Las victorias de ETA

Euskadi ta Askatasuna anuncia su desarme. Poco importa que las que va a entregar sean armas que ya no funcionan, unas poquitas pistolas oxidadas y algo de pólvora húmeda de zulo. La noticia merece portada. Y editorial. En el que todos los periódicos coinciden en enfatizar lo mismo: no es un gesto de generosidad etarra, sino un cutre cuadro de las lanzas que se interpreta como victoria militar. Velázquez no lo hubiera pintado ni por encargo.

Nos dicen los editorialistas de La Razón: “ETA aún no se ha disuelto, no ha pedido perdón a las víctimas y al conjunto de la sociedad española por los crímenes cometidos, no ha tratado de reparar los daños en lo posible y, sobre todo, no ha colaborado con la Justicia para esclarecer los 300 asesinatos de los que se desconoce la autoría. Todo lo demás carece de importancia y forma parte del intento de los terroristas de reescribir la historia buscando un plano de igualdad imposible, por falsario e inmoral, entre los verdugos y sus víctimas”.

Mi mente enfermiza me juega esta mala pasada y reinterpreta la frase: “El franquismo aún no se ha disuelto, no ha pedido perdón a las víctimas y al conjunto de la sociedad española por los crímenes cometidos, no ha tratado de reparar los daños en lo posible y, sobre todo, [España] no ha colaborado con la Justicia para esclarecer los 150.000 asesinatos de los que se desconoce la autoría y el paradero de las víctimas. Todo lo demás carece de importancia y forma parte del intento de los terroristas franquistas de reescribir la historia buscando un plano de igualdad imposible, por falsario e inmoral, entre los verdugos y sus víctimas”.

Rodolfo Martín Villa, por ejemplo. España ha negado su extradición, junto con otra veintena de prebostes del régimen, a la jueza argentina que investiga los crímenes del franquismo. No ha tratado mal la democracia a este fascista: entre otras lindezas, le ha permitido presidir Endesa y Sogecable, olvidando de qué tenía sucias las manos. La vara de medir de nuestra memoria justiciera goza de una elasticidad muy poco científica.

Digo esto en las misma semana en que se acaba de saber que el Gobierno sigue insistiendo en su negativa a acercar a los presos de ETA a las cárceles vascas. No se le pide a Rajoy que le otorgue a Josu Ternera la presidencia de ninguna eléctrica o gigante de la comunicación. Pero esa terca y vengadora negativa a permitir que acaben de cumplir sus condenas en Euskadi, cerca de sus familias, desmonta el discurso de que ETA ha sido totalmente derrotada.

Tristemente, ETA ha vencido a la democracia en varios aspectos que los periódicos se niegan a analizar. ETA venció cuando el Estado español rompió por ella la Carta de Derechos Humanos, que explicita la obligación de alojar a los reos cerca de sus familias, no culpables de las tropelías que aquel hubiera cometido. También venció a la democracia cuando esta dejó de serlo al confeccionar un ejército de asesinos gubernamentales llamado GAL. Venció otra vez cuando abocó a un estado democrático a negar la libertad de expresión, y los jueces llegaron a cerrar periódicos y encarcelar periodistas —Egunkaria– a sabiendas de que nada tenían que ver con la banda criminal. Y venció incluso cuando inspiró una ley de partidos capaz de ilegalizar siglas e ideas desde el margen más equívoco de nuestra constitución. Y podría seguir enumerando varias otras victorias de los encapuchados en campo contrario. Eso tan unánime que dicen los periódicos de que se ha vencido a ETA con las armas de la democracia es aserto que tendría que ser revisado, me parece a mí.

Alfredo Pérez Rubalcaba, cuya puerta giratoria es la del consejo editorial del grupo Prisa, escribe hoy en El País un editorial B sobre el asunto. Quizá alguien no recuerde que fue ministro de Interior entre 2006 y 2011, cuando José Luis Rodríguez Zapatero esforzaba una maquinaria casi clandestina de diálogo ante las vociferantes protestas de PP y medios afines al ojo por ojo. Y antes, cuando Felipe González ejercía a tope de Señor X para evitar que el juez Baltasar Garzón pudiera reabrir el caso del secuestro de Segundo Marey, era ministro de Presidencia (1993-1996). Lo cual que sabe de lo que escribe en su artículo titulado Un anuncio desde el pasado. “Cuando escribo estas líneas recuerdo el estupor que los presos que se acogieron a la denominada vía Nanclares manifestaban invariablemente al volver a la cárcel, después de algún permiso de fin de semana. Su extrañeza ante la relevancia social y política de las instituciones vascas, la sorpresa que les producía la normalidad con que los ciudadanos de Euskadi vivían en democracia, hablaban su lengua y veían sus símbolos respetados. No conocían cómo pensaban los vascos, cómo vivían, cuáles eran sus anhelos y sus aspiraciones. No sabían nada del pueblo al que pretendían liberar. En eso, los actuales dirigentes no han cambiado”. Una bonita y seguramente verdadera historia que se me vuelve a venir abajo cuando Rubalcaba se suma al triunfalismo cuartelero y nos dibuja a los españoles “orgullosos de la fortaleza de una democracia que supo vencer al terror”.

ABC tampoco escapa, por supuesto, a la soflama patriótica. Su portada parece una sugerencia a Manuela Carmena para que la incorpore a su nuevo callejero. Y en su editorial cae también en la ferocidad revanchista que me está empañando tanto esta victoria: “No es un gesto unilateral de buena voluntad, es la consecuencia de su derrota. Es su rendición, y como tal debe ser tratada por el Gobierno. Se desarmen o no, su derrota es absoluta y los Estados de Derecho, sea España o Francia, no sólo no tienen motivos para dar treguas o tiempos muertos a ETA para que se rinda con honor, sino que su obligación es seguir golpeando a la banda hasta que de ella no quede más que la victoria de la Justicia […]. Su desarme es fruto de nuestra fortaleza, no de su generosidad. Por eso, el Gobierno debe huir de los cantos de sirena de los buenistas del proceso de paz”.

Yo me considero uno de esos buenistas, pero más que cantos de sirena suelo entonar cantos de cisne. Pasé demasiados años viajando a Euskadi para cubrir atentados, procesos de paz incógnitos, entierros, investigaciones judiciales y policiales como para no engrosar el ejército desarmado de los buenistas. Me sentiría sucio en la ética si no militara en el buenismo. Que no es otra cosa que pedir el acercamiento de los presos para volver a ser fiel a la ya citada carta de derechos humanos. Mientras tanto, toda esa victoria que hoy vocean los periódicos me parece simple y peligroso hooliganismo. Un autorretrato muy triste de este país. Al que ETA, ya se ha dicho, ha vencido en muchas cosas.