo políglota al que le gusta Kierkegaard más que a un tonto, un lápiz. Quizá por eso el diario de la bola ha elidido cualquier opinión editorial sobre la enjundiosa conversación telefónica. Ni siquiera sus brillantes columnistas, siempre algo más heterodoxos que los de la vieja guardia pedrojotera, osan ahondar con su prosa y pensamiento en lo sucedido a ras del cableado trasatlántico de Graham Bell. Sorprende tanto silencio.

La Razón, por supuesto, entona un himno patriótico en su editorial del día, que no analiza el contenido del cruce de monólogos entre Trump y Rajoy, sino la “demagogia” de los partidos de izquierdas a la hora de valorar el facturón telefónico que nos pueden pasar por este breve intercambio: “El Ejecutivo tiene el deber de preservar las mejores relaciones posibles con nuestros aliados. Así se sirve al interés nacional”. Considerar aliado a un señor pelirrojo empeñado en destruir Europa no sé yo, Marhuenda, o sea.

ABC arrancaba en portada con una foto de Trump portando la figura de un sheriff pistolero de los de antaño. Pero tampoco lleva a editorial o a columnas su análisis de los contenidos de la oferta de Mariano y la exigencia de Donald. Aunque Luis Ayllón regala una crónica titulada España, cautelosa ante la nueva administración en la que se nos advierte que “Moncloa ha evitado un choque directo para preservar la relación bilateral”. Vaselina periodística, suele definirse esto. Y ni una sola alusión al 2% de gasto armamentístico, pues eso son intimidades entre presidentes que mejor los periodistas no meternos.

La semana también nos ha traído una guerra abierta entre este periódico y las cloacas periodístico-policiales del comisario PinoEsteban Urreiztieta (El Mundo), Eduardo Inda (OK y ex El Mundo). No voy a profundizar en el tema. Ya Patricia LópezCarlos Enrique Bayo han baldeado suficientemente esa sentina, y mi musa me dice que hoy no tiene el coño para cloacas.

La noticia albriciosa de este periodo hebdomadario nos llega del Tribunal Supremo, que acaba de poner una multa de 30.000 a La Razón por una información falsa que atañía al ex jefe de la Policía en Catalunya, Narciso Ortega. No es que se alegre uno de la desgracia ajena, pero sería interesante que algunos de nuestros periódicos más conspicuos recuperaran el concepto de línea editorial, hoy sustituida por nuevas directrices que se podrían calificar como líneas de manipulación o estrategias de mendacidad. Ya me has dejado a gusto, oh Musa.