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Del PP al POPO, perdiditos

21 nov 2011
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Crecer siendo homosexual te hace depender del humor como los peces dependen de sus branquias: si vives sumergido en los mares de la discriminación es cuestión de supervivencia. Cualquier minoría descubre esto pronto. Así que ayer sentí un orgullo enorme cuando en twitter, en medio de una nueva sarta de insultos cristofascistas y chulerías varias (el facherío estaba muy crecidito ya antes de que se cerrasen los colegios electorales), recibí un tuit con un enlace sin más. Cuando abrí en el enlace, este fue el vídeo que encontré:

Casi me caigo de la silla de la risa. Inmediatamente pensé: “mientras tengamos esta inteligencia, no van a poder con nosotras” (sí, cuando se habla de activistas luchadores se emplea siempre el plural femenino/feminista mayestático). Y, una vez más, me devolvió el otro mecanismo de supervivencia que los diferentes, los minoritarios, los raros, los que no somos mayoría aunque lo seamos, hemos aprendido a atesorar como un cardiaco su pastilla de nitroglicerina: “relativizar”.

Y entonces apareció Mariano Rajoy, cual niño de San Idelfonso que “canta” el Gordo. Y su canto/discurso fue tan blindado, tan gris e institucional, que ver crecer el cesped de entre las losetas de mi acera me pareció una aventura trepidante. Su discurso se debería vender en comprimidos de 5mg para combatir el insomnio, pensé.

De entre toda la retahíla de lugares comunes y odas a la burocracia más anodina que aquél hombre impertérrito desgranó en lo que llamaban discurso, me llamó la atención una sola cosa: el cinismo de Rajoy erigiéndose en el paladín de los desfavorecidos, pobres y enfermos de repente. “Pensaremos en ellos antes que en nadie”, afirmó pomposo. Inmediatamente quedó patente que, gracias a su aplastante victoria, el PP ahora iba a pasar a ser puro POPO. No, no me refiero a la defecación que muchos ven en ese particular conglomerado de franquistas reciclados, empresarios corruptos y opusdeistas obligados a vivir en democracia, sino en las siglas del Partido Obrero POpular (POPO), ese nuevo partido tan preocupado por los parados que ahora quiere presentar Rajoy como panacea de todos los sufrimientos causados por el PSOE y Zapatero (en exclusiva, ya sabemos que la crisis mundial, la especulación germana y las cláusulas leoninas del FMI o el BCE ya no existen en España desde hace 3 años). POPO, Partido Obrero Popular, eso es lo que Rajoy ha revelado como primer acto presidencial. “El partido de todas las minorías”. Y esto después de recurrir los derechos de todas esas minorías en el Tribunal Constitucional. ¡Alehop!, el poder ha transformado al partido elitista, hundido en corrupción hasta las cejas, en un partido al servicio de las injusticias, los pobres y el pueblo llano. Y Ana Mato sufriendo por su Jaguar que ahora tendrá que cambiar por una camioneta de trasladar a desahuciados hipotecarios.

Aunque también me gustó el momento “Les invito a…”. Pude ver que la masa de dondevavicentes que se había reunido frente a la sede popular de Génova contuvo el aliento expectante. ¿A una ronda?, se preguntaron los más fiesteros, precalentados por ese infame DJ, talifán de Lady GaGa, que contrataron para devolver el perfume a verbena de pueblo a la capital. ¿A un cargamento de tijeras para recortar derechos desde ya?, pensaron los más melancólicamente franquistas… ¿A un camión de lejía para desteñir las jodidas camisetas verdes esas de la educación pública que no me dejan en paz ni en las mesas electorales aunque las prohíba?, pensó ufana Espe Aguirre (colada en el balcón en un último intento de congraciarse con un sector del partido al que ha espiado, atacado, despreciado y ridiculizado). Pero resultó que a lo único que invitaba Rajoy el Sobrio (de repente estaba casi virreynico), era “a compartir esa confianza”. Sí, hombre, la confianza de que ahora no he dicho nada de lo que he dicho. Vamos, para entendernos, a una ronda de “Donde dije digo, digo Diego”. Que va a ser la bebida más popular en los próximos años.

