Alberto San Juan y el Teatro del Barrio marcan el camino

shangaylily

teatrodelbarrio-comenzamosLa noche del miércoles 4 de diciembre quedará señalada en la historia de los movimientos sociales, del arte y de esta lenta pero inexorable revolución anticapitalista que —por mucho que la quieran invisibilizar— estamos viviendo, como un momento doblemente seminal.

Por un lado se inauguró en el contestatario barrio de Lavapiés, en lo que era la antigua —dicho con toda la intención, estaba agonizando— Sala Triángulo, el Teatro del Barrio, un nuevo espacio-concepto que viene a romper con el monopolio capitalista de eso que Gramsci llamó hegemonía cultural. Para los que no sepan de qué hablo, para el cada vez más conocido pensador comunista los elementos fundamentales de la represión no son los económicos, sino los de orden cultural. Partiendo de esta realidad, define la hegemonía como el liderazgo cultural ejercido por la clase dirigente. De hecho, para este visionario comunista, la tarea mas difícil para un revolucionario era convencer a las víctimas de la represión que eran tales. Y es ahí donde entraba la cultura (hoy secuestrada por los medios de comunicación), en manos de la propaganda de los oligarcas, de la clase dominante, como medio esencial para concienciar a los oprimidos de su opresión, para transmitir conocimiento (algo radicalmente opuesto al actual “entretenimiento” imperante).

En esa tesitura es vital crear contrahegemonía como alternativa a ese dominio del imaginario, el constructo ideológico y el pensamiento aparentemente libre que las clases dominantes monopolizan e imponen a través del plano cultural.

20131204_220445Teniendo presentes estos conceptos, la importancia del nacimiento de este nuevo espacio devenido ágora es monumental. Para entender qué lo diferencia de otros proyectos y espacios, basta leer en su particular declaración de principios: “El Teatro del Barrio ha adoptado la forma de cooperativa de consumo cultural. Un grupo de personas, constituido en Consejo Rector (grupo motor) llevamos  tiempo poniendo los cimientos. A ellos se unirán próximamente un conjunto de socios fundadores, para dar finalmente entrada a todas aquellas personas que quieran integrarse como cotitulares de este espacio sin dueño”.

Esta estructura ya sería de por sí relativamente revolucionaria, pero lo verdaderamente importante es el contenido que esta cooperativa va a albergar:

La voluntad con que abrimos el Teatro del Barrio es abiertamente política: participar en el movimiento ciudadano que ya está construyendo otra forma de convivir.

Este teatro nace del hambre de realidad. La realidad tiene siempre algo maravilloso: por terrible que sea, puede ser transformada. Si se conoce. Y esta es la vocación del proyecto: saber qué está pasando aquí, porque no nos gusta y queremos cambiarlo. Este teatro pretende ser una asamblea permanente donde mirar juntos el mundo, para, juntos, imaginar otro donde la buena vida sea posible.

Nuestros medios para hacer política son la cultura y la fiesta. Teatro, música, poesía, baile, talleres de formación artística (y otros que vendrán) y la Universidad del Barrio.

La Universidad convocará a profesores, investigadores o personas conocedoras por su propia experiencia de aspectos de la realidad cuyo conocimiento resulte útil para la transformación política. Comenzará con un curso de historia contemporánea de nuestro país (o países) que contraste el relato oficial, al considerar este condicionado por demasiadas omisiones o manipulaciones que impiden una visión clara del camino recorrido, necesaria para entender el lugar donde hoy nos encontramos. Pretende contribuir a desvelar el funcionamiento del poder a lo largo de nuestra historia (centrándose en el periodo que va desde la Segunda República hasta hoy) y rescatar la memoria de la lucha ciudadana contra ese poder, es decir, la lucha por la democracia, las profundas raíces de los movimientos que hoy sacuden el sistema.

La Programación Teatral estable va a estar marcada por el humor político y musical. En diversos espectáculos se va a hablar de nuestra historia pasada y presente. Se va a contar, por ejemplo, qué son realmente, como funcionan y hasta que punto condicionan nuestras vidas (y vienen haciéndolo a lo largo de la historia) la banca; las constructoras, eléctricas y otras grandes empresas; los medios de comunicación, o los partidos políticos y los sindicatos. A través de la programación estable, no sólo se va a denunciar la capacidad de los grandes intereses privados para dominar las vidas de todos o el funcionamiento del poder institucional al servicio de esos intereses privados. También se van a contar las alternativas que los ciudadanos (a veces, a través de organizaciones estructuradas y muchas otras veces, al margen de ellas) han construido a lo largo de nuestra historia y las alternativas que hoy mismo se están construyendo.

Para quien dude de la eficacia o “seriedad” de la fiesta como resorte combativo, las mentes puestas al servicio de este Teatro del Barrio contestan con irrefutable lucidez:

¿Por qué la fiesta? El sistema nos golpea con miseria, fealdad, depresión. Queremos responder con belleza, con alegría. Una revolución sin sentido del humor seguramente esta condenada a traicionarse a sí misma, y en cualquier caso, es un coñazo. La fase de desarrollo actual del capitalismo, llamada crisis (como se podría llamar guerra contra el ser humano), esta expulsando miles y miles de personas fuera del sistema, arrojándolos al vacío. Existe la posibilidad de encontrarnos en el vacío unos con otros, después de tanto tiempo, decidir juntos al fin cómo queremos vivir y hacer una fiesta para celebrar que ya hemos empezado.

Sólo puedo decir que Antonio Gramsci habría estado orgulloso de este Teatro del Barrio nacido en el vientre del Madrid más multicultural, contestatario y alternativo. Os animo a pasaros no sólo por su patio de butacas, sino por su colorido, abierto, económico y verbenero bar.

