¿Llamáis a esto debate?, así nos va

shangaylily

La pena de ver confirmada la dictatorial proclama de Franco “todo atado y bien atado” 40 años tras su muerte, es el triste logro que esta  función de marionetas del IBEX 35 llamada “debate” de El País nos escupe a la cara. Definitivamente estamos ante lo que ya algunos defienden –con euforia– como la “segunda transición”. Y desgraciadamente parece serlo. Tan falsa, corrupta y renuevasistemas como la anterior. En esta mala secuela, La Transición 2, se vuelve a renovar el sistema y a asegurar a los franquistas, asesinos, torturadores, ladrones, que en la primera salieron indemnes gracias a la premura de políticos y prensa de esconder la realidad y recibir sus bonificaciones por esas traiciones.

Cada vez es más notorio que quien siempre estuvo detrás de toda esta farsa fue EEUU y la CIA para continuar su tutelaje del dictador Franco, al que ayudaron para evitar cualquier entrada de la Unión Soviética y el comunismo en Europa (La Operación Gladio fue diseñada para este boicot del comunismo a cualquier precio), hasta que la dictadura no era lo bastante manejable y, tal como han hecho ahora metiendo el islamismo radical en todo Oriente Medio para crear estados manipulables, diseñaron desde la irrupción y canonización del rey Juan Carlos como marioneta y aliado suyo a cambio de jugosos negocios sucios, el atentado a Carrero Blanco para poner una democracia más moldeable, el ascenso de Suárez, un falangista reaccionario hecho pasar por gran progresista, hasta la creación, promoción e imposición de Felipe González y su PSOE como estrategia final para destruir las simpatías y fidelidades españolas hacia el PCE que se había jugado la vida por esa libertad soñada. La estrategia de esta segunda Transición no es muy diferente. Las tecnologías se han perfeccionado y ahora se juega con dos marionetas que garantizan el doble k.o. a la izquierda: primero a un caballo de Troya ansioso de poder, ego y protagonismo como Podemos. Y cuando ellos ya hayan hecho su parte del juego sucio, ¡tachá!, es Ciudadanos el que va a garantizar un viraje aún mayor a la derecha, los recortes y el saqueo.  Todo eso y mucho más está prodigiosamente documentado y explicado en el imprescindible libro de Alfredo Grimaldos La CIA en España.

Pues bien, la patética farsa de ayer, con un supuesto debate que garantiza la ilusión de democracia, lo evidenció una vez más.

Las ausencias definieron mucho más el debate que las presencias. Y no me refiero a la previsible ausencia del presidente de los aguiluchos disfrazados de gaviotas –el PP, para los más distraídos–, esa ausencia era más previsible que la del papa Francisco el día del Orgullo Gay. A nadie le puede sorprender a estas alturas la soberbia, poca seriedad y desprecio a la democracia más elemental de un partido que ha destruido todos los avances a golpe de decretazos y pasando de explicar nada de su dictadura encubierta. Cuando hablo de ausencias me refiero a dos que especialmente sangraron las mil luchas que hemos emprendido en este Estado disfrazado de democracia:

1- Las mujeres.
2- Alberto Garzón.

Sobre el tema de las ausencias femeninas, como explica el artículo Las mujeres encabezan solo una de cada tres listas del 20-D:

Solo el 34% de las candidaturas presentadas en las 52 circunscripciones electorales por las grandes formaciones (PP, PSOE, Ciudadanos, Podemos y Unidad Popular-IU) está encabezado por mujeres. Desde 2007, la ley impone mantener un mínimo del 40% de los puestos para cada sexo, en tramos de cinco diputados. Los partidos cumplen con este porcentaje, pero las listas, publicadas el pasado miércoles en el BOE, se han confeccionado de tal manera que es menos probable que las mujeres ocupen un escaño en el Congreso.

