Los viejos tiempos

21 Feb 2009
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Espías, corrupción del PP y ministros de justicia dignos de Berlanga nos han hecho olvidar por unos días la crisis económica, que es ‘lo único’ desde hace meses. La recesión se ha convertido en la causa de todas las consecuencias y ha sustituido a la lucha contra el terrorismo como razón de casi todo. Me pregunto cuántos ERE se habrán tramitado aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. La patronal, apoyada ahora por el Banco de España, se ha propuesto alcanzar el despido libre en esta legislatura. El Gobierno ha dicho que no, pero no sé si lo mantendrá cuando los subsidios por desempleo se vayan acabando después del verano. Aquí es una tradición que las buenas reformas laborales, las más salvajes, las hagan siempre los socialistas. Pero en el mundo suceden más cosas. Incluso en España. Basta con no mirar donde se nos señala para enterarnos. La primera víctima de la crisis económica ha sido el cambio climático, esa cosa irreversible que estaba pasando en el planeta, no sé si se acuerdan. La segunda son los derechos de los inmigrantes, el eslabón más débil de la cadena económica. ¿No les estoy diciendo que las buenas reformas las hacen siempre los socialistas? No es que seamos indiferentes a la muerte de los que llegan en patera; es que pronto vamos a sentir alegría. Aprovechando el creciente malestar social y con la garantía de que los inmigrantes despiertan más recelo que solidaridad, alguien ha cursado una orden para detenerlos al peso. Rubalcaba no ha sido; él no es tan torpe como el otro ministro. Pero imaginen la que se hubiera montado si ese papelito, que no ha escrito nadie, se hubiera cursado con Aznar, en los viejos tiempos, cuando todos nuestros albañiles tenían su BMW.