Opinion · El repartidor de periódicos

Turismo de patera

 

Sale el ABC de hoy destilando xenofobia por todas sus muy católicas y piadosas páginas. En portada ya se advierte, si uno se fija un poco: Pedro Sánchez impone por decreto la “España bonita”, titula el rotativo sobre la imagen de una patera en el mar. En su billete, el director Bieito Rubido arremete contra la decisión del Gobierno socialista de recuperar la sanidad universal, gesto que califica como “solidario con los ajenos, al mismo tiempo que despiadado con los propios”, pues “le negamos a uno de Burgos asistencia en Santander […]. Lo pensará cuando cubra su declaración de la renta”. En resumen, que la declaración de la renta nos sale a devolver si la rellenamos sobre el cadáver de un migrante ahogado.

Ya no queda fino decir, como antaño, que los migrantes vienen a asesinar a nuestras madres y a violar a nuestras hermanas. No sé qué planes imaginaba aquella gente que tenían los bárbaros para nuestras abuelas, que también tocan la fibra. A este tipo de argumentaciones se las califica hoy, graciosamente, de cuñadismo. Amable desviación léxica. Pues si uno se para a pensarlo, repara en que el cuñadismo no es más que el viejo fascismo, el vetusto supremacismo, pero tomado a coña. Y no hay nada más peligroso para una sociedad que tomarse a coña el fascismo, el racismo, el cuñadismo y todas las beatíficas atrocidades que no ha mucho ya inspiraron nuestra guerra civil y la segunda guerra mundial, que no son sino dos episodios de una misma serie en el Netflix de la historia, como ya percibieran los brigadistas internacionales que vinieron a España a luchar contra el franquismo. La guerra española solo fue el capítulo piloto de lo que vino después. Lo escribió muy bellamente Hemingway en Por quién doblan las campanas.

Para ABC, salto ahora a su editorial, “la asistencia sanitaria a inmigrantes y el desmantelamiento de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla”, son “gestos” que “no solo tienen un efecto político efímero, sino también contraproducente. Antes o después el Gobierno tendrá que enfrentarse con la realidad de un país que tiene una grave crisis separatista”.

Se preguntará el ávido lector qué tiene que ver la tragedia de los migrantes con el procés, y es pregunta fácil de responder si uno es lo bastante maledicente. Para el pensamiento de ABC, son el mismo problema: catalanes separatisas y africanos pateros son los extranjeros, los extraños que vienen a destruir y alterar la verticalidad de nuestros crucifijos, y contra los que hay que batallar con concertinas y banderas. El infierno son los otros, advertía Sartre. Estos no sé si habrán leído a Sartre, pero se lo aplican al pie de la letra.

La Razón interpreta que acoger al Aquarius en nuestro país nos conduce “hacia un irresponsable efecto llamada”. Otra cuñadada o fascistada, como quiera calificarla el lector. Si me perdonáis la frivolidad, vamos a renconstruir la escena de ese efecto llamada. Imaginemos a una familia siria alimentándose de basura en las cercanías de su antigua casa bombardeada.

–¡Oh, mira, papá, lo que dice esta volandera hoja de periódico que he recogido entre las ruinas! Dicen que en España hay un imbécil al que podemos tangar.

–¡Oh, hijo! Tira la basura y construye una patera, que nos vamos a España.

–¿Y vamos a vivir como Bárcenas?

–Con el tonto buenista ese del Sánchez, hasta vas a tener un Jaguar en el garaje sin enterarte. Y mejor sanidad que uno de Burgos en Santander.

–Qué pena que mamá y la nena no puedan venir, por eso de la paridad, que allí se valora mucho.

–No haberse muerto con la bomba. Mira que se lo dije.

Frivolizo mucho, pero con dolor. Sabiendo que algunos de mis congéneres periodistas están intentando vender esa imagen a la opinión pública: que esto no es más que un turismo de patera, un vicio africano. El horror me quita hasta las ganas de sentir vergüenza ajena.

En El Mundo son más sutiles, pero no menos crueles. Meten a sus lectores el miedo europeo: “El drama del barco Aquarius ha vuelto a destapar la fuerte división de los Veintiocho. La CSU amenaza con romper su matrimonio con la canciller Merkel si Alemania no endurece ya su política migratoria”. O sea, que los pateros no solo vienen a matar a nuestras madres, violar a nuestras hermanas y hacer no sé qué con nuestras abuelas, sino que también van a destituir a nuestra querida frau Ángela, que tantas alegrías nos ha proporcionado con sus recortes neoliberales.

A cierta edad, uno empieza a sentir más miedo que pena ante estas argumentaciones. Jamás aluden al origen del problema. Sería, también, buenista. ¿Para qué argumentar, si puedes pelear? Que paren la patera de la historia de Europa, que yo me bajo.