Opinion · Palabra de artivista

Cifuentes engrandece el legado cultural del PP en Madrid

La labor cultural del Partido Popular en Madrid ha sido de una eficacia tal que definitivamente hemos pasado al top de los eriales paramos zonas zero escombreras circuitos culturales fantasma de Occidente. Ese epicentro de la corrupción con patas que se conoce como Esperanza Aguirre, ya hizo una labor espléndida cuando en 2009 eliminó la Consejería de Cultura. Necesitaba el dinero para la única cultura que apoya el PP: PPropaganda. Y, claro, ¿para qué quieres una consejería de cultura cuando puedes llenar las estaciones de metro, los autobuses y hasta los taxis de monitores que repiten en loop orwelliano a lo Gran Hermano las bondades del PP y sus grandiosos logros para la ciudadanía desahuciada? Por supuesto, fue una medida para ahorrarle al ciudadano gastos superficiales. Ni uno de los 220,6 millones que su gobierno gastó en publicidad entre 2008 y 2011 pintaba nada en preservar una consejería tan inútil (y un nido de rojos y subversivos, por cierto), ni había la más mínima animadversión contra esa pandilla que “se rió de mí cuando fui Ministra de Cultura y lancé la carrera de esa excelente pintora que es Sara Mago” (por el escritor José Saramago).

Pocos años después, el nuevo presidente de España, Mariano Rajoy , no quiso ser menos que su archirival en eso de las medidas liberales para ayudar a la ciudadanía (como la amnistía fiscal a millonarios defraudadores, que al fin y al cabo son más ciudadanos que nadie, la Ley de Aborto o la Ley Mordaza de Seguridad Ciudadana) y pensó que subiendo el IVA de cultura al 21% podía ser más que la condesa consorte y su localista y cutre sablazo a la cultura. Mariano y su esbirro Ministro de (in)Cultura Dart Wert-ider no sólo se pasaron juntos al lado oscuro de la Fuerza (Nueva, ¡Arriba España!), sino que lo llevaron a cada rincón de cada escenario, colegio, televisión y concierto. De ahí surgieron grandes figuras de la literatura como Belén Esteban, de la escena como Leticia Sabater, de la música, la literatura y el armario televisado como Mario Vaquerizo, de la ciencia transplantaalmas como Mariló Montero o de la política entre piquetes de funcionarios jodesemejantes como Marta Sánchez, todas intelectuales del PP en espera de un Nobel (no, no es un cigarrillo sin nicotina). Y la cultura se regocijó porque como todo liberal sabe: “a esos bohemios perroflautas de la ceja las dificultades les agudan el ingenio y la creatividad; ya está bien de tanta desmotivación burguesa).

Pero no todo han sido malos tratos a la cultura con el PP. El gobierno de Rajoy ha incrementado hasta lo extravagante las subvenciones, premios y palmas a la expresión más noble, importante e internacional de la cultura: la sádica tortura y asesinato de toros tauromáquia. Los toreros se pueden ver enriqueciendo nuestra sociedad con su arte en cada rincón de España. En eso le dio un pedazo de zasca a la lideresa que siempre ha usado amado la tauromaquia como un modo de joder a los rojos difundir cultura, arte, espectáculo y sabiduría, todo en uno.

En esas estábamos cuando Cristina Cifuentes, santa protectora de todos los imputados (con permiso de Ciudadanos, que es el santo patrón), inesperadamente se vio aupada por Falange Ciudadanos a Presidenta de la Comunidad de Gürtel Púnica Madrid y con la difícil papeleta de superar o al menos igualar a sus colegas peperos en barbaridades apoyos a la moribunda cultura. ¿Y creen que se ha achantado? nada de eso, la pupila de Gallardón en eso de esconder su cristofascismo tras una fina capa de progresía (al parecer eso basta para este país de “la centralidad del tablero”), reducida  a los gestos y las declaraciones que se contradicen luego (un saludo papa Francisco), ha conseguido superar todas las mamarrachadas iniciativas de sus rivales. Sí señores, la convencida republicana que ordenó arrastrar por las calles, patear y encarcelar a todo el que se atreviese a lucir una bandera tricolor durante el patético triunfal paseo del recién coronado heredero de Franco rey Felipe VI, ha sorprendido a propios y extraños con una decisión que muestra su profundo conocimiento y habilidades para restaurar la cultura en la Comunidad de CorruPPtilandia Madrid: ha nombrado responsable de cultura a un verdadero icono de las artes.

