Opinion · El repartidor de periódicos

“Ada Colau es una inepta”

Ada Colau ha perdido su moción de confianza, y la prensa carpetovetónica ha desenterrado sus lanzas y viles garrotes contra ella. No es algo en absoluto criticable. La amabilidad, en periodismo, debe reservarse para los saraos de por la noche. Pero no deja de hacer cierta gracia comparar paisajes. Cuando Mariano Rajoy necesitaba apoyos para fraguar su exigua mayoría, era cuestión de estado y de responsabilidad que todos nos hincáramos de rodillas para permitir la gobernabilidad. Hasta inmolamos a un secretario general del PSOE para demostrarle al mundo que somos una democracia madura. Ahora, con Colau, lo de la responsabilidad, la estabilidad, la gobernabilidad y tal no puntúa. Al fin y al cabo, como dijo Félix de Azúa, académico de la lengua y columnista de El País, Colau solo es “una mujer que debería estar sirviendo en un puesto de pescado”.

La Razón se regodea en su editorial de hoy con las tribulaciones de la alcaldesa de Barcelona aportando datos objetivos. Un ejemplo: “Ha puesto sus intereses personales y de partido –por este orden– por delante de los de la ciudad. No hay caso más paradigmático de político que ha utilizado la institución que encabeza como plataforma de su propia proyección, algo que, además, nunca ha ocultado”.

Nuestra derecha española se dio cuenta enseguida de que su archienemigo no era Pablo Iglesias, sino dos mujeres: Ada Colau y Manuela Carmena. Todavía nos estamos riendo de aquella portada de Paco Marhuenda en la que salía la alcaldesa madrileña con una flor presuntamente arrebatada de los paraísos de la protección ecológica. Se decía en aquella exclusiva que Carmena había arrancado una flor prohibida, protegida, como si tuviera el deber de saber qué flores son prohibidas o no, sabiduría que no se le puede demandar ni a una jueza. Después la flor podría incluso haber sido de plástico, pero si algo tienen los cuñaos es que nunca leen las rectificaciones de los periódicos. Entre otras cosas, porque casi nunca nuestros periódicos rectifican.

ABC le dedica su portada a la alcaldesa pescadera (yo también quiero ser académico). Y el impagable Salvador Sostres nos relata cómo intentó evitar que Colau llegara a gobernar la ciudad carvalhesca. Para que luego digáis que los periodistas no somos imparciales: “En los días previos a su investidura [de Colau], yo personalmente hablé con Miquel Iceta (PSC), Carina Mejías [Ciudadanos] y Alberto Fernández Díaz (PP), y todos estaban dispuestos a apoyar a Xavier Trias (entonces CiU) para que repitiera como alcalde. Todos ellos, con Alberto como líder de la iniciativa, estuvieron dispuestos a tragarse el orgullo y a hacer el sacrificio que les pedí, para evitar que Barcelona cayera en las terribles garras del populismo. Quien falló fue Trias”.

Resulta hilarante imaginar a Salvador Sostres como ideólogo y líder de nada, pero que lo cuente ya entra en un plano más de psiquiatra que de risa. O sea, un periodista ruega con éxito a PP, PSOE y C´s que se alíen contra “las terribles garras del populismo”, y el periodista se cree que estos tres partidos se lo toman en serio. Y lo cuenta en su periódico. Como si tal cosa.

Después nos detalla el porqué de su fracasada revolución, con datos, también, altamente objetivos: “Ada Colau es una inepta. Es una cínica. Es una mala persona que cobraba del ayuntamiento de Trias para evitar los desahucios […]. ¿Se puede ser más miserable? […] Colau ha destruido Barcelona todo lo que ha podido”.

Tan razonada exposición de principios filosóficos, que se estudiarán más temprano que tarde en las clases de deontología periodística, rematan con la demanda –no sabemos si también puerta a puerta con Iceta y los demás–de “un candidato nuevo [que] se presentara el año que viene y no solo los venciera, sino que les arrasara para siempre”.

Todo vale, hasta el roncerismo más paleolítico, cuando se escribe y se habla en los platós de Colau y de Carmena. Son las dos grandes piezas a abatir, toda vez que Pablo Iglesias ya se está abatiendo él solo. Vivimos en una sociedad que no discute la política en las ágoras, sino en las salas de pediatría. Nos obligan a decidir si queremos más a mamá o a papá. Y Colau y Carmena, como todos los datos arriba explicitados objetivan, son unas ineptas. Nivelazo.