Cosas que no entiendo

27 Nov 2010
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Se suponía que la historia había terminado con la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. El comunismo había sido vencido y ya no había más remedio que abrazar la economía de mercado, ganadora de la guerra fría por KO. En este contexto de felicidad universal, Cuba era la fotografía de los pulmones podridos en las cajetillas de tabaco, un recuerdo disuasorio que venía a decir: en el mundo libre se puede fumar, claro que sí; pero recuerda que ser comunista produce cáncer.

Pese a tener sus presos de conciencia, su represión y hasta un premio Nobel encarcelado por motivos ideológicos, China no despierta la misma antipatía que la isla caribeña. Todo lo contrario. Nuestros dirigentes, que evitan fotografiarse con los Hermanos Brother, se disputan la amistad y los favores del simpático Ju Hintao. Nadie tiene inconveniente en estrechar su mano y en ahorrarle, como Sarkozy, incómodas ruedas de prensa. No es de extrañar tampoco que Zapatero le tenga tanto aprecio: gracias a la China comunista, que compró tropecientosmil millones de deuda española, logramos salir airosos hace unos meses de nuestro primer combate contra los especuladores. Y he aquí una paradoja posmoderna: en el feliz mundo capitalista han tenido que venir los malvados comunistas a salvarnos de la bondadosa economía de mercado.

No sé qué pensará Vargas Llosa de todo esto, pero yo cuando leo en los periódicos que Irlanda suprimirá 25.000 empleos públicos, rebajará las pensiones, venderá todos sus bancos, subirá las tasas universitarias, bajará los salarios y elevará los impuestos, me cuesta mucho trabajo entender en qué consiste exactamente la victoria y el beneficio de la economía de mercado.


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