¿Ana Diosdado, Nacho Duato, Tamzin Townsend, Gerardo Vera, Laila Ripoll, José Carlos Plaza, Juan Carlos Pérez de la Fuente, Pedro Almodovar, Almudena Grandes, Icíar Bollaín, Gracia Querejeta, Amenabar, Javier Bardem, Rafael Doctor Roncero, Soledad Lorenzo, Carlos Urroz, Estrella de Diego, Agustín Pérez-Rubio, María La Ribot?, se pregunta el lector detenido por sus UIP por bajar la basura levantando la voz. No, mucho más representativo de todos los sectores de la cultura que esa panda de rojos insustanciales: Jaime de los Santos. ¿Y ese quién es?, os preguntaréis. ¿Un gestor cultural que ha estado al frente del Instituto Cervantes, la Fundación MonteMadrid, el Museo del Prado, el Reina Sofía, el Matadero, los Veranos de la Villa, el Festival de Otoño, los Teatros del Canal, el Teatro Real, la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid? No ¿Algún director y productor teatral curtido en las lides de la creación de nuevos espacios escénicos, con experiencia en el mundo editorial, de la danza, galerista, director en el pasado de Arco, promotor de Estampa, creador de innovadores festivales de música pop y clásica? Pues tampoco. El intelectual que va a controlar todos los hilos del desolado complejo panorama cultural de la comunidad de la capital de España, es nada más ni nada menos que un personal-shopper (que compra los vestiditos de la señora; esto en el mariconeo se llama “recogebragas”) de la mujer de Rajoy (otro “recogebragas”, pero de otro tipo, porque Merkel, de puro machista calza abanderados regalados por Mariano), extertuliano en el programa de Ana Rosa Quintana y asesor de grandes iconos de la moda como Soraya Sáenz de Santamaría (o “sujetabolsos de mariliendres”, como le definió ésta página).

Y es que Jaime de los Santos parece que compatibiliza a la perfección los cuartos oscuros de Chueca con las meriendas del Opus Dei. Porque, por supuesto, el palmero pepero es gay, o más bien gaypitalista (en realidad es un perfecto ejemplo de absurdigay). O sea, lo que Federico García Lorca en su maravillosa (aunque bastante endohomófoba) Oda a Walt Whitman llamó una “perra de tocador”. En concreto el verso dice así: “Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores”. Porque ha sido de este modo como personajes que molestan a todos los sentidos (desde la vista al oído, y especialmente al gusto del que tanto hablan) han conseguido ser mascotas de las élites más fascistas: aguantando a las esposas de esos casposos (y homófobos) oligarcas, que las dejan al “cuidado” de estos “perras de tocador” con la tranquilidad de que son maricas folclorizados (para no ofender al amo patriarcal). Un gran ejemplo es Josemi Rodríguez Sieiro, perra de tocador durante muchos años de la esposa del magnate mediático Asensio. Y es que ya no bastaba con tener a estos absurdigays de pro en todas las tertulias televisivas de moda o presentando sálvames, grandes hermanos y otras basuras capitalistas. Estos lacayos del patriarcado ya deben dirigir la creación y distribución de artes, letras y cualquier expresión del pensamiento abstracto que engrandece al ser humano desde las Cuevas de Altamira hasta los versos de Cernuda. Cifuentes, esa  gran activista LGTB, aunque votó repetidamente en la Asamblea contra normas para proteger a la comunidad LGTB, lo sabe.

Así que en estos momentos todo el mundo de la cultura está esperando que en cualquier minuto la ex Delegada de Gobierno —conocida en twitter como #CristiNAZIfuentes— nos maraville anunciando la recuperación de la consejería fulminada por su predecesora Esperanza Aguirre. Pero en este caso, todos asumimos que el nuevo órgano desde el que se moverán todos los hilos de la cultura madrileña se deberá llamar Consejería del Personal-Shopper. Así se hará justicia por fin a las innovaciones que el PP no cesa de traer al mundo de la mamarrachada cultura. Desde su despacho, que por supuesto estará ubicado en un gran centro comercial con marcas de moda como el Xanadú y tendrá un photocall permanente, James (permítaseme esta familiaridad cool) supervisará todo el estercolero circo parque jurásico panorama cultural de la Comunidad de Madrid. Damos por hecho que todo esto Cifuentes lo hará mientras consulta su iPad en el borde de la mesa de su despacho luciendo un modelo súper-progre-retro-vintage.

Entre este nombramiento y el anterior del hipster Guillermo Zapata al frente de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid (lamentablemente sustituido por la no menos hipster Celia Mayer, no en vano proviene del Patio Maravillas, garantía de posmodernidad transversal complutense queer), vamos a tener una capital y una comunidad que va a ser la envidia de Londres, Nueva York, Moscú, Edimburgo y Berlín todas juntas. Sólo van a rivalizar con nosotros en patetismo relumbrón artístico los crecientes Orgullos Gays del PP, con sus Alaskas, sus Leticias y sus gays armarizados pero muy folclóricos (un saludo Vaquerizo) que repudian el fanatismo de los activistas.

¡Que Jaime de los Santos (y de las Vírgenes y de los Maricapillitas y de las Butiqueras de Chueca, que él puede con ) inaugure esta nueva y gloriosa era de la cultura madrileña con una exposición de las pinturas de Hitler, un pasacalles con lecturas brazo en alto del Mein Kampf y proyecciones de la película con guión de Franco Raza amenizadas con lecturas comentadas de su novela homónima!

¡Y que restituya Coros y Danzas y la Sección Femenina ya! Que eso sí que es cultura y no esas intelectualidades sin diseño ni estilo ni ná.

¡Ah, y, por favor, que convierta todos los teatros en photocalls, que eso sí que es cultura que todos queremos consumir y exhibe lo mejor de la moda, el arte y nuestros intelectuales orgánicos!