Opinion · Palabra de artivista

Uterolandia, contra los nacionalismos

Culminando hoy con la cavernaria celebración del Día de la Hispanidad o Fiesta Nacional, conceptos repulsivos para cualquier ser humano evolucionado que se espante ante el alud de atrocidades que los españoles cometieron en América, estos meses hemos sido asaltados en todos los frentes posibles por la más obscena avalancha del negocio de las fronteras —eso que los peones del sistema llaman con orgullo nacionalismo—. Primero fuimos saqueados de nuestros derechos de elección y de nuestra supuesta soberanía (esa que tanto defienden los que luego mercadean con ella) al imponernos, en silencio, a escondidas, en pleno verano, la modificación del vigente Convenio Bilateral de Defensa con los EEUU, de manera que se autorice el estacionamiento permanente en la Base de Morón (Sevilla) de la Fuerza Especial de Respuesta de Crisis del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos (SP MAGTF Crisis Response). Esta fuerza aerotransportada de despliegue inmediato, a las órdenes inmediatas del USAFRICOM (Mando de los Estados Unidos para África), constaría de un retén permanente de 850 marines con sus medios de proyección, ampliables a 3.500 en caso de crisis, con capacidad de desplegarse en 9 horas al corazón de África, como cabeza de puente para una intervención a mayor escala. Pero podría también ser puesto a disposición del USCENTCOM (Mando Central de los Estados Unidos) para un despliegue semejante en cualquier punto de Oriente Medio o del Mediterráneo oriental. El anterior Convenio de Defensa no permitía la presencia permanente de tropas americanas en suelo español; por esta razón, el Gobierno del Partido Popular había concedido hasta dos autorizaciones de un año para contingentes reducidos de esa misma unidad. Sin embargo, el interés de los EEUU en disponer permanentemente de este punto de proyección estratégica para África en un punto accesible y a salvo de las posibles turbulencias políticas en ese continente, hacen de Morón la opción preferible. Pero requería la modificación del Convenio, que había de ser aprobado por el Congreso de los Diputados. La mayoría absoluta del PP en el actual Congreso hacía muy difícil el bloqueo de semejante iniciativa. Todo el trapicheo fue anunciado triunfalmente por la agencia Europa Press como Firmado el acuerdo que hará de Morón base permanente de EEUU para crisis en África. Hala, así nos convertimos en el principal objetivo bélico de toda África, Oriente Medio y el Mediterráneo. Y luego se preguntan por qué los terroristas islámicos atacaron Atocha el 11-s (o intentan ocultarlo inventando una implicación de ETA). ¡Estamos en guerra!, como bien explica la imprescindible Red Roja de, entre muchas otras camaradas, la inmensa Nines Maestro.

Luego vimos esa repulsiva utilización de los refugiados —“sirios” los llamaron, ocultando que venían de todo tipo de zona masacrada por el imperialismo y el negocio de las fronteras; kurdos, por ejemplo— para calentar y justificar el debate sobre la invasión de Siria. Ya lo expliqué en  mi entrada Los refugiados como arma de invasión, pero desde entonces el conflicto se ha recrudecido con la entrada de Rusia en el mismo para evidenciar las mentiras e hipocresías de EEUU (creador y patrocinador de ISIS para desestabilizar y derrocar a El-Assad).

Entretanto, nos tuvimos que tragar el debate nacionalista-machimonger español-catalán de yo la tengo más grande y gorda que tú. En ese supuesto debate por la libertad tuvimos que escuchar argumentos como que la independencia de Catalunya suponía el fin del franquismo y otros delirios que ignoraban que los que gobiernan en Catalunya son tan franquistas o más que los que colonizan el territorio. Las fronteras son fronteras se pongan del lado que se pongan. Lo que debería ser una oportunidad de crecer y evolucionar siempre se ha convertido en una cárcel, otra limitación, un motivo para recuperar el temible discurso del “nosotros-vosotros” (literalmente en estos términos me atacó una tuitera para defender la importancia de la independencia). Al final son borregos que no ven que ese discurso no hace más que pensar (y preservar, por tanto) el sistema patriarcal, tribal y esclavizante. Las personas deben supeditarse a los intereses de una élite y nunca ser diversos o inclasificables, según este pensamiento-doctrina.

Yo he vivido-sufrido siempre esta negación de la especie humana y el planeta como un todo que depende de la superación de intereses tribales para sobrevivir (algo que el ecologismo ha planteado últimamente). Siempre me he sentido un outsider, ajeno al patriarcado, a sus jerarquías y tecnologías de aglutinamiento-sometimiento. Siempre he acabado fuera de cualquier grupo que imponga el pensamiento único o el sometimiento de la multiplicidad a la simplista unificación o centro (mucho he escrito sobre ello en mi último libro de poemas Plasma Virago). Pero uno de los conceptos principales que ideé para dejar constancia de mi oposición a esa peligrosa uniformidad fue el de Uterolandia.

