Eduardo Inda

 

Lleva semanas este panfleto desvelando una presunta trama periodístico/policial en la que estaría implicado nuestro insigne colega Eduardo Inda. El nombre del aseado y popular polemista catódico es frecuente en las investigaciones de casos como el del pequeño Nicolás, en el affaire Corinna, o en el de la filtración grabada de la pía conversación golpista entre el ex ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, y el ex jefe Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso. En esa charla, por si no os acordáis, ambos se esmeraban en manipular periódicos para difundir informaciones injuriosas y denigrantes contra políticos rivales. El dimitido jefe de investigación de OK Diario, Francisco Mercado, ha aportado testimonios en el Juzgado de Instrucción número dos de Madrid, en los que acusa a Inda de manipular titulares para acabar con la carrera del comisario de Asuntos Internos que lo investigaba. No sé cómo me he atrevido a resumir esta historia sin ponerme el sombrero y la gabardina.

Inda anda también enredado en otro proceso por haber publicado un falso extracto bancario de un paraíso fiscal –un burdo cortaypega–con el que acusó a Pablo Iglesias de cobrar 270.000 dólares del Gobierno de Venezuela. Además, el juzgado de instrucción número 7 de Madrid le pidió una fianza compartida de un millón de euros por haber hundido a una empresa con informaciones presuntamente falsas durante una campaña facineroso/mediática contra el PSOE.  Para seguir escribiendo, además del sombrero y la gabardina, voy a buscar a una pelirroja de piernas interminables para sentarla en mis rodillas mientras tecleo en mi underwood, alumbrado por el neón del motel de no muy esmerada reputación del segundo piso. En el despacho me han cortado la luz.

Ya he vuelto.

Simultáneamente, la Asociación de Prensa de Madrid nos da una pista de por qué ciertos periodistas tienen que hacer mafia con los policías: para protegerse de la mafia de… –lo habéis adivinado, ¿me equivoco?–… de Podemos. Periodistas anónimos de anónimos medios han denunciado a anónimos podemitas de amenazas e intimidaciones mafiosas: a uno hasta le han llamado ‘tonto’ en twitter. Las pruebas de la APM parecen tan anónimamente concluyentes que saco la Smith&Wesson de la caturchera y se la paso a la pelirroja, por si la noche se pone bulliciosa. La pelirroja arroja el arma sobre la underwood, me dice que hoy está de huelga y se larga exhalando una densa bocanada de marlboro perfumada de olvido. No nació el relato negro para los 8 de marzo (que me perdone La Fallarás).

Levanto el teléfono –no me lo cortarán hasta mañana– y marco el número de un viejo policía alcoholizado que me conserva cierta amistad basada en el idéntico bouquet de nuestros respectivos alientos.

–¿Sabes algo del tal Eduardo Inda?

–Claro –responde–, lo puedes encontrar a cualquier día y a cualquier hora en la Sexta.

–¿En la Sexta con Brodway y la 34? Conozco un par de garitos…

–No, imbécil. En La Sexta a secas.

Nunca antes, en mi larga carrera como detective, me había enfrentado a un caso de corrupción periodística. Me había acercado al asunto, como mucho, denunciando en las academias sus corrupciones ortográficas, deontológicas y sintácticas. El caso te viene grande, Mac, me dijo la voz del sentido común, esa que se calla en tu interior en cuanto te metes un trago.

Me metí un trago y después otro, y me vino a la memoria una frase del viejo ganzúa Héctor Tizón que escuché en algún tugurio:

–Un trago es poco, dos está bien, tres vuelve a ser poco.

Así que volví a llenar el vaso.