Yo me voy de España, yo me voy de Europa

 

Ya me ha dicho mi psiquiatra que es porque estoy gilipollas. Pero yo me siento totalmente de acuerdo con Artur Mas. Me quiero ir de España y no me importa que me echen de Europa. Y, cuando me condenan en juicio sumarísimo, me sale una sonrisa calcárea, pues, en lugar de reo, yo me siento juez cada vez que me condenan por vindicar la libertad de expresión. O cualquier otra libertad, que hay muchas y muy desconocidas.

Considero, desde mi simpática estulticia, que se le ha dado escasa importancia al papel de Europa en el proceso secesionista catalán. Y no hablo del procés, tan político, tan hastiado de siglas y de tantos por ciento. Hablo del sentimiento secesionista de un pueblo sin corbata, catalán, castellano, andaluz, vasco, asturiano, maño, manchego o de otros acullás. Del asco que dan esta España y esta Europa. No quiero más mirar los muros de esta Europa, de esta España mía, que cantaban Cecilia y Quevedo. Mi patria, tal y como van las cosas, es un terruño ignoto llamado secesión y que no tiene bandera ni enemigos.

Me he puesto tan grandilocuente, aun a costa de mis principios estéticos, porque me hacen mucha gracia los españolistas que quieren que los catalanes se queden en un país donde:

–Uno de cada tres niños –vuestros hijos, almas de cántaro– están en riesgo de pobreza o exclusión social.

–El 20% de la población activa no tiene trabajo.

–40.000 personas viven en la calle (según Cáritas, esa máquina tragaperras de la que maman buenasvoluntades los curas pederastas; según el Banco de España, superan de largo las 300.000).

–El presidente de la nación es también presidente de una organización mafiosa con cerca de mil imputados por corrupción.

–Nunca ganamos eurovisión.

También me despiertan breve carcajada los europeístas que no se quieren fugar de la Europa que:

–Vende armas en Siria mientras deplora la guerra Siria.

–Compra un país (Turquía) para que sirva de gueto a los refugiados.

–Admite el nazismo como animal de compañía (incluso en Alemania, donde, a mediados de este enero, el Tribunal Constitucional rechazó ilegalizar a los neonazis de NPD porque “no hay indicios de que puedan llevar adelante sus propósitos inconstitucionales”.

–Esta Europa que nunca ha hecho nada por la igualdad.

–Por la fraternidad.

–Por la libertad.

Yo he dicho siempre, como Serrat, que prefiero los caminos a las fronteras y un buen polvo a un rapapolvo. Ni el jardín que me vende España, ni el que me vende Europa, me parece el de las delicias volterianas. Y por tanto soy secesionista, como los catalanes. Cierto que no sé hacia dónde irme, pero quiero irme. Quiero mi frontera que me aparte del hedor de esta España y esta Europa.

Mis queridos trolls, con sus lindos espumarajos en la boca, me recomendarán que me expatríe a Cuba o Venezuela. Pero es que uno que no tiene ni quiere patria no puede expatriarse. Europa fue un sueño tan hermoso que nos dormimos en él y dejamos que lo conquistaran los despiertos, los que nunca duermen, los que nunca follan, los que nunca sueñan. Ahora no nos extrañemos de que Europa, la íntima, se quiera escapar con Zeus.

Yo, el otro jueves, hice un referéndum secesionista en casa y salió que sí, que me iba, y ningún juez ordenó ponerme las esposas. Debe ser que soy insignificante. Si se hiciera un referéndum en Cataluña, yo no les preguntaría a los catalanes si se quieren ir o no. Les preguntaría por qué se quieren ir. Por qué nos queremos ir. Sería más verdadero. Más útil. Más bello. Más fácil.