Opinion · El repartidor de periódicos

Muchos muertos

Resumiendo: que la bella y solidaria Europa tiene un enemigo, un Lex Luthor poderosísimo llamado Visegrado que nos impide ser humanitarios, guapos y edénicos. Si no fuera por los malvados de Visegrado, Europa sería ese valhalla de liberté, fraternité y équialité con que soñaban los bisabuelos fundadores. Los perversos visegradeanos están entre nosotros. Tienen nuestra misma apariencia pero ocultan poderes secretos bajo su modesto empaque. De hecho, acaban de reventar a Europa en la última cumbre de la UE. No se sabe a ciencia cierta qué armas utilizaron. Pero nos dejaron tan aturdidos y heridos que fuimos incapaces de tomar ni una sola medida decente para paliar la crisis de los refugiados. Pero no es culpa nuestra. Es culpa de Visegrado.

Todos los periódicos de papel han coincidido en señalar al enemigo común: Italia y Visegrado. Para quien ande despistado, Visegrado está formado por Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia. Entre todos, han conseguido que el único acuerdo alcanzado en materia de acogida es no llegar a ningún acuerdo: cada país europeo va a acoger a los migrantes que le dé la gana y como le dé la gana. Se le llama política común.

El Mundo habla de “pacto de mínimos” en su editorial, coincidiendo exactamente con la portada de El País y con el ABC (“abstracto y de mínimos”). Para La Razón, sin embargo, la cumbre se quedó en “un dudoso mercadeo” del que el gobierno socialista sale escaldado: “La única perspectiva cierta es que Pedro Sánchez tendrá que ampliar los CIES”.

Ninguno de los grandes medios papeleros del país habla de la cobardía europea ante los radicales xenófobos. Europa se ha visto empequeñecida, ninguneada por unos señores que se llaman Visegrado tras pacto sellado en la Edad Media, y por la Italia neomussoliniana capaz de convertir el Mediterráneo en un campo de exterminio. Como europeos, ya nunca podremos mirar ese mar con la misma vieja inocencia. El azul de los cuadros de Sorolla se ha manchado con cadáveres flotantes.

Grandes potencias como Alemania y Francia, incluso la veleidosa España, se dicen secuestradas por los vetos de visegradianos e italianos y por sus gobiernos más o menos ultras, pero ultras. Tanto, que ni siquiera podemos sancionar su negación de la carta de derechos humanos. No solo no los sancionamos, sino que aceptamos sus condiciones con la excusa arcangélica de no romper Europa. O sea, si no puedes vencerlos, únete a ellos. Lo ocurrido esta semana viene a refrendar que hemos dejado el timón del continente en manos de los supremacistas con la única excusa de que no se vayan de la unión los supremacistas. Pobre Europa.

Lo muertos

En España también tenemos nuestro Visegrado, nuestro enemigo poderosísimo y medio inventado. Es un enemigo también muy difícil de combatir, pues muta constantemente de apariencia, estado y condición: cuando pacta con el PSOE, es una hidra de siete cabezas; si lo hace con el PP, es un socio con sentido de Estado.

Mal se ha tomado Bieito Rubido, director del ABC, que PS esté pensando en desarrollar la política de acercamiento de presos etarras que ya había pactado Mariano Rajoy con el PNV. Pero lleva aun peor, en su afán necrofágico, que se traslade a Franco del Valle de los Caídos o que se abran las cunetas de los represaliados republicanos. “Sánchez quiere darle vida a su gobierno interino a base de los muertos. Esa obsesión por el pasado solo sirve para poner en peligro la concordia democrática. Más futuro y menos muertos”, clama el periodista. “Nuestras espaldas están cansadas de llevarlos a cuestas, por eso si Sánchez fuese sabio, que no lo es, recordaría el versículo de Mateo: deja que los muertos entierren a sus muertos”. Demasiados muertos. De ayer, de hoy y, lo que es peor, muchos muertos de mañana. No sé para qué los estados celebran estas cumbres, pues solo las utilizan para bajarlas.