Mientras te reparan un cacharrito en garantía, tienes derecho a otro de sustitución

Rubén Sánchez

Mientras te reparan un cacharrito en garantía, tienes derecho a otro de sustitución

– Buenas, esta plancha que les compré hace sólo tres meses ha dejado de planchar.
– Bien, la enviamos al taller y ya le contaremos.
– ¿Me dejan otra mientras espero?
– Eso no va a ser posible, pero no se preocupe que seguro que en menos de quince días la tiene reparada.
– Estupendo. ¿Qué día de la semana les viene mejor que les traiga la colada? Es para que me la planchen ustedes hasta entonces.

Si durante los dos años de garantía legal un producto se avería (y no es por nuestra culpa), la ley establece que los consumidores tenemos derecho a decidir que nos lo reparen o que nos entreguen uno nuevo, salvo que una de estas dos opciones resulte “objetivamente imposible o desproporcionada”. Así lo establece el artículo 119 del texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios.

“Imposible” es reparar algo que no tiene arreglo, con lo que al establecimiento donde los compramos no le queda otra que entregarnos uno nuevo. Y si el chisme ya no existe en el mercado, podemos reclamar que nos devuelvan el dinero o que nos den otro que reúna las mismas características.

Salvo que el producto tenga un valor sentimental, los lógico es que prefiramos que nos lo cambien por otro. Pero, ¿cuándo se entiende que esa opción es “desporporcionada”? Según la normativa, en los casos en que imponga al vendedor costes que no sean “razonables”. ¿Y cómo se determina si no lo son? Para ello hay que tener en cuenta dos factores: la “relevancia” del problema y si se puede reparar “sin inconvenientes mayores” para nosotros.

Por ejemplo, si pedimos que nos cambien un televisor porque se le ha salido una clavija de conexión, en el establecimiento pueden decirnos que la reparación es tan sencilla como colocarla en su sitio y hacerlo ellos mismos sobre la marcha. Pero, ¿y si la avería requiere una intervención más compleja y hay que dejar el producto para que lo revisen con detenimiento en la tienda o enviarlo a un taller? Ante eso, podríamos plantear que no podemos estar sin televisor ni una semana, ni tan siquiera un día (hay quienes ni un par de horas). Para no tener que sustituirlo por uno nuevo, el vendedor no tiene más que prestarnos otro mientras esperamos. Y el ejemplo del televisor es aplicable un ordenador, una plancha, un masajeador de pies…

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Este texto es uno de los #101fraudes del libro de Rubén Sánchez DEFIÉNDETE.