El equipo B: viva España

Les iba a llamar el equipo A, pero en el PP la letra B es mucho más querenciosa. La portada de hoy de ABC semeja el cartel de una mala película de vengadores salvo por la publicidad del cuadrito: Hanbel, mercadillo: renovación de género. Encima, María Dolores de CospedalMariano Rajoy, Íñigo Méndez de VigoSoraya Sáenz de Santamaría –plano medio– se nos aparecen cual los cuatro magníficos reunidos para salvar a balazos la unidad de España. Supongo que os suena el discurso. La cosa, por supuesto, va de Cataluña. Y Puigdemont, si es que compra el ABC, tiene que estar temblando.

Como en los peores comics, cada personaje tiene su morcillo: pena que al diseñador no se le haya ocurrido meterlo en bocadillo. “Si estuviéramos en otro país estaríamos hablando de golpe de Estado”, dice Cospe, sargentilla chusquera del diferido. A Rajoy se le escapan los anacolutos incluso por boca de sus transcriptores: sufre, academia: “Es una de las mayores cacicadas que he visto en mi vida, propio (sic) de las mayores dictaduras”. A Íñigo Méndez de Vigo lo conocemos por la nenufariana profundidad de sus discursos, y así, fielmente, lo refleja su fiel infatería mediática: “Es un atentado grave contra el Estado de Derecho”. Y Soraya, con cara de pequeño y peligroso personaje vibórico de Tarantino, nos da la clave de las ganas que hay de bombardear ante la evidencia de que en Catalunya hay almas de destrucción más IVA: “La democracia tiene el poder para evitar el referéndum”. El titular del periódico que dirige Bieito Rubido desde el cuartito del servicio de Moncloa inflama el ardor guerrero: El Gobierno constata que el secesionismo acelera hacia un punto sin retorno.

Hay entre la derecha española unas ganas locas de ir al programa de Bertín Osborne y de invadir militarmente Catalunya. Si puede ser, simultáneamente. Por eso la portada de La Razón nos ilustra sobre cómo acudir a la guerra con la camisa azul bien planchada y “sin cable”: lo de “sin cable”, por supuesto, es una metáfora sobre la desconexión.

En páginas interiores del mismo diario, el fiscal del Tribunal Supremo Álvaro Redondo Hermida escribe una bonita poesía sobre el Valle de los Caídos, por si con lo de la plancha no nos habíamos enterado: “El Valle de los Caídos, ese santuario cercano a Madrid pero que es de todos, un lugar en el que yacen muchos de aquellos que murieron con ocasión de nuestra guerra civil”. Así arranca el togado texto. Eso de morir “con ocasión de” no lo entiendo mucho. Será por eso que no soy fiscal. Pero atiendo más a la definición que este baluarte de la justicia hace sobre lo que es cultura: “El símbolo máximo de nuestra cultura, la Cruz, que en dicho lugar evoca y conjura las penalidades de la contienda, tanto como aquellas de quienes entregaron su esfuerzo para construir tan impresionante monumento, imagen del dolor y ocasión de esperanza”. Si es que la justicia española está que se sale poniendo las comas y los adjetivos más por sentencia que por sintaxis. Como siente jurisprudencia la forma de escribir del fiscal, a mí me echan del periódico.

Los manipuladores de la historia aseguran que el Valle de los Caídos lo construyeron demócratas españoles esclavizados por un dictador muy enemigo de las urnas. Ahora, gracias al Tribunal Supremo y a uno de sus fiscales, nos enteramos de que eran almas pías que “entregaron su esfuerzo para construir tan impresionante monumento”. Tiembla todavía más, Puigdemont.

Tal y como están las cosas, no sé yo si será más amenaza un fiscal que los cuatro magníficos de la portada de ABC. De todo lo que he contado, creo que lo que menos peligro tiene es la plancha de Marhuenda. A uno le da la impresión, leyendo estos papeles, de que sigue viviendo en los procelosos años 30 del siglo pasado. Hasta por la publicidad: Hanbel, mercadillo: renovación de género. No sé si os pasa.