Cuántas tonterías

18 Feb 2012
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Al ministro de Educación, José Ignacio Wert, lo conocía de oírlo en las tertulias de la Cadena SER. Me parecía un tipo de corte conservador, moderado, razonable y dialogante. Pero no ha pasado un mes desde que fue nombrado, y ya he descubierto que en realidad no posee ninguna de esas cuatro cualidades. Wert no es dialogante, ni es razonable, ni es moderado. Y tampoco es conservador. Wert es muy conservador, más pusilánime que los socialistas a la hora de plantarse ante la Iglesia católica, y sobre todo peligroso, otro pirómano de la enseñanza pública disfrazado de bombero.

En menos de treinta días y sin necesidad de consultar con nadie, Wert ha examinado la enseñanza pública, ha diagnosticado la enfermedad que padece y ha prescrito la medicina: todos los males del sistema desaparecerán —esto ha venido a decir con la reforma emprendida— si le quitamos un curso a la ESO y se lo ponemos al Bachillerato. ¡La de tonterías que se hacen con tal de no reconocer que la mejora del sistema educativo es una cuestión de dinero!

Reformar la enseñanza pública es reformar la enseñanza primaria. Ahí es donde comienzan los problemas que se arrastran hasta la universidad. Sumar, restar, multiplicar y dividir; hacer dictados, redacciones y exposiciones orales. A eso, y no a aprender contenidos inútiles, es a lo que deberían dedicarse los niños durante los primeros años escolares. Pero, claro, no hay maestro que resista la corrección diaria de cuarenta redacciones y de otros tantos dictados. Si tuviera diez alumnos sí lo haría. Pero eso cuesta dinero. Y no parece que los Wert, Aguirre y compañía estén dispuestos a soltarlo para estas cosas.


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