El machismo de Felipe VI

Nunca me lo hubiera esperao de este rey tan preparao. Pero los luctuosos hechos de las últimas calendas nos vienen a desvelar que tenemos un rey machista.

Vayamos por partes.

Sé que toda España está conmigo a la hora de celebrar la absolución de nuestra compañera Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia, como se demostró este fin de semana con la multitudinaria manifestación en Barcelona bajo el lema Volem acollir.

Una multitud enfervorizada tomó las calles no solo para festejar la sentencia del caso Nóos, sino también para exigir a la Corona española que repatríe a Zarzuela a esta ciudadana, liberándola de las condiciones ínfimas de supervivencia que hoy sufre, junto a sus delicados hijos, en el campo de refugiados de Ginebra, rodeada de policía y malviviendo apenas gracias a la caridad de sus súbditos españoles.

Ratas, sabandijas, chupópteros, lacayos, ministrables y otras especies insalubres amenazan cada día la supervivencia de nuestra compañera en ese Guantánamo suizo que hoy avergüenza a Europa. Observadores internacionales sospechan que la Rue des Granges no goza ni siquiera de agua corriente, a juzgar por los litros de agua mineral y champán que cada día se descargan a las puertas de este inclasificable recinto de refinamiento. Perdón, de confinamiento.

Diversas organizaciones no gubernamentales de todo el mundo aseguran incluso que a la camarada Cristina ni siquiera le llega la luz del sol, pues alrededor de este campo de refugiados se acumulan pestilentes escombreras de cuentas opacas.

Allí el tiempo detenido te helaría el corazón si no fuera por el silvestre y constante piar de los relojes de cuco, que son tantos que no existe ballestero de romance que los abata a todos.

Felipe VI, mientras, se solaza en Zarzuela fantaseando sobre a qué concierto pop se escapará de noche Letizia. Por eso le llaman El Preparao.

El caso es que nuestra compañera Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia ha sido absuelta y nadie ha dado orden en la Casa Real para que deje de estar apartada de la famiglia y le restituyan el título de duquesa empalmada. No se la puede mantener en el ostracismo por el hecho de que su marido sea un poquito culpable de travesuras como prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencias y delitos fiscales. La compañera Cristina ha sido declarada inocente y ha de ser elevada al estado y condición que gozaba antes de comenzar el juicio. Si no es así, al margen de las penas del telediario, los españoles tendríamos que asumir como justas las penas del epitalamio. Y eso es machismo.

No sé qué hacen las Femen que no están rodeando ya el Palacio de la Zarzuela. El trato vejatorio que se está ejerciendo sobre Cristina por delitos cometidos por su esposo es flagrante discriminación por razón de sexo. Y por ahí sí que no pasa ningún español, como todo el mundo sabe. El machismo es una lacra, por tanto el feminismo no puede quedarse solo en laca.

Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia es la Mariana Pineda del hoy y del ahora, y la están garrotevilando por bordar en una bandera libertadora la leyenda “Yo no sé nada, no me acuerdo, esos asuntos los llevaba mi esposo” (las banderas de hoy se llevan más largas que las del siglo XIX).

Lo del ostracismo borbónico a Cristina, declarada inocente, es un feminicidio. Te lo rugió la multitud en Barcelona este fin de semana, Felipe VI: Volem acollir. (Letizia, por cierto, seguro que está en lo de Sabina: para que lo sepas).