Aznar ficha por Ciudadanos

Si yo fuera Albert Rivera –la Diosa Ética de la Wicca no lo permita nunca– estaría acojonado. José María Aznar le acaba de invitar a clausurar un máster sobre liderazgo del Instituto Atlántico –la neoFAES–, que se celebrará este junio en Madrid. Ya extraña que Aznar haya invitado a otros ponentes a departir sobre caudillismos, prepósitos, paladines y coroneles civiles, pues, como sabe incluso Ana Botella, desde el nacimiento epifánico de Aznar en un lejano invierno madrileño, solo hay un líder en el mundo que sea uno, trino y trine. Lo cual me hace sospechar que Aznar ha llamado a Rivera para comérselo saturnalmente en lo alto del atril de los ponentes de su máster, y anunciar así quién es el nuevo jefe de Ciudadanos y del neoliberalismo español. Porque Aznar es un líder en busca de algo que liderar, mientras Rivera se ha ido trasmudando en un increíble líder menguante, en un insignificante personaje en busca de autor. Y qué mejor autor que Aznar, pues su señora escribe cuentos.

Rivera es plato apetecible porque la displicencia a fuego lento de Rajoy lo ha ido estofando cada vez más blandito y tierno. Le durará dos bocados. Oído cocina. La dentamia crudelísima de Aznar es casi tan poderosa como las diminutas ferocidades del hijo de Miguel Hernández. La sonrisa poco mordedora de Albert Rivera es vitaldent para hoy y sacamuelas para mañana. No hay perrillo que gane a bocados a un experto en mordidas.

La invitación, además, tiene su arista de ironía y paradoja, pues el llamado a liderar la regeneración ética de la derecha no va a encontrar demasiada justificación para machihembrarse con el suegro escurialense que vistió de frac a Correa, al Bigotes y a tantos otros padrinos de boda que hoy retoñan en los patios de las cárceles de España. Cuando escribo esto, no sé si Rivera habrá aceptado clausurar el máster. Pero es casi seguro: el catalán es un doble de Kim Basinger en Ella siempre dice sí. No están hechas las veletas para soportar tornados.

Mucho arriesgó Rivera este febrero acunando la doctrina liberal, cuando Aznar y Esperanza Aguirre ya andaban sin correa o desatados –que es lo mismo pero no es igual, parafraseando a Silvio.

Los factotum de los fondos buitre norteamericanos en España no pueden dejar de mirar con ojos golositos a los más de 30.000 afiliados, los 32 diputados y los tres millones de votos que guarda en la cabaña de los tres cerditos el joven agiotista ideológico. Con esta invitación estelar al máster, Aznar ya mete su patita por debajo de la puerta Rivera.

No digo yo que Aznar aspire a ser cabeza de cartel de los naranjas, pero con su autoconvencimiento de gran tribuno y encerado estadista puede erigir un pequeño Olimpo a su medida –pleonasmo– para vociferar sus dogmas imperio-liberales. Y de paso, resucitarse como forúnculo antifonario de Rajoy. Que ya se le echa de menos.

El aludido pequeño Olimpo de Aznar ya tiene sus cimientos en esa neoFAES hoy llamada Instituto Atlántico, en la que Rivera se va a meter en junio, despreocupado, y sin Ariadna que le suelte carrete para regresar de la cueva del Minotauro. Poor Yorick. O, mejor, poor butterfly.