Opinion · El repartidor de periódicos

Fuentes o Cifuentes y tal

Lucía Méndez, brillante y honesta columnista de El Mundo, lo relata claramente en su billete de hoy La tristeza y el desastre: “Los independentistas, tan orgullosos de la Historia de Cataluña, obviaron echar un vistazo a la Historia de España o al currículum del juez Llarena. Y así están acabando, con sus huesos en la cárcel”.

Como todos ya sabéis, se refiere la periodista a la orden de encarcelación de los independentistas Jordi Turull, Josep Rull, Raül Romeva, Carme Forcadell y Dolors Bassa ordenada ayer por Pablo Llarena, togado muy de moda del Tribunal Supremo. Según esta periodista tan sesuda, tan amiga y principal, los citados “están acabando con sus huesos en la cárcel por no echar un vistazo al currículum del juez Llarena”. Pues manda cojones, Lucía. O sea que, en este país, para obtener justicia, hay que estudiarse antes las filias, las fobias, la talla de bragas o calzoncillos y los expedientes académicos de los jueces que te juzgan. Estupendo me parece.

La frase de Lucía, frase terrible, yo la calificaría como gazapo freudiano. Algunos periodistas son tan conscientes de la arbitrariedad de nuestro sistema judicial, que inconscientemente la denuncian por más que quieran callarla. Si uno le da la vuelta al razonamiento de Lucía Méndez, está acusando al juez Pablo Llarena de dictar resoluciones y sentencias al albur de su currículum. ¿Académico? No. Ideológico.

Cifuentes la estudiosa

Yo no sé que le inyecta Cristina Cifuentes a algunos de nuestros periódicos tradicionales que se olvidan de ese pequeño y necesario escollo denominado deontología. Tras desvelar este miércoles eldiario.es que la presidenta de la comunidad de Madrid había falsificado las calificaciones de un máster de la Universidad Juan Carlos I, titula El Mundo en su página 10 de este jueves que Cifuentes entrega un acta que muestra que aprobó el máster. Y besaba los pies de la rubia que se hace la rubia con esta objetiva explicación: “Con este perfil regenerador, Cifuentes  ha limpiado la corrupcción del PP de Madrid, pero la forma en que lo ha exhibido, en que se ha colocado al frente de la reivindicación para exigir más democracia en el partido siempre ha sido muy irritante en algunos sectores del PP. Por eso ayer [miércoles] la dejaron sola”. Pobre Cifu, la miss Propper del PP, todo el día estudiando, limpiando y regenerando para que vengan unos periodistas de mierda a mancillarle el currículum. Como si fuera un juez.

Últimamente, la presunta alumna ejemplar no gana para disgustos. No ha mucho el dicharachero Francisco Granados mancilló su honor en sede judicial, asegurando que Cifuentes sabía de la caja B del partido pues ella y el ex presidente convicto Ignacio González “mantenían un relación sentimental conocida por todos”.

Para sorpresa del quiosquero, los otros tres grandes periódicos de papel no han sido tan propensos al besamanos como El Mundo. ¿Por qué será? En La Razón de Paco Marhuenda le otorgaban portada chunga: Cifuentes y la Universidad se contradicen sobre las fechas de su máster. Y en la sección editorial Puntazos titulan que A Cifuentes se le debe exigir claridad pues “la acusación de fraude académico es grave”. Por su parte, la periodista Carmen Morodo desliza que fuentes cercanas a Cifuentes –con perdón– hablan de “enemigos internos” quizá responsables de la filtración al diario fundado por Ignacio Escolar.

El ABC también salía a la caza de la rubia con Salvador Sostres como cabeza de montería: “La duda razonable ya sirve para afirmar que el horizonte político de la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha cubierto de un nubarrón tan espeso como la propia sombra de sospecha que se extiende sobre el caso”. En anteriores circunstancias, sin duda Sostres estaría escribiendo ahora el trabajo fin de máster que se le ha extraviado a Cifu. Pero los tiempos han cambiado. No solo al Ibex-35, sino también a nuestros viejos rotativos les seduce cada vez más Ciudadanos como opción neoliberal por encima del PP. Ya no quedan mirlos blancos en el PP.

Primero se diluyó Alberto Núñez Feijóo. El presidente gallego pasó de ser el más ágil delfín de Mariano Rajoy a convertirse en un actor secundario de la serie Fariña, subido al yate de su amigo narco Marcial Dorado.

Ahora el otro gran cartel sucesorio, la enérgica Cifu que ordenaba a sus policías apalear a manifestantes y periodistas cuando delegada del Gobierno, ha perdido el áureo aura y ya no puede hacerse más la rubia.

En el mismo ABC, el columnista Luis Ventoso describe a la angelesa caída con delicada crueldad: “Su autoestima la basaba en que creía encarnar la regeneración contra la corrupción que embardurna al PP y una cierta modernidad, que personalmente nunca capté […].  Ya no será un logo ganador”. Le falta decir “vota Ciudadanos”.