No todos los partidos siguen el mismo patrón. En los extremos se sitúan PSOE y Ciudadanos. Los socialistas, que adoptan una política de listas cremallera en la que se suceden cada dos puestos hombre y mujer, indistintamente, presentan 26 candidatas como cabezas de lista, el 50%. “La ejecutiva de Pedro Sánchez ha querido extender [la paridad absoluta] no solo al 50% de las candidaturas sino a los cabezas de lista. Es la primera vez que se hace en la democracia”, afirma Carmen Montón, secretaria de Igualdad de la ejecutiva socialista.

El partido de Albert Rivera es el que menos mujeres tiene: sólo una de cada cinco números uno de la formación naranja es mujer. Desde Ciudadanos explican el porqué de su bajo porcentaje: “Como tenemos primarias y son los afiliados los que votan a los dirigentes no miramos el sexo. Estamos en contra de las cuotas porque es un instrumento que no premia la meritocracia y va en contra de la igualdad”, subraya Francisco Hervías, secretario de organización.

Unidad Popular-IU, con 14 mujeres en primera línea (el 27%); el PP, con 18 (el 35%); y Podemos, con 19 (el 37%) están a medio camino entre ambas. En Unidad Popular-IU también justifican con las primarias sus bajas cifras. “No podemos controlar que el resultado de la votación sea paritario, pero sí lo corregimos con las listas cremallera”, manifiestan fuentes del partido. La formación emplea este recurso, aunque no se cumple de forma absoluta en todas sus listas.

La población de España se divide entre un 49,1% de hombres y un 50,9% mujeres. En esta legislatura los varones ocuparon dos tercios del Congreso frente al 36% de mujeres. Una infrarrepresentación de casi 15 puntos. La norma obliga a presentar ternas paritarias, pero el orden de los candidatos es clave: los puestos de salida, en los que los partidos prevén obtener escaños, están copados por hombres y reducen las posibilidades de las mujeres al situarlas en las últimas posiciones.

Pero, unos párrafos después el artículo matiza:

El politólogo Pablo Simón aventura que la brecha de desigualdad durante la próxima legislatura, si se cumplen las previsiones de las encuestas, será mayor por la entrada de partidos emergentes, como Ciudadanos y Podemos, en una Cámara baja muy fragmentada. Estas formaciones, cuyas listas lideran en mayor proporción hombres que mujeres, aspiran a arañar a las formaciones tradicionales algún escaño en las circunscripciones pequeñas y medianas, lo que explica que el Congreso que salga de las elecciones del 20 de diciembre, según Simón, será “uno de los más masculinizados, pese a la ley de paridad”.

A esa discriminación hay que unir una que siempre he denunciado: la tramposa y simplista dicotomía hombre-mujer para analizar la desigualdad y el machismo patriarcal hegemónico. Ese criterio inservible obliga a negar la existencia de mujeres machistas y hombres feministas, de mujeres opresoras o aliadas del opresor y hombres luchadores contra la opresión de la mujer. Con ese criterio, la esclavas agradecidas del PP se han presentado una y otra vez como legítimas defensoras de la mujer, incluso feministas auténticas “aunque moderadas” mientras prohibían el aborto, perseguían a las verdaderas feministas o utilizaban ese discurso confuso para atacar a oponentes de izquierdas. Cuando alguien busca la ruptura con esta opresión hay que hablar de las feministas, porque de las otras, esclavas agradecidas, ya tenemos un batallón reproduciendo la voz de su amo cual muñeco de ventrílocuo. Hay que tener en cuenta, sobre todo, la unión de las luchas que he pedido mil veces para conseguir avanzar. Porque si un gay sólo se preocupa de sus beneficios, estos se convierten en privilegios. Si una mujer sólo mira su mejora social, como hacen las esclavas agradecidas y otras antifeministas del PP, se convierte en privilegio. Si un antirracista olvida a las mujeres o las relega a quedarse en casa (como ocurrió en la bochornosa Marcha del Millón de Hombres) está preservando la opresión. Si el PSOE cacarea sus compromisos con la igualdad de la mujer, pero impone la reforma del art. 135 está propiciando la opresión, desigualdad y pobreza de la población (principalmente, como han demostrado numerosos estudios, la mujer pobre). Si Podemos juega a ser feminista repitiendo, sin saber ni de lo que habla, las modernas y elitistas teorías queer, pero su cúpula es toda de hombres, es más machista que los tradicionales: es machista sigiloso, disimulado, disfrazado de modernidad elitista.

