Hazte oler

La polémica desatada estos días con el autobús de Hazte Oír me ha hecho reconciliarme –un poco y poco rato– con nuestra prensa ultramontana de papel. Yo me esperaba que los chicos de Paco Marhuenda y Bieito Rubido me dieran el artículo redactado con sus habituales soflamas contra el caraquismo de Manuela Carmena, la promiscuidad perversora de Podemos en sus cúpulas y otras lindezas inquisitoriales. Pero no. La Razón, bajo la pluma de Silvia Díaz del Valle, echaba este miércoles tierra a la trinchera con delicadeza para no ofender a los obispos, pero la tierra estaba echada: “Que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva, como reza el vehículo, es un hecho biológico, claro está. Pero ofende. Tanto Arsuaga como su plataforma se equivocan. Utilizarlo como contracampaña al lobby homosexual o para mandar un mensaje perjudica a los más pequeños”.

O sea, que a los pirados de Hazte Oír ni siquiera los apoyan nuestros diarios de incienso más pestilente. Aunque eso sí, dan por sentada la existencia de un “lobby homosexual”. Por esto del lobby homosexual es por lo que decía que me reconcilio solo un rato, un breve instante (que dirían los horteras), un aleteo fugaz. Me voy enseguida al Ibex 35 a ver cómo cotiza el lobby homosexual, y resulta que allí no encuentro noticia del tal lobby. Busco en la red cómo afiliarme a la resistencia heterosexual contra la invasión LGTB, y tampoco hallo respuesta a mis tribulaciones. ¿Dónde está el lobby? ¿Quiénes son? ¿Cómo desde sus cavernas de diseño nos dominan y gobiernan? Esto del lobby homosexual es tan hermético como los aperitivos del club Bilderberg.

La calculadora de ‘El País’

Este martes daba noticia El País de la consulta ciudadana impulsada por Manuela Carmena para cambiar Madrid. Su titular de portada nos alertaba de que 2.528 madrileños deciden por toda la ciudad. Realmente, fueron unos 212.000 los gatos votantes. Pero el periódico de Prisa prefirió extrapolar el dato de la diferencia de votos entre los que deseaban renombrar el parque Felipe VI y los que no. El rey preparao, por cierto, se ha quedado sin su parque. La campaña de lavado de la corona borbónica deberían encargársela mejor a Lluis Llongueras, y no a Antonio Caño.

Hay un movimiento en España contra las consultas populares, contra la voz del pueblo, que resulta imposible de defender sin caer en estos borchornos. Olvidando la diferencia entre información y opinión, el otrora discreto diario nos alertaba en su portada (noticia) de que “Carmena sigue una tendencia global: hay cada vez más refrendos porque los políticos creen que preguntar más a los votantes es bueno. Pero es un proceso no exento de agujeros”.

Nuestros periódicos, con escaso pudor, no se cansan de recordarnos a los ciudadanos que somos bobos, que votamos a tontas y a locas, que nos confunde este contradiós de la democracia, hasta el punto de que le quitamos su parque madrileño a todo un Borbón, hijo de un heredero franquista de reputación dudosa, cuñado de un delincuente y hermano de una ignorante consorte. Nos dice en su indignado editorial el periódico psocialista: “Como muestra el caso del parque Felipe VI, que 2.528 madrileños (apenas un 0,1% de los 2,7 millones con derecho a voto) puedan cambiar el nombre del segundo mayor parque de Madrid, muestra la fragilidad del ejercicio y lo fácil que es abrir paso a la demagogia”. El pueblo como demagogo es categoría difícil de encajar. Resulta tan disparatado como decir que la voz de un pueblo pueda sonar individualista. Lo que desearían es que fuera muda. Eso sí que es más fácil de comprender.

El caso es que se está fomentando una campaña mediática contra las consultas populares, pues hay varias pendientes en este acomplejado y medroso territorio llamado España. Los medios conservadores han visto en el referendum sobre el parque Felipe VI un miniyo de la consulta monarquía /república. Y eso les aterra. No sé por qué. Las razones de la sinrazón son inescrutables. Y, muchas veces, ridículas.

Berta Cáceres

No me ha sorprendido el silencio de nuestros periódicos de papel, casi absoluto, en el primer aniversario del asesinato de la activista hondureña Berta Cáceres. Se conoce que es mucho menos interesante que los millones del preso de moda Leopoldo López. En Honduras hubo un golpe de Estado en 2009 que toda nuestra prensa y nuestra diplomacia ya asumieron con normalidad plutocrática. Que se maten los indiecitos. El preso político de la neolengua no puede adquirir estatus de preocupación democrática internacional si no está forrado. Los sans culotte ya no son dignos de capitanear revoluciones. No van lo suficientemente elegantes a las barricadas. Al final nos van a terminar convenciendo de que el pueblo es el opresor y la plutocracia, un celestial coro de oprimidos. Os mando a todos un abrazo de Albert Rivera, el libertador venezolano de toda la vida.