Opinion · Rosas y espinas

Casado resucita a ETA

 

Ahora que andamos los españoles desenterrando a Francisco Franco casi por consenso hacia un panteón que contente a todo el mundo (con dinero público, también, de los rojos), va Pablo Casado y nos saca a María San Gil del panteón de los aznaristas ilustres. Los designios electoralistas de este señor son inescrutables.

María San Gil, que vivió en 1995 el asesinato de su jefe Gregorio Ordóñez mientras cenaban, representa a esa parte de las víctimas que aun quiere aniquilar más a ETA cuando ya ha sido aniquilada. No vale la pena seguir quemando cenizas sobre cenizas. El acercamiento de presos es solo cumplir con los derechos humanos, esa maría de la democracia que estamos dejando para septiembre. Yo comprendo a María San Gil, por lo que ha visto. Pero no dejemos legislar a los que han visto el ayer, sino a  los que verán mejor mañana.

Casado vuelve a San Gil, una mujer que se declaró siempre “hija adoptada” de Jaime Mayor Oreja, aquel ministro de Aznar que, en entrevista del pertinaz y brillante reportero Enrique Clemente en La Voz de Galicia, respondió así:

PERIODISTA-Entonces, dejando al margen la Ley de la Memoria Histórica, ¿no considera pertinente condenar el franquismo?

PADRE ADOPTIVO DE SAN GIL-No, por muchas razones. ¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad? En mi tierra vasca hubo unos mitos infinitos. Fue mucho peor la guerra que el franquismo. Algunos dicen que las persecuciones en los pueblos vascos fueron terribles, pero no debieron serlo tanto cuando todos los guardias civiles gallegos pedían ir al País Vasco. Era una situación de extraordinaria placidez. Dejemos las disquisiciones sobre el franquismo a los historiadores.

Cuando María San Gil abandonó en 2008 la presidencia del PP vasco por explícitas desavenencias con Rajoy, sus apoyos fueron Esperanza Aguirre, Ana Botella y Ángel Acebes. No quiero ponerme demasiado estupendo calificándolos, pues se me enmohinaría de antigüedad y vergüenza la prosa.

Casado anhela ser la cara simpática del Partido Popular más antipático. Habrán de estudiar esta estrategia los politólogos, si no están demasiado ocupados improvisando en los zocos palabreros de la televisión. Se echa mucho de menos a los politólogos en las viejas barras de los bares. En vez de improvisar entre cubatas, alumnos y pueblo, ahora ya se lo llevan todo aprendido a La1 y a La Sexta.

Pablo Casado recupera a María San Gil, mujer que nunca renunciará a la herencia de Franco. No lo digo por capricho. Ni por prejuicio. Ella misma lo declaró en entrevista a Avui: “Con Franco vivíamos en paz”.

La derecha franquista es la única que niega que exista en España una derecha franquista. Todos los demás, nos damos cuenta. Desde que Manuel Fraga, ministro y asesino franquista, fundara Alianza Popular. Casado también va vindicado su legado, ayer, en las televisiones. Ya solo le queda sacar a Cebolleta Oreja desfilando con un tanque por las Ramblas (se han dado instrucciones para que a Aznar no se le dejen tanques, que los usa).

Casado se ha garantizado con esta estrategia la victoria, gane o pierda las primarias. Seguirá como jefe del partido o, si Soraya lo doblega, como baluarte de una oposición amiga de vuelo interno en la que se conserven las esencias. ¿Y qué es eso de las esencias? Pues memoria histórica, pero de la otra.