Sobre el segundo punto, la escandalosa ausencia de Alberto Garzón de los principales “debates”, hay casi tanto que analizar. Si se ha optado –y se ha optado– por el capitalista modelo presidencialista estadounidense que premia a personajes sobre partidos (un modelo muy conveniente para los neoliberales que buscan la desideologización y la realitización de la política; centrándose en la vida privada y “encantos” del candidato en lugar de la ideología y programa electoral del partido… las bochornosas descalificaciones de Monedero por lo personal en lugar de lo político de Falangito, errr, Rivera es un ejemplo), ¿por qué se ha excluido a otro de esos personajes mediáticos de la “nueva política” como Alberto Garzón? No incluyo en esta sorpresa, como algunos melancólicos del sainete, al ya confirmadamente difunto UPyD (¡hurra!… aunque los maltratadores machistas están de luto) tras hacer su papel en esto de destruir la pluralidad y cualquier avance hasta que llegó su hermano sabandija mayor, Ciudadanos.

Pero que se esté reiteradamente excluyendo de este y otros debates a un partido con representación parlamentaria, y casualmente el único que ha quedado con un discurso genuinamente de izquierdas y, sobre todo, anti OTAN (a Podemos su lameculerío a la OTAN le ha garantizado una nueva partida en ese videojuego farsa que es esta campaña), por no mencionar que se ha quedado solo criticando la Constitución del régimen del 78 que aseguró a los franquistas en el poder (Podemos también ha incluido a rotundos defensores no sólo de esa Constitución sino de la reforma del art. 135), da mucho que pensar. ¿Seguimos en la Operación Gladio anticomunista con la ayuda de Podemos… armarizar la izquierda? Parece que sí.

En definitiva, lo que está ausente en esta campaña, como en la Transición-Transacción en la que se inspira, es la pluralidad, las alternativas, y eso se concreta en la izquierda. La misma falta de pluralidad que vemos en los medios de comunicación en España. Todos de derechas y con firmes lazos con el franquismo y sus prebostes que permitieron los monopolios de la Transición de los que surgieron estos medios.

Y es que el IBEX 35 y su padre Troika se asustaron mucho cuando en España se dieron las circunstancias para que una alternativa comunista ascendiese por fin, tras todas las trampas durante y tras la muerte del dictador, al parlamento. No es casual que justo cuando IU iba por el 15%, se le pusiesen las alfombras rojas a Podemos, el engendro socialdemócrata, otanista, sistémico que está repitiendo a velocidad rápida todas las aberraciones de Felipe González. Y es que los focos son muy golosos para los trepas.

Al final, el machismo y la comunistofobia siguen siendo dos pilares imprescindibles de ese callejón sin salida en el que nos ha metido el criminal capitalismo. Y la farsa de debate de ayer en la que uno mentía más que el otro para ser el más revolucionario, socialista, renovador mientras con el rabillo del ojo controlaban a sus asesores del IBEX 35 para saber si estaban moviéndose bien al son de los hilos de papa “éxito”, “ganar”, “asimilarse”, “sistema”.

En cierto modo, me alegro de que Alberto Garzón no estuviese en esa jaula de oro. Por otro lado, la pantomima cada vez es más evidente. La izquierda sigue en el calabozo disfrazado de “poco razonables”. Como Pablo Iglesias se harta de decir “retozando en el fracaso”. Veremos cuando progresivamente le vayan quitando la alfombra roja (algo que ya ha empezado) qué disculpa nos ofrece el núcleo irradiador.