Rosas y espinas

Censura lésbica

jodieAsombrado quedéme, este lunes a la hora del primer caviar, cuando el informativo de TVE me ofreció amplia cobertura de la entrega de un Globo de Oro a Jodie Foster, sin citar que la actriz y directora había dedicado su discurso a vindicar su lesbianismo. El parte se limitó a decir que había dedicado el premio a su familia, sin especificar, por supuesto, que su familia son dos hijos adoptados junto a su ex pareja fémina.

En mi estolidez malpensante, en principio pensé que los redactores del telediario habían sufrido un arrebato autocensor de inspiración roucovareliana. Mas no. Eso no puede ocurrir en un país del primer mundo, con billete solo de ida hacia el tercero, y de constitución aconfesional. Lo que le ocurrió a los redactores de TVE es que esa mañana se habían leído La Gaceta.

philippeLa Gaceta, para quien ande desinformado de las excelencias culturales del país, es un joven y arrogante periódico nacido en el apacible y susurrante seno informativo de Intereconomía. Aquella mañana de autos en la que Jodie Foster apareció en TVE como una niña muy familiar y escasísimamente lesbiana, La Gaceta publicaba a mucha plana una entrevista con Philippe Ariño, un chico católico vestido de lila que, desde que no folla, se dedica al pentámetro yámbico libre. O sea, al verso: "Nadie imagina lo feliz que soy desde que no practico la homosexualidad", decía en vocingleros titulares.

Este marqués de Bradomín inverso --guapo, católico y poco sentimental-- antes era profesor de español en Francia, pero ahora está de excedencia cristoporque se dedica a dar charlas remuneradas para difundir su credo en colegios católicos y orgías de incienso y mirra: "Todo está muy claro: no estoy convencido de que la pareja homosexual sea lo mejor que le puede ocurrir a uno que se siente homosexual de forma duradera. A día de hoy, no me he topado con uniones homosexuales que de verdad sean sólidas, resplandecientes y satisfactorias a largo plazo. Por eso he elegido vivir la continencia, es decir, entregar mi homosexualidad a Jesucristo y a su Iglesia".

Cuando Jodie Foster reconoció su más que resabida homosexualidad en los Globos de Oro, balbuceaba. Philippe Ariño, muy al contrario, gritaba desde el interior de su traje lila su católica renuncia al gusto por los varones. TVE elidió los balbuceos lésbicos de Jodie poniendo una voz en off que ensalzaba a la familia, como si la familia de la actriz fuera tradicional, católica, obámica, pepera y atendida sanitariamente por un Güemes dimitido. La Gaceta, sin embargo, dio rienda suelta al misticismo apóstata gay de Philippe Ariño. Pues yo me quedo con La Gaceta.

La manipulación es mejor informadora que el silencio. Porque el silencio no nos deja ni margen para descreer. Y estamos hablando de una televisión pública, que a mí me cuesta una pasta, no sé al lector. Que La Gaceta, con las contradicciones, o no, de su casto homosexual purpurado, me diga más verdad que el silencio de mi tele, me duele un poco por el antifonario (lo siento, pero la expresión es propia del campo semántico de este artículo).

Algunos de mis despreciables lectores (que son todos) dirán que el hecho de que Jodie Foster haya aireado su homosexualidad no es noticia. Que la noticia es el Globo de Oro. Pues no.

La noticia, creo en mi cortedad, es que una actriz del siglo XXI, nacida en la cuna de las libertades, tenga que esperar 50 años y un acto público para seguir avergonzándose de ser lesbiana. Pmariconara balbucear "soy lesbiana" mientras recoge uno de los reconocimientos más importantes del chiringuito de su arte.

Somos australopitecos, en esto del sexo que sobrepasa la postura del misionero. Si yo, en este artículo, le llamo a alguien maricón, o lesbiana, o bisexual, o chupapollas, o bollera, me pueden demandar por muchas cosas. La libertad la tendremos cuando los verdaderos insultos, los insultos irreversibles, sean manipulador, censor o silencioso. Sobre todo silencioso, que ni te deja baza al conocimiento o a la réplica. Como esa TVE que pago, me calla cosas y no es mía.

El día en que las palabras maricón, lesbiana, chupapollas, bollera, julandrón, tortilla, gay, comecoños o puta no se consideren insultos, sino opciones orgullosas de vida, serán por fin sinónimos de la hoy casi impronunciable palabra libertad.

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