La represión policial y judicial silenciada

shangaylily

Seguimos sumidos en un delirio antidemocrático que persigue y encarcela a las personas decentes que protestan por las injusticias. Y por desgracia ésta farsa de los atentados de París (terroristas armados por el propio Hollande) servirá una vez más para incrementar la represión del pueblo, tildando de terrorista a todo el que se oponga al silencio de su saqueo, explotación y genocidio. Esa, en conclusión, es la finalidad de todos estos atentados que tan bien le vienen a los represores, a lo bélicos, a los que usan la violencia como negocio.

Por desgracia en España no necesitamos ni esa disculpa. Tanto PP como PSOE han impuesto una mordaza que está cometiendo atrocidades contra personas inocentes. El caso de Fran Molero es uno de los últimos, pero sigue y se suma a una larga tradición. Hace pocos días fueron Víctor Rey y Sergio Patón condenados a seis meses de prisión por cometer “un delito de atentado contra la autoridad” durante una manifestación contra la corrupción en el PP. Que, en realidad, como ellos mismos han declarado: “Nos condenan a seis meses de cárcel por manifestarnos, nos quieren desmovilizar”.

Esa es la realidad: se está condenando y criminalizando a manifestantes para desanimar a protestar. Ni mencionemos la infame Ley Mordaza.

Este entramado criminalizador y ejemplarizante se ha montado con dos frentes institucionales: la policía y los jueces. Unos provocan las situaciones, mienten, crean montajes y los otros les dan la razón. Los banqueros, empresarios fraudulentos y saqueadores siempre son ejemplares, pero un ciudadano gritando en la calle, ah, eso es peligrosísimo.

Porque viendo todas estas condenas uno sólo puede asombrarse de la delicadeza de nuestra policía, porque más bien parecen un viaje del Imserso con problemas articulares y depresivos perdido en un frente de guerra. En los últimos años han sido grotescas las proclamas de policía sádicos que declaraban que tenían que ir al psiquiatra por la violencia de los manifestantes, o al fisioterapeuta porque se hicieron terribles esguinces persiguiendo a peligrosos manifestantes, o brazos dislocados (que nunca son probados) porque un manifestante les hizo daño mientras recibía los puñetazos del pobre policía. Y, desde luego, yo revisaría ese equipo antidisturbios que parece mantequilla ante el primer chaval que escupa en su dirección. Lo que no cuentan, y esto es un testimonio personal, es cómo disparan a ancianos indefensos y personas que se retiran de una manifestación autorizada como hicieron conmigo en el 22M. Balas de goma que te pueden saltar un ojo, pero eso no son agresiones. Es esmero laboral.

Y mientras, Alfon cumple su quinto mes de cárcel tras un juicio sin pruebas y con el único testimonio de unos policías contradictorios, absurdos y ajenos a cualquier control democrático de su cometido.

En estos últimos años se ha perfeccionado una terrible trama policial y judicial para destruir la protesta y el más mínimo ejercicio de las libertades democráticas como la huelga o la manifestación. La última huelga general fue un delirio de condenas, persecuciones y montajes policiales dirigidos a culpar al pueblo por protestar.

Y también está la persecución a los libertarios. Las operaciones Pandora y demás que han derrumbado centros sociales y encarcelado a chicos que han tirado una silla o un contenedor (que esa es otra: los cristofascistas nos quieren hacer creer que tirar una silla es un delito merecedor de cárcel mientras Carromero cometió un homicidio, mató a una persona y como recompensa está cobrando una fortuna como asesor del PP). La persecución al anarquismo tiene larga tradición en España. El movimiento anarquista español ha dado algunas de las más grandes figuras de la lucha del pueblo.

No nos quieren luchando. Nos quieren sumisos y resignados a su patraña electoral cada cuatro años. Y ahora que partidos como Podemos o Ciudadanos han venido a refrescar el capitalismo criminal, incluso parte de IU está intentando reducir la izquierda a una moda pequeñoburguesa que ignore al oprimido y al trabajador (el perdedor en terminología podemita y posIU), la desmovilización crece por días. Quieren que nos conformemos con ver pactados debates televisivos con obedientes peones del sistema que finguen pelearse. Porque ya ni tuitear es seguro.

Pero tenemos que recordar el lema coreado tantas veces: “La lucha es el único camino”. Por mucho que la tele te tiente a creer sus mentiras sobre terroristas, antisistemas y antidemócratas que asedian a demócratas de toda la vida como Rato, Aguirre, Rajoy, Marhuenda y demás patulea franquista que dice que no lo es.