Está implícito en la que ofrezco como biografía cuando me la piden en libros o artículos: Miss Shangay Lily (Uterolandia, 1963) no cree en nacionalidades, tribus, ni géneros: “mi patria es el vientre de mi madre”, suele responder a quien le pregunta de dónde es; “mi tribu es feminista y por lo tanto sin apellidos patrilineales, nosotras creamos nuestra identidad, nuestro nombre-alma, como los esquimales Inuit” añade a quien intenta averiguar su “nombre de verdad”. Ha vivido en Nueva York, Bologna, Amsterdam, Londres, Roma, Miami ó París como buena nómada pagana. Habla cuatro idiomas y cree en la globalización feminista radical.

Uterolandia es un constructo que yo creé en mis años álgidos de fama televisiva y social. Fue una respuesta desesperada ante la reiterada pregunta sobre mi nacionalidad, ese contraepistemológico “¿Shangay, de dónde eres?”. Nadie quería conocer mi vida o esencia realmente, sólo querían simplificar la categorización para encerrarme en un nicho simple, falsario y lleno de prejuicios: mi nacionalidad definiría mis logros e intenciones. Fui dándome cuenta de que si era americano o americana (como la mayoría creía en un principio por mi acento y declaraciones de ser una Kennedy bastarda; hasta el punto de llevar a algunos a gritarme en espectáculos un queer “yanki vuélvete a tu país”) se me permitirían y reconocerían unos logros y valores, mientras que si era francés o ruso (como otros creían y habían difundido) serían otras las valía e intenciones (bolchevismo, mafia, seguimiento de la ilustración o de Cocteau, por absurdo que parezca). Pero lo peor era ver cómo si se me consideraba español o española (ni digamos si era etiquetado de andaluz o andaluza como ocurrió más adelante) se me negaba cualquier valía y como mucho se me llevaba al nicho de Los Morancos o la locaza desideologizada de toda la vida. Ante tan agresiva demanda yo respondía un rotundo “Soy de Uterolandia, la única nación que ninguna superpotencia protege”. Plantaba así ante mi interlocutor mis valores feministas y transnacionales. A esa pregunta contraepistemológica, como he dicho, devolvía otra pregunta: ¿Por qué no nos aglutináis según nuestras ideas, luchas y avances en lugar de por el arbitrario criterio de en qué lugar hemos nacido? Por desgracia tengo que sufrir el DNI si quiero poder operar dentro de este capitalismo imperante, pero esa es una de las principales cadenas y tecnologías de sometimiento que sufrimos. Así se nos impone el nombre de esclavo, como yo lo llamo (leed el poema Mi nombre de esclavo en Plasma Virago para saber más).

El feminismo es central en este discurso contranacionalista. Porque el concepto de nacionalidad, ese “nosotros-vosotros” es el mecanismo de control patriarcal por antonomasia, como la familia o los apellidos. Definirte en oposición al “enemigo” es una estrategia que niega cualquier autocrítica, diversidad y multiplicidad (las características más humanas, el ser humano no es siempre el mismo y uno blindado según cómo te definen los demás).

Creo que hay que utilizar otros parámetros para unir o agrupar pueblos. Conceptos feministas como el de clase, igualdad, avance y compartir. No conceptos patriarcales como el de tribu, grupo o nacimiento, privilegio social o competencia. Conceptos capitalistas al fin que fundan clases y jerarquías.

Y adorar el armamento criminal que asesina a personas es ya muy definitorio de en qué consiste ese Día de la Hispanidad. No en vano, el catedrático Antonio Espino, autor de “La conquista de América”, resume así ese vergonzoso episodio: “Ejecuciones, mutilaciones, violaciones”, así fue la Conquista de América.

Como bien resumen una etiqueta en Twitter #nadaquecelebrar. Aunque yo me adhiero a otra que he visto en la red social #12ODíaDeLaVergüenza. Será maravilloso el día en que se celebre Uterolandia en todo el planeta y las religiones como la cristofascista dejen de imponer su marketing militar para hacer negocio del odio y el miedo. Un planeta feminista es más necesario que nunca. En lugar de aviones que saquen a exhibir dildos y lubricante… y, por favor, la Procesión del Santísimo Coño Insumiso a la que un juez cristofascista intenta castigar con penas de cárcel mientras ladrones y responsables de muertes como Rodrigo Rato se pasea por los lujos y excesos del capitalismo corrupto.