Opinion · El repartidor de periódicos

Ay, Blasillo, ¿qué me dices de esto?

Estábamos todos tan felices con nuestro 155, nuestra ley mordaza, nuestro Mariano y nuestros pensionistas vocingleros, y va y se muere Forges. Se han desojado los periódicos de los kioskos como margaritas terminadas en “no me quiere”. Lo escribía ya Francisco Umbral en 1994: “Forges era el optimismo nacional”. Y no porque se tratara de un periodista acrítico (yo siempre le llamaré periodista). Sino porque teñía su amargor de luminosidad infantil, y eso nos llenaba de luz el amargor a todos. Forges se ha muerto demasiado joven. Se hubiera muerto demasiado joven incluso a los doscientos o trescientos años. Era un niño con un lápiz. Un eterno niño voluntario que nos daba las noticias guarras perfumadas con su trazo de colonia infantil, para que nos olieran mejor. Se ha muerto Forges. Se ha muerto el optimismo nacional.

Anna Gabriel

Ya solo quedan graciosos en las páginas de nuestra prensa patria. Por ejemplo, este mismo viernes, en El Mundo, el columnista Santiago González nos quiso hacer reír a carcajadas con su columna La higiene moral. Este divertido texto está dedicado a Anna Gabriel, la dirigente de la CUP refugiada en Ginebra tras ser llamada a declarar por el juez Pablo Llarena. Mojó su pluma Santiago González en un tintero relleno de testosterona y nos regaló unas gracietas nada blasillas. Para el periodista, Anna Gabriel ha ido siempre por la vida “ahondando cuanto pudo en el feísmo”. Como si ser guapo o feo pusiera o quitara razones políticas. Nivelazo. Sobre todo viendo el rostro del periodista perfilado encima de su columna: extraña que no todas las adolescentes de España tengan un póster del bello González colgado en lo más íntimo de sus dormitorios.

Ha molestado mucho a nuestra cristo-derecha (perdón, Shangay) que Anna Gabriel se haya cambiado el peinado. Ay, qué risa. “Lo primero que destaca en la dirigente cupera es la mejora física […]. Debe ser que hay otros mundos, porque en el de uno no hay mujeres que no se duchen, y si las hay en otros no es por falta de tiempo, sino quizá de higiene. Anna Gabriel, que hizo famoso su gesto de rascarse la axila y olisquearse después las yemas resultantes, ha optado al parecer por una higiene convencional. Otra cosa es la higiene moral”. Estas sesudas reflexiones se podrían resumir en el típico “esa tía es una guarra” que se decía en los andamios. Vuela a gran altura nuestro debate político.

Una página más adelante, el magistrado excedente Plácido Fernández Viagas se toma su tiempo y su lisérgico para denigrar a Gabriel por la vía de la comparación: “Su delito tendría el mismo carácter político que el del teniente-coronel Tejero”. Se refiere al golpista del 23-F, por si hay algún despistado en los alrededores. Yo no lo veo tan claro. Gabriel no disparó ningún subfusil contra los techos del Parlament ni secuestró a diputados. Y, además, no pasará su cautiverio, caso de ser detenida, en un castillo-palacete con vistas al mar de Galicia, como pasó el suyo Tejero. En la cárcel de Estremera no hay vistas al mar ni avecilla que te cantaba al albor. Que se lo pregunten a Oriol Junqueras.

Censura

Creo que era Manuel Vázquez Montalbán quien decía que se escribía mejor contra Franco (se me está llenando el artículo de muertos queridos, y no lo digo por Franco). La censura aguza el ingenio, venía a reflejar el amanuense de Pepe Carvalho. Me ha sorprendido gratamente la ferocidad de algunos de nuestros más rancios periódicos con esta plaga de raperos encarcelados, libros secuestrados y artistas desterrados.

El País ya abría portada con el asunto este jueves: “Arco sufre por primera vez la censura política de una obra”, titulaba. Al día siguiente, volvía a reventar su primera página con el asunto: “PP y PSOE se ven desbordados por la polémica de la censura”. Juan Cruz lo apuntalaba así: “Hubo de todo en esta semana trágica de la libertad de expresión. Censura en Arco, por ejemplo, que llevó a la Comunidad de Madrid a alentar a que se descolgara una obra que ahora pasará a la historia más por esta torpeza oficial que por sus méritos artísticos. Y hubo, también, esta triste semana de España un anuncio terrible, inédito en años de democracia: una autoridad judicial gallega reclamó el secuestro de un libro, Fariña, del periodista Nacho Carretero, que tenía la edad de Cristo cuando lo publicó hace tres años”. Lo resume muy bien mi caro Antonio Lucas en El Mundo: “Desde la ley mordaza este terruño es el paraíso”. Eso sí. La Razón de Paco Marhuenda nos recuerda que “El Supremo avala la medalla policial a la Virgen del Amor”. Ay, Blasillo, ¿qué me dices de esto?