Toros, bueyes y fiscales

Vivimos en un país que no se asusta de que los fiscales sufran presiones políticas cuando investigan casos de corrupción. “Las presiones existen, pero hay que vivir con ellas y tener capacidad de adaptación”. Esto se lo dijo a El País este miércoles José Luis Díaz Manzanera, propuesto como nuevo fiscal superior de Murcia. Precisamente de Murcia. Supongo que hasta el más desinformado granhermanista sabe que el presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, declarará en unos días como imputado por malversación, fraude y falsedad documental.

El fiscal sustituido en Murcia, Manuel López Bernal, reconoció en la Ser y en El País haber sido víctima de intimidaciones y “presiones de partidos políticos” durante su trabajo de investigación de los indicios delictivos que apuntaban al presidente autonómico. No especificó qué partidos políticos.

El País,  en su editorial del viernes, hablaba de “ruido judicial”. Centraba el foco sobre las vacaciones provisionales ginebrinas de Urdangarín, y las injerencias políticas sobre los fiscales las trataba como cosa consuetudinaria y normal en una democracia.

ABC se alegraba de la “voluntad reformista” que inspira los cambios en las fiscalías. Entre otras cosas, porque corrigen el “desequilibrio ideológico” que, aseguran, provocó José Luis Rodríguez Zapatero en el Consejo Fiscal. Deteneos en el desequilibrio ideológico: seis de los nueve miembros de este elevado órgano son de la conservadora Asociación de Fiscales, y solo tres militan en la progresista.

En cuanto a la lenguaraz largada del ya ex fiscal jefe murciano, la despacha el centenario y torcuatiano diario con desprecio casi elegante: “Las denuncias sorpresivas del fiscal jefe destituido habrían tenido algún crédito si las hubiera plasmado por escrito y por los cauces establecidos en la normativa del ministerio fiscal. Ahora suenan a victimismo y pataleo”.

Olvida decir ABC que el destituido Bernal también habla de “desprotección”, y recuerda que uno de sus compañeros sufrió dos asaltos a su vivienda en los que no se robó nada: todo hace indicar que los asaltantes buscaban documentación sobre las investigaciones que estaba llevando a cabo el fiscal anticorrupción de Murcia Juan Pablo Lozano. Yo, personalmente, comprendo que los fiscales se callaran las amenazas e injerencias: estaban acojonados. No era una presión política. Era una presión política que hasta contrataba delincuentes más o menos comunes para allanar viviendas. Porque estoy seguro de que los butrones que invadieron la casa de Lozano no eran ni delicadas diputadas ni muchachitos de las juventudes del partido (como estará comprobando el saturnal lector, los siempre sagaces periódicos nos empeñamos en ni siquiera insinuar de qué partido puede tratarse…).

El Mundo lleva las denuncias de Bernal a un titular a dos columnas. Y en su seccción A Contrapelo Santiago González opina, a falta de editorial que se moje en tan delicado asunto: “López Bernal empezó la jornada hecho un toro y la terminó a paso de buey”. Y califica de “agitación desmesurada de metáforas” esta perla del ex fiscal: “No puede ser que a los fiscales se nos persiga más que a los corruptos”.

La misma tesis del toro convertido en buey la enarbola La Razón en su portada, titulando: El fiscal saliente de Murcia acota las ‘presiones’ a ‘artículos insultantes’ en la prensa. El editorial, significativamente titulado Impecables relevos en la Fiscalía, es una canción de escarnio contra el acosado ex fiscal jefe, al que acusan de extender “la desconfianza entre la ciudadanía sobre el correcto funcionamiento de nuestras instituciones públicas”. Yo creo que es de lo menos que se puede acusar a este hombre. Nuestra justicia encarcela tres años y medio a un rapero por cantar canciones y absuelve a una infanta universitaria so pretexto de que es tonta. ¿Cómo vamos a dudar, querido Marhuenda, de su correcto funcionamiento?

El caso es que, según nuestros más honorables periódicos, no hay que darle demasiada importancia a un fiscal jefe que dice que está más perseguido que los corruptos. Es un arrebato, un ataque de cuernos, una pamplina exabruptada en un desequilibrio mental pasajero. No ha pasado nada. España va bien. Este país funciona. No te preocupes de nada, españolito. No ha pasado nada raro. Y Urdangarín, sonriente, en las portadas.