Opinion · Rosas y espinas

La UE nos pide que no seamos tan camareros

 

Es terrible la fuga de empresas de Catalunya por culpa del procés. Huida que pronto fue facilitada por un decreto del Gobierno del PP para empezar la guerra financiera contra el independentismo, dado que no tenía seguro ganar la batalla dialéctica, política ni ética: no porque no tuvieran toda o parte de razón, los del gobierno, sino porque carecen de dialéctica, de política y de ética.

Así que pocos meses después de que el Gobierno del PP aprobara un decreto urgente que permitía a las empresas catalanas un “cambio de sede express” sin las democráticas burocracias de antaño, ese mismo PP prometió en su programa electoral para las elecciones catalanas de diciembre de 2017 incentivos fiscales para que esas empresas regresaran a Catalunya, historia que bien demuestra lo sabiamente que estamos haciendo, todos, las cosas.

Es un gracioso ida y vuelta de empresas en el que siempre ganan los empresarios. Les hacen un decreto ley para que se vayan de Catalunya low cost, y en campaña les prometen rebajas de impuestos para que vuelvan a Catalunya.

A pesar de lo escandaloso de la fuga de empresas a causa del deplorable procés, y de lo atrás relatado, eso me parece nimio cuando me entero de que la mayor y mejor huida de empresas no está centrifugándose en Catalunya, sino en España.

Según un reciente informe del Observatorio de I + D de la Comisión Europea, o sea, de los jefes de verdad, desde el inicio de la crisis España ha sufrido la fuga de casi la mitad “de compañías tecnológicamente innovadoras”. Había en 2008  unas 13.000 empresas con esa categoría. Hoy quedan 7.500. Eso sí que es fuga, o quizá muerte, de empresas.

Nuestros jefes europeos, bajo la batuta de ese luxemburgués rojo, bolivariano y seguramente feminazi llamado Jean-Claude Juncker, advierten a Mariano Rajoy de que la situación de la investigación en España es “dramática”. Y reprochan que países tan castigados como nosotros, cual la social-comunista Portugal, sí han sabido sustentar su porcentaje de PIB dedicado al I+D+I.

Hay que joderse. ¿Cómo se atreven estos europeos a reprocharnos nuestra pereza científica, cuando todo el mundo sabe que todos los españoles queremos ser camareros y todas las españolas añoran servir de kellys?

El problema cuando Rajoy se reúne con la kellys no es que les prometa unos euros más o unos euros menos, sino que no haga nada para que dejen de ser kellys. Que muchas tienen una carrera, hombre, Mariano, y aquí nos estamos gastando el hígado en patentes médicas, industriales, tecnológicas o lúdicas porque no pensamos nada. Porque hay gobiernos que no te dejan pensar, saber, investigar, crear.

Lo vienen a decir, también, los chicos de Juncker. Aunque en más encorbatado. Aprecian con elegancia que, en los presupuestos generales, Mariano incorpore esforzadas partidas destinadas a investigación, con lo que, estadísticamente, quedamos entre los medianos de los menos pequeños.

Pero la Comisión Europea no es tonta, que diría un madero, y sonrojan a España desvelando que de ese presupuesto el gobierno no se gasta ni la mitad. En 2015, el 64% de lo que el Gobierno había presupuestado en investigación se quedó en el bolsillo de Cristóbal Montoro, que se reía. Y nuestros investigadores hacían las maletas.

Si nos vamos al mismo informe de esta comisión del año precedente, estimaban que solo entre 2010 y 2015 nuestro país había dejado escapar al extranjero a 12.000 investigadores altamente cualificados. Y sugerían que ese es un lujo que no nos podemos permitir, llamándonos, veladamente, iletrados y paletos.

–Serrrvidorrr no encontrrrado…

–¡Herr Günter, por dios, que estoy yo aquí, para servirle!

–No, hombrrre, Manolo, que hablaba con el orrrdenadorrr.

–¡Ay, las máquinas!

–Venga, Manolo, no me distrrraigas, trrraeme otrra birrra.

–¿Con aceitunitas, como siempre?

España en Europa: pasado, presente, futuro y ya tal.