Unidad popular no es sumisión popular

shangaylily

Podemos ha destruido toda posibilidad de unidad de la izquierda o, como a ellos les gusta llamarlo en su neolengua: “confluencia”. Esta es la labor por la que el poder le estuvo recompensando hasta la aparición de su nuevo instrumento fragmentador: Ciudadanos. Podemos se ha asegurado de evitar una peligrosa (para los corruptos oligarcas) unión y fortalecimiento de la izquierda en momentos en que la crispación del pueblo parecía haber alcanzado unas cotas eruptivas.

La estrategia ha sido clara: destruir a IU en el momento en que llegaba el sorpasso y una posibilidad de convertirse en recipiente del descontento (por no llamarlo desesperación) y revitalización de la lucha de clases y el concepto de clase (que rápidamente fue ahogado por constructos ambiguos, desideologizados y diluidos como el de “casta” o “arriba” y “abajo”).

Un núcleo esencial para garantizar el control de esta posible inundación de protestas en las calles y su filtración a la política era el pensamiento único. Algo que ha controlado con extraordinario dominio el PSOE hasta ahora. Podemos impuso el pensamiento único más rígido. Un grupo de élite que negociaba todo en despachos y a espaldas de sus tan cacareados “círculos” y bases se aseguró de marcar la hoja de ruta sin posibilidad de cuestionamiento. Su aprendizaje en la sumisión y el lenguaje excluyente (si no sabes hablar como un profesor no eres un profesor, si no sabes escribir una tesis como un catedrático, no eres un catedrático….) les sirvió para imponer estas retorcidas vías de opresión a la política. Podemos no funciona en la diversidad (no podía cumplir su mandato que el poder le pidió a cambio de la proyección mediática que el ego de los Pablo Iglesias y Monedero de este mundo necesitan desayunar). Al fin y al cabo, la tarea que debía cumplir para que, al igual que ya hicieran con Felipe González la CIA y la socialdemocracia diluida de Alemania y Europa al servicio de la derecha anticomunista, era muy compleja y no permitía la más mínima pluralidad. Demasiadas variantes que controlar para garantizar la desactivación de la violenta disidencia que por fin estaba apareciendo como respuesta a la estafa, saqueo y destrucción de derechos y un estado de bienestar que había costado vidas. Las calles se empezaron a mover, pero no con el 15-M como quiere este discurso hacer creer. Precisamente el 15M fue el inicio de esa estrategia de disidencia controlada o revoluciones de colores que la CIA y los EEUU ha perfeccionado para invadir unos países y simplemente estabilizar a otros ya invadidos (bases de la OTAN). Podemos no podía permitir la dura pluralidad que IU venía manteniendo a pesar de las mil campañas y boicots contra la organización política que reunía a 12 partidos, 12 voces, intentando no hacer demasiado evidente la prioridad del PCE.

Podemos sabía que el precio de esa necesaria pluralidad era demasiado alto: no encajar en el capitalismo, el patriarcado o en el sistema, como quiera llamársele. El sistema no admite pluralidad alguna y por otro lado premia la apariencia de diversidad como hace Podemos. Lo que se viene llamando disidencia controlada: válvulas que permitan expulsar el exceso de vapor de la olla a presión en la que el sistema cocina su explotación y saqueo de los avances que se vio obligado a realizar para rivalizar con el cada vez más popular y poderoso comunismo de antes de la caída del muro.

La estrategia principal que la derecha ha ido perfeccionando desde la irrupción del neoliberalismo Reagan-Thatcher ha sido el consabido “dejad que se devoren entre ellos”. Se ha ido propiciando un canibalismo en la izquierda muy acelerado con la intromisión de caballos de troya o infiltrados que han  jugado a , como se dice en Andalucía, a “malmeter”. Esa estrategia fue parte muy importante de la fatal Operación Gladio de la que hablaré en un artículo venidero.

Pero este canibalismo no fue posible únicamente por las intenciones de Podemos. La propia IU, un sector de ésta, vamos, ha servido en bandeja y sigue trabajando para ello desde dentro a la organización heredera del PCE al núcleo irradiador de la “centralidad del tablero”. No olvidemos que los propios Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero eran asesores (muy bien pagados) de IU. Pablo fue de las Juventudes del Partido Comunista y la última vez que estuve con él fue en la Fiesta del PCE. Desde Tania Sánchez, pasando por el propio Garzón, toda una tropa de “refundadores” han fragmentado el partido hasta el punto de hacerlo prácticamente desaparecer. Claro que el sector que se abanderó como verdadera izquierda y defensores contra el asedio era cualquier cosa menos ejemplar. La mafia, como merecidamente le llaman los que han venido sufriendo sus chanchullos en el partido, de hecho no defendían ninguna ideología, simplemente defendían el negocio y el nido de privilegios que habían montado esos años. A esta, justamente, repito, llamada mafia se unieron Gaspar Llamazares y su Izquierda Abierta que desembarcó a Luis García Montero para disimular la ponzoña que había anidado en IU. Desde entonces se estableció una guerra en el partido por destruir a uno u otro bando.

