La ‘ñeta’ Carmena

09 mar 2016
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56dec8f99e3cdTras una reyerta con chico muerto en los umbrales de la Puerta del Sol y una algarabía en el distrito de Tetuán con policías heridos, se ha vuelto a poner de moda en Madrid el terror a las bandas latinas. En respuesta, nuestra alcaldesa Manuela Carmena ha anunciado que creará un equipo de diálogo con los líderes de Los Trinitarios, los Latin King, los Dominicans don´t play, los Forty Two, los Ñetas y los etcétera que se me hayan olvidado. No me cabe duda de que nuestra derecha más beatera y cristiana va a poner a parir a Carmena por adanista dialogante al grito de ¡Manuela, mátalos!, en plan el Bernabéu azuzando a Pepe. O como nuestro piadoso ministro de Interior cuando mandó gasear de muerte a migrantes en aguas del Tarajal mientras le concedía la medalla al mérito policial a la Virgen María del Amor.

Decía Jorge Luis Borges que “hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”. Sospecho que nuestra alcaldesa adopta esta actitud más dialogante que policial porque no desea a estas bandas como enemigos, ni quiere arriesgar el parecerse a ellos. Yo los conocí un poco elaborando algunos reportajes. No voy a decir que me parecieron unos auténticos animales, porque el Partido Animalista se me enfadaría con razón. Me parecieron, más bien, unos auténticos seres humanos. Despiadados, ignorantes, arbitrarios, insolidarios y con la misma indiferencia hacia la sangre ajena vertida que, por ejemplo, José María Aznar apoyando la guerra ilegal de Irak, el susceptible Señor X de los GAL ordenando secuestros, torturas y enterramientos en cal viva, el citado Jorge Fernández Díaz afilando cuchillas sobre las vallas de Melilla y Ceuta, o el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, amenazando a los refugiados para que se disuadan de intentar salvarse en Europa.

En una ciudad de más de tres millones de censados, 300 individuos (200 ya están fichados) no deberían de constituir un problema. Salvo que los elijamos como enemigos borgianos, que es lo que nos ha sucedido con estas bandas.

Los Latin históricos nacen en el tumultuoso Chicago de los años 40 para organizar social y culturalmente a la comunidad portorriqueña de la ciudad de los gánsteres. El fenómeno se fue reproduciendo en otras ciudades y desde otras procedencias y acabó, también, en Europa. Su evolución fue homogénea: o se convertían en bandas de delincuentes o florecían en colectivos de integración social. Aunque el fenómeno se ha estudiado poco, no es difícil inferir por qué en algunos lugares acabaron con navajas en el bolsillo y en otros con huchitas para el domund. Malicio que tendrá que ver con el apoyo educativo que les dieron o negaron las sociedades de acogida. En este caso, nosotros.

La alcaldesa nos cuenta que ya implicó a jefes de estas bandas ilegales (insisto: ilegales) en la organización de los carnavales del barrio de Tetuán. Y con éxito. Ninguno fue detenido por hacer apología titiritera de Alka-ETA ni nada por el estilo.

Cuando yo fui a entrevistar a unos dominicans don´t player, tampoco me sucedió nada, salvo tener que escuchar algunas atrocidades. Miguel Ángel, quince años, me relató cómo fue su bautismo antes de entrar en la banda: primero tuvo que permitir a los veteranos que le propinaran una paliza salvaje. Cuando después de una larga convalecencia volvió a la calle, simplemente le dieron un bate de béisbol y le señalaron a un anciano que paseaba solo por un parque. El chaval apaleó con entusiasmo al pobre hombre. Su cara de angelillo al relatarlo era como la de cualquier niño que acaba de aprobar las matemáticas y se lo cuenta a un mayor. Esas eran sus matemáticas, y las había pasado con nota.

Digo lo de las matemáticas porque este DDP nunca había pisado un colegio, y había nacido ya en Madrid, concretamente en Usera. No quiero ponerme tan roussoniano como Manuela Carmena, pues lo mismo me denuncia Manos Limpias por apología de lo que sea, pero me dio la impresión de que algo está fallando cuando un chaval de 15 años lleva diez vagando por las calles del centro de la Villa y Corte en ese estado de adanismo (eso sí que es adanismo, no lo de Carmena). Lo mismo me sucede cuando reportajeo la Cañada Real y se me acercan gitanillos menores de diez años a la ventanilla del coche ofreciéndome coca o jaco con el bullicio de quien está jugando.

Antes de despedirse y entre risas, mis don´t play de aquel reportaje me pidieron que les diera las gracias por no robarme la cámara. Por supuesto que se las di. También me advirtieron de que tuviera cuidado con lo que iba a escribir sobre ellos. Contesté que en eso no les pensaba hacer ningún caso. Que sabía que nunca lo iban a leer. Se volvieron a reír. Supongo que alguno de aquellos cinco ya llevará muerto algún tiempo. No voy a rematar con ninguna conclusión o tesis este relato, porque no las tengo. Salvo algún final muy triste que creo que alguien que no puedo ser yo debería de evitar que se escribiera.


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