Hernandos y criadas

Hay algo que se le está escapando a nuestros sesudos periódicos de papel: no es aritméticamente imposible que Pedro Sánchez pueda ganar una moción de censura solo con Podemos, con el no de Ciudadanos y sin negociar con los nacionalistas. Sí se puede. Con ERC, PDdeCAT, PNV, Bildu y los etcétera puede negociar Pablo Iglesias y colectar su voto sin ningún tipo de injerencia de Pedro El Renasío. Sin que se entere siquiera. Sin que el PSOE se comprometa a nada. Nadie puede exigirle a PS que se niegue a aceptar votos de los diputados nacionalistas. Los alcaldes vascos del PP aceptaron infinitas veces votos de Bildu en Euskadi. Huid a las hemerotecas. El vicesecretario general Javier Maroto, siendo alcalde de Vitoria, pactó con los abertzales las obras de la estación de buses, impuestos sobre viviendas vacías, un cambio de callejero, la subida del Impuesto de Actividades Económicas, la liquidación de alguna que otra una sociedad pública…

En este guión que humilde y fantasiosamente escribo, Pablo Iglesias, actuando como solitario interlocutor fre-lance con las Forces del Mal, dotaría al personaje de un aura maquiavélica y clandestina ya muy suya, muy escrita para el actor, para el hombre y para el político. Sería seguramente la tumba del héroe, lo que añadiría romántico esplendor al argumento de la endecha.

Pero nuestros columnistas, cronistas y opinadores no tienen una visión tan idílica de lo posible, y prefieren ponerle una etiqueta a Pablo y no escribirle un personaje. Tras los asombrosos testosterazos de bar que, en sede parlamentaria, arrojó el miércoles Rafael Hernando a la cara de Irene Montero, el papel de nuestra prensa destiló desde las más variopintas tintas el mismo calificativo para “el churri” de Irene: macho-alfa.

Inauguró la moda este jueves Martín Prieto en La Razón. Tapaos los ojitos, niñas, y engordad vuestro rosario de ultrajes: “Molesta que a la portavoz de Podemos se la aluda como pareja de Pablo Iglesias. Un argentinismo lo resuelve: «Amigovia». Perverso sería lo del matrimonio Ceaucescu, y también Elena desempeñaba cargos comunistas. Lo de Perón y Evita queda a distancias galácticas, aunque el inventor del fascismo criollo fue gran manipulador de mujeres como nuestro Macho Alfa: Tania, Bescansa, Montero…”.

En ABC, Jaime González titula ya directamente su columna del mismo día El síndrome del macho-alfa: “Lo ocurrido [en el Congreso entre Hernando y Montero] es como si un paparazzi pone el grito en el cielo porque le fotografían con su pareja tomando el sol en la terraza de su casa”.

Cristina López Schlichting arrumba por la misma senda en el diario de Planeta y justifica así la viril bromilla de Hernando en donde la soberanía del pueblo y tal: “El futuro de Irene Montero no depende de su talento […] sino de la voluntad y querencia de su novio hacia ella. Triste sino para una mujer”.

Volviendo a los torcuatos, Mayte Alcaraz opina en sus páginas que la pareja se lo merece, coño. Que lo de Hernando estuvo muy bien porque evitó un magnicidio con sus palabras. Dije bien: un magnicidio. “Alguien constata, como hizo ayer Rafael Hernando, lo que es una evidencia: que él [Pablo] y su portavoz parlamentaria [Irene] no solo comparten las ganas de asesinar políticamente al presidente Mariano Rajoy, sino su vida personal”.

El Mundo no le dedica ni un titularcillo perdido al ataque machista del portavoz del PP a su homóloga de Podemos. El País desprecia también la importancia de la noticia dedicándole trece líneas contadas de texto, escondidas en página par. No es asunto noticiable para un periódico serio. No tiene cabida en la campaña de sensibilización contra el machismo que el diario de Prisa dice alentar. Destaca el progresista diario que “más tarde [el señorito Hernando] se disculpó”, sin matizar que lo hizo jugando descaradamente al chascarrillo, vacilando a la poligonera y al pokero de Vallekas.

El País, El Mundo, ABC, La Razón… se comportan con Hernando al modo de las criadas de un viejo dicho cruel y verdadero: Cuando un pobre bebe, le llaman borracho; cuando bebe el poderoso, “qué gracioso está el señor”.