Resucitad el Orgullo Gay

02 Jul 2011
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Murió de éxito, de especulación, de vanidad, de complacencia.

El Orgullo Gay era un ser mitológico,  invencible, un misterio encerrado en una reluciente armadura (muchos rumoreaban que era una mujer harta de las limitaciones sociales, otros aseguraban que era un hombre sin miedo a definir su masculinidad en sus propios términos) que, subido a su fiel alazán, había superado mil lances, mil enfrentamientos, mil batallas, mil complots tramados en cortes corruptas e inmovilistas, obsesionadas con mantener el viejo orden a cualquier precio. Pero nada pudo con su valentía, su honestidad, su coraje…

Hasta que un grupo de comerciantes, avariciosos representantes de la recién nacida burguesía, decidió aprovecharse de aquél halo legendario, de su popularidad, del inmenso amor que le profesaba el pueblo maribollo. Se ganaron al Orgullo Gay engañándole, prometiéndole mil victorias, convenciéndole de que su lucha estaba en realidad en la corte, integrándose, asimilándose, siendo uno más. Le juraron que eso era lo que su pueblo maribollo quería: ser como los tiranos que les habían oprimido.

Y Orgullo Gay creyó en aquellas palabras. Creyó que aquellos comerciantes eran la voz de su amado pueblo. No sabía que esos impostores habían amordazado a todo aquél del pueblo maribollo que se opusiese a su plan. Y aceptó acudir a las mil fiestas, desfiles y celebraciones que los comerciantes organizaban en su honor. Aunque ese no fuese su mundo. Aunque a ella/él aquello le resultase muy incómodo. Lo mío es la lucha, no estas fiestas, repetía nervioso. La visibilidad es más importante que la lucha, le dijeron.

Y así parecía. Nadie se extrañó cuando se quitó su reluciente armadura de batalla y bajo ella descubrieron a un bellísimo ser que era tan hombre como mujer, tan viejo como joven, tan enclenque como fornido, tan amanerado como sobrio. Paseó aquella deslumbrante estampa por todas las fiestas que los  comerciantes le recomendasen. Y su presencia generó una verdadera industria. Orgullo Gay se convirtió en una valiosa marca, un monopolio que sólo los comerciantes gestionaban. Y el pueblo maribollo, que por primera vez tenía un modelo en el que mirarse, al que emular, no dudó en financiar aquella nueva corte dentro de la corte.

Los años pasaron y las guerras empezaron a pasar al olvido. Todo era fiestas, fotos, distracción… Orgullo Gay no daba abasto. Hasta que un día se encontró gordo, caprichosa, mayor, alcoholizada, enganchado a las últimas drogas de diseño, a una lujuriosa vida sexual que no llenaba el vacío de su antiguo compromiso. Su corazón no resistió tanto exceso, tanta indolencia, tanta indulgencia. Se paró en uno de los numerosos festines a los que habitualmente era invitado. Nadie pudo (o quiso) hacer nada, aquél Orgullo ya no era el que admiraban antaño. Era un tirano caprichoso y ególatra que sólo acumulaba pertenencias.

Y de repente volvió la guerra, las antiguas cruzadas en nombre de un dios iracundo, falso, excluyente. Un dios inventado por los antiguos señores feudales para justificar sus desmanes. Querían restaurar el Antiguo Régimen.

Y los comerciantes, como no podían decirle al pueblo lo que habían hecho con su amado Orgullo, decidieron embutir su cadáver en la antigua armadura y pasearlo por las calles como si nada hubiese ocurrido. Pero la derrota cada vez era más evidente. Los enemigos, sin oposición, habían empezado a derrumbar todo lo construido. Especialmente el espejismo de igualdad. Los empresarios se limitaban a añadir cada vez más carrozas, más bufones, más juglares, más distracciones que disimulasen la derrota. Y a pedir que se luchase por mantener sus negocios. Pero nadie recordaba ya cómo se luchaba. Sólo sabían celebrar…

Resucitad el Orgullo. Resucitad su importancia como celebración de nuestra lucha, como recordatorio de quiénes somos, de quienes no nos permiten ser. Resucitadlo como herramienta de combate, no como negocio de unos pocos. Necesitamos a esos activistas a los que habéis boicoteado todos estos años de bonanza por denunciar vuestras manipulaciones. Para que animen a todos a que salgan a la calle a luchar, a reivindicar, a recuperar todo lo que nos van a robar. Poneos en forma. Recordad vuestra historia, vuestros activistas, los sacrificios… que los derechos no se regalan, se conquistan. Luchando.

Porque ese es el verdadero significado del Orgullo Gay: llamar a la lucha, permitir a nuestro pueblo reponer unas fuerzas que van a ser muy necesarias el resto del año, para enfrentarse a las mil agresiones homófobas que nos esperan en cada esquina de nuestra vida, desde el colegio (la gran batalla pendiente) hasta la oficina, pasando por la familia o por un simple beso. Necesitamos tener  guerreros preparados y dispuestos a enfrentarse a la invasión reaccionaria, censuradora, dictatorial que se nos viene encima. Ya no hay nada más que celebrar. Ahora hay que reconstruir esa maquinaria activista, luchadora, que habéis destruido todos estos años.

Porque, como dice un amigo: “Antes con el Orgullo te daban una copita de orgullo activista que te servía todo el año, ahora te dan una copa de evasión, de entretenimiento, de vergüenza de ver lo que hemos hecho con el sacrificio de tantos millones de activistas”.

Pero eso era antes de que esos empresarios manipuladores lo convirtiesen en un Orgullo Gaypitalista, centrado en animarnos a asimilarnos, a comprar nuestra aceptación, a rendirnos a “los mercados”…

Resucitad aquél Orgullo, el de todos, porque lo vamos a necesitar.

Y, por lo que más queráis, usad condón. Que el Orgullo no siga siendo una ocasión para contagiarse por culpa del exceso de drogas y la bajada de guardia festiva. El sida aún mata.


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