Opinion · Rosas y espinas

La Fiscalía contra ‘Cuerpo de élite’

Como la mayoría de todos los multitudinarios e infinitos españoles de bien, excluyendo a los moros, los gitanos, los panchitos, los asiáticos y los negros turbiamente nacionalizados, me siento horrendamente ofendido después de haber visto el último capítulo de la serie de Atresmedia Cuerpo de élite. La justicia española debería tomar cartas en el asunto, pues mi ofensión es tan grave, o más, que la que sintió La Hermandad del Santo Rosario y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor de la Pasión Despojado de sus Vestiduras, María Santísima de la Amargura, Madre de la Iglesia y San Juan Evangelista cuando un jornalero salió en Istagram disfrazado de Cristo de la Amargura y una sabia jueza lo condenó a multa con antecedentes penales. Como gallego, como artista y como meapilas yo me siento más ofendido por esa serie que la hermandad de nazarenos antes citada, cuyo nombre no repito por no hacer este artículo ligeramente interminable.

Creo que la fiscalía debería de actuar de oficio contra los excelentes actores, sus desternillantes guionistas y demás argonautas del entretenimiento que han parido este pecado global contra la moralidad de nuestros honestos ciudadanos (C`s, en abreviatura demoscópica).

En el tal así llamado capítulo se ha incluido una escena en la que un sacerdote se muestra inclinado hacia las pieles nenúfares de los niños, lo que ya sería objeto de actuación del ministerio, pues de todos es sabido que jamás un cura se ha follado ni se ha intentado follar a un niño. Me siento ofendido como falso católico, como discutible hombre y como cura en la intimidad por esa denigrante escena.

Está bien que se haga reír a la gente, pero los límites de la libertad de expresión terminan donde empieza el capricho católico de uno. En este país aconfesional. Y yo esta noche, coño, tengo el capricho de pedir a Fiscalía que actúe contra Atresmedia. Y puedo presentar un parte médico, pues los sicólogos de la conferencia episcopal me han diagnosticado estrés posgilipollas tras visionar la tan terrible escena. No se me ocurre prueba más contundente para convencer a la justicia española de que me siento ofendido. Si hasta me salen estigmas en las manos y en los pies cada vez que veo esa escena en prime-time, como podrán constatar los peritos que me han ofrecido desinteresadamente PP, C’s y PSOE para defender nuestra democracia sin gasto alguno. Al fin y al cabo, si algo le debemos agradecer a este gobierno y a sus dos No Es Sí es la conversión del humor en objeto de delito, de ofensa, de multa y de cárcel. Los del No Es Sí –PSOE y C’s– se deberían presentar juntos a las próximas elecciones con las siglas NES, como el monstruo mal ortografiado del lago de las Highlands. Y, si quedaran primeros, se verían obligados por moral a otorgar el gobierno a Mariano Rajoy. Por aritmética parlamentaria. De todos es sabido que Mariano Rajoy nada tiene que ver con el M. Rajoy que recibió un pastizal delincuente según los papeles de Bárcenas, y eso nos da mucha confianza a los demócratas.

Pero no es la única ofensa con la que esta serie ha mancillado mi moral. ¿A quién se le ocurre llamar a Ciudadanos el partido de los cuñaos? Los guionistas de la citada serie lo han hecho. Esta ofensa ya no solo debería de concernir a la Fiscalía, sino al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pues yo, votante de Ciudadanos desde que tengo uso de razón, que no ha sido nunca, no tengo cuñaos. Mi hermana no solo es soltera y virgen, sino que se eleva levitando sobre graciosas nubes de pedo de monja, a los postres, cada vez que se desvela que un dirigente del PP tiene un millón de euros en el altillo de un mueble de Ikea. Denigrar a mi cuñao teniendo a mi hermana virgen, eso sí que me ofende hasta el punto de exigir al ministro de Justicia que encabece una manifestación enarbolando en bandera el himen de mi hermana. Esperemos que haga viento.

Pero, sobre todo, me ha dolido la parodia en la que se ridiculiza y criminaliza a Amancio Ortega. En dicha serie, un millonario gallego dueño de una cadena de tiendas de ropa, iniciada con batas de guatiné y con portada en la revista Forbes, secuestra al ministro del Interior español para robarle datos. El empresario, perdón por el spoiler, dona al Estado 10 millones de euros en material informático solo para salir en la prensa y robar información. Demasiadas coincidencias con la donación que hizo el dueño de Zara a la sanidad pública el año pasado.

Demando, como ciudadano católico y piadoso demócrata, la misma contundencia contra Atresmedia que se aplica a raperos, tuiteros y periodistas de mal vivir. A ver si jueces y fiscales le echan los mismos ovarios que cuando condenaron al jornalero de Jaén por fotografiarse en modo Cristo. Yo, mientras tanto, permanezco aquí, ofendido.