España y el populista Chávez

05 mar 2013
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Se nos remurió tal que ayer un tal Chávez, Hugo Chávez, caudillo tan extraño y polimorfo que en la izquierda nunca supimos si reírle o llorarlo, maldecirlo o amarle, acompañarle o reprobarlo. Se nos muere Hugo Chávez con su boina encarnada de inspirar a poetas, sonrisa bolivariana y mordedora, voz ronca y terca de verdad pendenciera y populista. Los políticos de aquí, cuando emergía peligroso a finales de los 90, quisieron despachar a Hugo Chávez con ese solo apelativo, populista, creyendo que a un hombre así se le despluma la pavonería de un solo tajo adjetival, de un solo verso. Populista sí lo era, como lo fueron quienes lo tildaron a él, al hoy remuriente Chávez, de populista. Porque no existe el político no populista en este mundo, que yo sepa. El político debería ser un vendedor puerta a puerta de ideas hondas, pero el hombre aun confunde la intangibilidad de la idea con la intangibilidad del humo, y el político sabe que se venden peor las ideas que el humo. La culpa es de nosotros, los votantes. Y del humo. En Venezuela se murieron menos niños con Chávez.  Y aquí, sin por ejemplo Chávez, se nos mueren cada vez más.

En 2002, solo tres años después de su subida al poder, cuando se vio que con solo llamarle  muchas veces populista no se le derrocaba, las oligarquías y los furrieles venezolanos se vieron obligados a dar un golpecito de Estado contra Chávez. Gobernaba aquí en España un señorcito muy rimbombante llamado José María Aznar, que se sabía ridículo, y que era tan prepotente que pretendió hacer de su ridículo la seña de identidad de España. Así que fue nuestro país, junto a Colombia, el único que se apresuró a otorgar legitimidad al gobierno golpista. El golpe fracasó, y la metida de Aznar nos regaló a los mortales el placer de ver a estos dos caudillistas dando lo mejor de su histrionismo. Espectáculo inigualable. Chávez acusó a Aznar de estar detrás del golpe.

aznar-Lamentablemente, [Aznar] se subordinó a Washington y creo que le costó la pulverización. Polvo cósmico se volvió el señor Aznar. Debe andar por la nebulosa de Andrómeda -dijo el barinés de boina roja.

-Si yo hubiera estado detrás del golpe, igual hubiese ganado -contestó nuestro ex presidente con su providencial prudencia.

-¿Quieres imponer otra vez la colonia? -le replicó la boina roja al bigote  oscuro-.  Te voy a mandar un libro de historia para que veas cómo aquí pelearon Bolívar y los que le siguieron para echar al colonialismo español.

Estupefaciente fue aquella charla diferida a través de los medios de comunicación, y que tuvo su colofón glorioso con nuestro monárquico “por qué no te callas”. Imposible de olvidar.

Chávez fue el gran animador de la política internacional en los últimos 20 años, y ahora nos deja  huérfanos y asquerositos tras bajar su telón. Como te dejan los grandes actores muertos (ay, Pepe Sancho). Más que populista, Chávez ha sido siempre un político espectáculo, un funambulista de la dialéctica, un león con vocación de domador de leones. Si Evo Morales es el actor de método y Fidel Castro el monologuista shakespereano de la izquierda americana, Hugo Chávez fue el histrión, el John Falstaff en valiente que hasta muere con exceso.

Echaremos de menos aquel Aló, Presidente, programa en el que el comandante regañaba por la tele a sus ministros, a sus gobernadores, a sus alcaldes y a sus comandantes de guarnición por “permitir que la revolución consienta que aun haya tierras ociosas”, tierras que no se le hayan entregado a los campesinos. Qué televisión. Qué programa. ¡Y dominical! No imagino a Mariano Rajoy sentándose cada domingo ante la cámara para hablar con el pueblo, y ofrecerle tierras. Y es que ya no me imagino a Rajoy de ninguna manera, porque ya ni me acuerdo de él, de tanto tiempo sin verle, quizás agachado bajo la mesa de su despacho, hastiado de mentir y de bailar alrededor de los curas y banqueros. Rajoy, cuando ha salido por la televisión, ha sido para esconderse de las preguntas de los periodistas detrás de una pantalla de plasma avergonzado. ¡Qué poco populista y qué cobarde! Yo me quedo con el ex moribundo Chávez, pues los zombis políticos como Rajoy me parece que están más muertos que este nuevo fallecido, y el polvo cósmico de Aznar me da alergia y urticaria.

repuNo me veo yo quién para juzgar si Chávez fue un buen o un mal presidente para Venezuela, ni sé si crecerá buena hierba en su tumba. Pero sí sé que echaré mucho de menos a este agitador revolucionario de entre siglos. En estos tiempos, prefiero una revolución equivocada a esta inercia pasivona que nos mata sin pelea. Cualquier revolución, aló comandante. Que no descanse en paz tu boina roja.


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