20131204_211250Por otro lado, y no menos monumental, ese espacio-concepto contrahegemónico se inauguró con una obra de su principal promotor, Alberto San Juan. Una brutal pieza de pensamiento, memoria y teatro que él ha titulado “Autorretrato de un joven capitalista español” pero que bien podía haberse titulado “Historia oculta y ocultada de España para mentes cándidas que creen que la Transición fue ejemplar, el Rey es un demócrata de toda la vida y el sistema financiero trabaja por el bien del pueblo” (comprendo que es demasiado largo, pero ahí lo dejo).

Durante los 100 minutos que dura su función, Alberto nos coge de la mano y nos da un deslumbrante paseo por la historia de España, empezando por el tardofranquismo y acabando en esta estafa que llaman “crisis”. Nada es casual en su sucesión de recuerdos, anécdotas y descubrimientos históricos. Cada hebra que este artesano de la escena va sacando acaba encajando con virtuosa precisión para desplegar un terrorífico tapiz que desnuda la sarta de mentiras e ingenuidades que nos han colado como historia oficial. La República y sus cunetas aún olvidadas, la dictadura (despiporrante su interpretación de Franco, como podéis ver aquí), la monarquía impuesta (no menos ácido es su retrato del rey), los chanchullos de la banca, o de los EEUU y todo un compendio de oligarcas que conspiraron para que España acabase donde está. Nada es casual, nada queda sin explicar minuciosa, fascinante y amenamente.

La documentación es extraordinaria, pero la simpatía, inteligencia y brillantez con la que Alberto nos va desnudando ese espejismo de transición-liberación-democracia hasta levantar la cortina que esconde a ese mago de Oz que es la Comisión Trilateral, la traición de Felipe González, la OTAN, ese PSOE aliado en la implantación del modelo neoliberal, esa corrupta Iglesia maquinando en las sombras… Hilando esta impecable radiografía de una mentira con recuerdos personales —principalmente el ascenso y caída de la estrella exitosa que se creyó el modelo capitalista— acaba por desplegar un impresionante fresco carente de velos, trampas y engaños que no deja lugar a dudas: tenemos que crear una alternativa o nos hundimos con ellos.

20131204_214543No sólo destaca un texto exquisito en la documentación y extraordinario en el ritmo, también deslumbra la innovadora propuesta escénica que derrumba la cuarta pared sin despojar de magia el escenario. San Juan anima al público a pasar a escena si quieren contar o aportar algo que él no sepa, a iniciar un diálogo o un debate si lo creen necesario y a moverse libremente (durante el estreno dos chicas salieron de la sala para ir al baño y ante su simpática invitación a que visitasen el bar para apoyar la cooperativa, ambas volvieron con sendos quintos de cerveza que Alberto degustó con encanto en escena). Sólo por su sorprendente imbricación en el momento sin perder ni un segundo de concentración (impresionante su conocimiento y análisis enciclopédico de la historia, repito) ya habría que hablar de una nueva forma de teatro. La frescura, naturalidad, verdad y fuerza que Alberto San Juan trae a la escena es digna de estudio.

Y es que el deslumbrante artefacto escénico de Alberto San Juan nos dio acceso a una nueva forma de hacer teatro, de usar el escenario como arma de crecimiento, de conciencia, de enriquecimiento, de intercambio de conocimientos… vamos, de todo lo que debería ser el arte y que esa bastardización llamada “entretenimiento” ha enterrado bajo kilos de indolencia inducida. Poniendo un especial acento en los libros, en leer, informarse, buscar fuera del tramposo mercantilismo (por sus manos pasaron textos como el brillante Hay alternativas de Vicenç Navarro López, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa, prologado por Noam Chomsky, y otros tantos estudios de la alternativa que él recomienda y pide repetidamente.

20131204_211526Y es que bajo una apariencia de improvisación o familiaridad se esconde una obra y un texto exquisitamente trabajados, ensayados, pulidos. No hay un minuto en que su mezcla de picaresca, encanto y cordialidad no enamore a un espectador que casi sin darse cuenta pasea liviano por los temas más profundos, oscuros y dolorosos con la tranquilidad de quien escucha a un viejo amigo. Perdido entre sus flexos de cuando éramos estudiantes, de cuando volvemos a ser estudiantes (de la verdadera historia esta vez), de su silla humilde, más afín a los tiempos de crisis en los que el espejismo se rompió, con la única guía de ese flexo que planta en el escenario como un faro que nos recuerda que el saber es la única luz, Alberto San Juan nada a contracorriente tirando de todos nosotros y acaba por llegar hasta la orilla de la verdad rescatándonos de un mar de mentiras.

Personalmente, considero que esta es una de las mejores piezas escénicas que he visto en los últimos 10 años y que, de no ser porque la Comunidad de Madrid y su Ayuntamiento está en manos de la secta cristofascista, especializada en la desinformación, la propaganda y la censura, las y los niños y jóvenes de todos los colegios e institutos de la capital deberían ir en alegre algarabía a ver lo que es arte con mayúsculas, a descubrir para qué sirve, a abrir sus mentes y su vida a la belleza del verdadero arte, a olvidar ese empacho de estupidizante entretenimiento con el que les ceban cual ocas de factoría o cerdos de camino al matadero.

Gracias Alberto, gracias Teatro del Barrio. Os estábamos esperando.

“Autorretrato de un joven capitalista español” Teatro del Barrio (c/ Zurita, 20. Lavapiés. Madrid. Teléfono 91 029 93 32). Días  7, 11, 12, 20, 21, 23 y 26 de diciembre a las 20:00. 12€ en la página del teatro o en taquilla.