Opinion · El repartidor de periódicos

Los huérfanos de Mariano

Para distraer el dolce far niente con algo de ejercicio físico, cual ministro de Cultura, he pasado la segunda mitad de la semana indagando en nuestros viejos periódicos de papel a  ver de quién es cada uno, como preguntaban las abuelas a los falsos forasteros que llegábamos a los pueblos en agosto:

–¿Y tú de quién vienes siendo?

–Yo soy el muchacho de la Engracita y nieto de Andrea La Gansona.

–Anda pachasco, si eres igualito que tu padre.

Mi afán simplificador y cartesiano anhelaba apaciguaros el finde aclarando que tal diario es sorayo, este otro es doloroso, el de acullá casadero y este de aquí margalliano. Pues nada, camaradas. La implosión del Partido Popular en este sindiós de la entropía democrática nos ha dejado a todos un poco descolocados y lunáticos, flotando en la ingravidez de la ausencia mariana. Lo explica muy bien esta mañana Fernando Vallespín en las páginas de El País: “¡El PP eligiendo líder sin la intervención de algún superior! Por primera vez en su historia aparece como un partido sin padre, huérfano, abandonado al criterio mayoritario de sus afiliados. Herencia sin testamento, sin dedazo, sin cuaderno azul, sin libro de instrucciones”.

En el mismo diario, pero este jueves, Josep Ramoneda se destacaba como el periodista más osado, pero no sugiriendo filias o apoyos, sino repartiendo mamporros. Dos mamporros, concretamente: “Es decepcionante que Cospedal y Soraya hayan saltado a la arena”, pues representan a ese “PP que se había convertido en un nubarrón asfixiante”. Y advierte de que puede haber sorpresas: “La militancia del PP es un misterio porque no hay hábito de consultarla!”.

Por eso el filtro de la segunda vuelta de las primarias, en las que no votarán afiliados, sino eso que tan vagamente conocemos como compromisarios. Y el intento de que los afiliados por la jeta, los que no cotizan, puedan acudir a las urnas previo pago de 20 pavitos. Los votantes que sí pagan, los que tienen militancia concienzuda y tributan cada mes por defender sus siglas y sus ideas, son un misterio demoscópico. ¿Son gente de firmes convicciones conservadoras, con capacidad autocrítica, o beatos de la inercia mariana? Habrá de todo, pero no se sabe qué ejército es más fuerte. Dejarlos votar solo a ellos es peligroso, pues son impredecibles.

En la misma línea que Ramoneda se expresa en ABC Isabel San Sebastián: “En las filas del PP empieza a circular una frase que acaso lleve a más de uno a replantearse la papeleta: ‘Quienes nos han traído hasta aquí no pueden seguir mandando”. Y osa comparar el proceso de selección con una disputa territorial entre clanes mafiosos. No sé cómo se le habrá ocurrido esa idea: “La pistola no está cargada con balas, sino con fotos, grabaciones o amenazas. El miedo desempeña un papel crucial”. Y deja flotando en el aire la sospecha de que la espantada de Alberto Núñez Feijóo pueda haber sido provocada por algún dossier que lo convierta en personaje de la próxima temporada de la serie Fariña.

En La Razón, David del Cura es el outsider encargado de escribir sobre el asunto, desvelando una sorprendente injerencia de Mariano Rajoy: “En los últimos días ha recibido muchas llamadas. Todos le contaban sus propósitos y para todos ha tenido buenas palabras. También hizo una llamada con esa pregunta… ¿por qué no das ese paso? En unos día el PP será el primer partido que tenga a su frente y como candidata a la presidencia del Gobierno a una mujer“.

Sorprende tanta prudencia mediática, con lo que nos gusta a los periodistas vociferar nuestras filias y nuestros fobias. Y, más, comparando este proceso, por ejemplo, con aquellas primarias del PSOE en las que la brunete tabloidea derramó hasta la última gota de tinta en favor de Susana Faralaes Díaz, pues de todos era sabido que Pedro Sánchez venía a romper España y a obligar a José Bono a impantarse una coleta. Qué miedo mete a la prensa, vivo o muerto, siempre el PP.