Un abrazo

06 Ene 2012
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El posible cierre de un diario como Público proporciona mucha materia de reflexión: podemos preguntarnos por el espacio ideológico que ocupan los diarios españoles si desaparece este, y también por las razones de los bancos para facilitar a otras cabeceras con mayor deuda una refinanciación que sin embargo niegan a este periódico. Pero también podemos preguntarnos por el papel de los lectores.

He leído un montón de tuits esta semana lamentando la posible desaparición del periódico y subrayando su necesidad en un panorama informativo desalentador. Y más, con la que se nos viene encima. De los propios lectores ha nacido una conmovedora iniciativa para salvar el periódico. Se trata por un lado de enviar una petición a los editores y por otra de comprarlo.

Perdonadme la pregunta, pero… ¿no compraban ya el periódico de papel todos esos fans que lloran ahora su desaparición? Pues no, parece ser que no. La mayoría debía de entrar, pinchar aquí y allá, reafirmar sus ideas izquierdistas, y a otra cosa, convencida de que un periódico tan rojo, tan a favor de los internautas, tan guay, tan juvenil, brotaba espontáneamente del puro buen rollo.

Pues parece ser que no, queridos amigos de la cultura gratuita en internet, parece ser que hasta Público necesita dinero entre otras cosas para pagar a los 160 profesionales que ponen el periódico en la calle todos los días y que en un acto que los honra, pero que no puede durar mucho, han seguido trabajando pese a no haber recibido su salario durante el mes de diciembre. Mi abrazo —un abrazo anticuado, de escritor analógico, acostumbrado a cobrar un euro por cada ejemplar vendido— es para ellos.


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