He tenido que escuchar desde IU —disfrazada absurdamente (no hay que ocultar que en IU hay mucha gente muy buena y digna, la mayoría) de Unidad Popular confluenciada y apocada— que los honestos y valientes del PCE (un saludo a mi admiradísimo Javier Parra del PCPV que debería haber sido el cabeza de lista de Ahora en Común en Valencia pero fue impedido por estrategias nada admirables) que denunciaban el juego sucio de Podemos para no plantear la “confluencia” en igualdad de condiciones, en democracia, no imponiendo su nombre, su “marca”, era ir en contra de la “confluencia”, de la Unidad Popular. Una pena. Pero todos saben que el PCE es el mejor cuadro de un partido, que son los que pegan los carteles, los que trabajan como nadie, los más solidarios (por eso Podemos ha reclutado a los más posibles). El caso es que para esos planes de sumisión estos honestos y decentes del PCE eran un problema. En el caso de Valencia, por ejemplo, sabían que iban a imposibilitar la fusión con Compromís (que ya había destruido a IU anteriormente con técnicas que Podemos ha sabido replicar) y Podemos. Si alguien decente y consciente de su historia como Javier Parra era el candidato no iba a permitir venderse de rodillas a ese pacto que incluye al Bloc, hermano político del muy de derechas CiU. Lo único que buenas gentes como Parra pedían era una unidad en igualdad de condiciones, no imponiendo la desaparición de las siglas de IU e imponiendo las de Podemos. No a la sumisión, sí a la unidad. Pero eso no era aceptado por Podemos y por los que se han pasado el verano perdiendo el tiempo en mil negociaciones, en lugar de trabajar en la simiente de una alternativa real —e inexistente a día de hoy— a este sistema capitalista que tampoco acepta matices: o sumisión o derrota. Como hizo famosa la canalla machista de Margaret Thatcher en su guerra por destruir a los poderosos sindicatos británicos: “Toda resistencia es fútil” (tomado de los terribles Borg de Star Trek).

La propuesta que Podemos ha querido hacer pasar por Unidad Popular, una vez que se ha dado cuenta de que esta era una demanda creciente en la izquierda, ha sido simplemente la sumisión. Desde sus posiciones machistas de puro patriarcado (en Podemos reina un machismo que a veces es caricaturesco, con sus poses de macarra de barrio como garantía de ser “de abajo”… ni acordarme quiero de aquél “eran lúmpenes, gentuza de clase más baja que la nuestra.” de Pablo Iglesias orgulloso de pelearse con unos a puñetazos y poner el peor clasismo a rodar) han tratado todo el tema de la “confluencia” como un señor feudal o cruzado medieval conquistando ciudades y ofreciendo a los infieles convertirse a su religión, renegar de todo trazo de sus antiguas fidelidades religiosas y entonces, rebautizados y sumisos, tendrían un lugar en la mesa… una plaza en mi lista. Sumisión, no Unidad. Yo dirijo todo y tú simplemente me reconoces públicamente como tu emperador, tu guía, tu nuevo mesías o tu superior. A veces cuesta no imaginarse a Alberto Garzón vestido de Cleopatra entrando en Roma con todo boato para someterse a César aparentando seguir siendo un faraón.

Y en esas estamos los de izquierdas a un mes y algo de las elecciones. Eligiendo males para intentar apoyar el menor o decantándonos por la verdadera y única opción de victoria: ignorar este sistema corrupto y trabajar por una disidencia real, por acabar con este sistema e imponer uno nuevo, una alternativa. Ya vale de recámbios y mentiras. Los que lleguen, si es que llegan a  algo, luego nos vendrán como el PSOE con sus “imperativos legales” (que ya ha usado hasta lo ridículo Pablo Iglesias para justificar sus traiciones) o las “garantías de gobernabilidad” para reformar artículos como el 135 de la Constitución y destruirnos de por vida o apoyar la Ley Mordaza veladamente para garantizarse la imposibilidad de crítica.

Me entristece que muy pocas personas estén pensando en el futuro en lugar de garantizarse una poltrona. Hay que plantar la semilla de una alternativa, no limarse para encajar a la fuerza en la jaula electoral.

Cada vez está más claro que la calle es la única salida. La desobediencia, la disidencia, la lucha son el único camino. Como dice el lema mil veces repetidos en manifestaciones cada vez más ignoradas por los medios y esos partidos que han fagocitado ese activismo para convertirlo en votos inútiles.

Y ni digamos ahora que Podemos ha decidido mantenernos de rodillas ante la OTAN con ese nuevo fichaje del militar que orquestó junto a Chacón la ilegal invasión de Libia. Ayer mismo declaraba orgulloso en la Ser junto a Errejón y Mayoral: “La OTAN es necesaria y Podemos respetará los compromisos”. Esto, junto a los argumentos de Podemos de que las bases crean empleo (mucho más empleo crea una guerra o Guantánamo) dan ganas de potar.

Tanto hablar de soberanía y al final nos hacemos una bufanda con todas las líneas rojas.