Y para empezar con la ronda de invitación, ¿para qué esperar a mañana? Don Rajoy el Sobrio, en el mismo balcón ya se apresuró a sacar la goma de borrar (que parece va a ser su programa real) y afirmó un angustiado “No va a haber milagros” que a más de uno nos sonó a disculpas por adelantado.¿Pero no ibas a arreglarlo todo si ganabas, Mariano? Se preguntó el votante cegado por las mil promesas peperas y las culpas a Zapatero para apresurarse a votar por “el cambio”. Pues si no va  a haber milagros… ¿qué cambio es este?, empezó a inquietarse el enfervorecido votante de clase media que había entendido en Intereceonomía, leído en La razón, escuchado en la COPE, que en cuanto ganasen, los gays iban a desaparecer, el Orgullo no iba a gastarse el Tesoro del Estado íntegro en tangas de lentejuelas, plumas y besos impúdicos… y las mujeres que abortaban en clínicas de oro pagadas con el erario público ya iban a  desaparecer o las leyes de igualdad que habían agotado todo el dinero de España sacando a las mujeres de las cocinas y de debajo de los insultos machistas, ya no nos iban a seguir robando el dinero de la crisis, y Botín iba a poder regalar el dinero que Zapatero no le dejaba regalar, y la asignatura de Educación Para La Ciudadanía ya no iba a causar millones de parados porque… porque… bueno, ellos sabrían por qué… ¿Pero si esto va a seguir parecido, para qué he votado yo?, se cuestionó horripilado el empresario que ya había podido despedir a toda su plantilla y sustituirla con emigrantes sin papeles (cada día más difíciles de encontrar, los muy canallas, desde que se habían enterado de que en España el trabajo era sólo para los españoles). Si lo que nos prometes sólo es poder explotar al trabajador sin pagar casi nada y hacernos un ERE, aunque hayan subido nuestras ganancias, y de paso recibir una subvención… ¡eso ya lo teníamos con el PSOE!

Pero algunos votantes, los más aplicados, entendieron rápidamente que, aunque nada iba a cambiar en lo económico, ahora iban a poder desahogarse insultando a las “marimachos”, “mariconas”, “negros”, “rojos”, “travelos”, “putas feministas” y “mujerzuelas” del pueblo.

Y eso consuela mucho, oye.

Tu fe es un chiste

28 abr 2011

Yo podría decirlo con otras palabra, pero no podría decirlo mejor. Os dejo con un monumento al sentido común y la razón que debería ser de obligado visionado y lectura en clase.

Tu fe es un chiste por Pat Condell

«Si criticas la religión, entonces de vez en cuando alguien te dirá con bastante desaprobación: “Tú podrás no tener fe en Dios, pero podrías mostrar algo de respeto por los que sí la tienen”. Y quizá acabes pensando: “Bueno, tal vez tengan razón. No hará daño a nadie mostrar un poco de respeto”. Después de todo a nadie le gusta que le digan sin rodeos que su religión es una estúpida basura ilusoria y una fuerza maligna para el mundo; que lo que ellos llaman fe no es más que miedo disfrazado de virtud, y que sus creencias más puras son una camisa de fuerza para la humanidad. Eso es suficiente para cabrear a cualquiera.

De modo que sí, quizá podría mostrar un poco más de respeto. El único inconveniente es que en realidad no siento ningún respeto. Lo he intentado, de verdad, y me siento realmente mal por ello, pero simplemente no está ahí. Supongo que podría mentirme a mí mismo y fingir, por el bien de los sentimientos de la gente, porque todos sabemos cuán delicados y tiernos pueden ser en estos tiempos, pero la cruda realidad es que no me importan sus sentimientos en absoluto. Ni lo más mínimo. Y por supuesto que me doy cuenta de que podría pesar sobre mi conciencia, pero por suerte mi conciencia sabe cuándo está siendo intimidada y manipulada, así que tampoco importa. Mi conciencia sabe que no hay razón alguna para que nadie en este planeta respete la religión de ninguna manera.

Efectivamente, basándonos en las pruebas, la religión misma ofrece en gran abundancia todas las pruebas para faltarle al respeto activamente hasta el punto del insulto descarado. Y, francamente, el hecho de que la religión reciba tan pocos insultos, comparado con lo que realmente merece, sólo puede atribuirse a la increíble tolerancia, moderación y buenos modales de los ateos y laicos en todas partes.

Así que si eres una persona religiosa y estás pensando en exigir más respeto para tus creencias, por favor, intenta tener presente que tú y tu religión estáis recibiendo mucho más respeto del que nunca habéis merecido. Tu fe es un chiste. Tu Dios es un chiste. Es tan absurdo que es una vergüenza incluso para la gente que no cree en él. Y tanto él como tú aún tenéis que demostrarlo todo. Hasta ahora, ninguna prueba ha sido aportada, y no parece que se vaya a aportar ninguna, como todos sabemos bien. Así que el respeto, me temo, es impensable. A lo más que podéis aspirar es a una divertida incredulidad. Y eso en un buen día.

La gente dice: “Bueno, sólo puedes entender la fe de verdad cuando tienes fe”, lo que yo creo que significa: “cuando anulas tus facultades críticas y te hipnotizas a ti mismo para creer en una sarta de estupideces fascistas sobre tu alma eterna, y entonces entenderás la fe”. Bueno, eso sí me lo creo.

A los vendedores ambulantes de la fe les gusta considerarse incuestionables afirmando que su fe trasciende la razón. Justo quien le pediría cuentas. Qué conveniente. Sí, la fe trasciende la razón como un criminal trasciende la ley. La palabra “trascendente” es muy popular entre los estafadores religiosos, porque así no tienen que explicar exactamente lo que quieren decir con ello, aparte de un impreciso estado superior de comprensión más profundo que la simple razón, que es cruda y simplista comparada con las sutilezas y profundidades de la creencia sin pruebas. Si oyes a un clérigo -y lo harás- usar la palabra “trascendente” para explicar el sinsentido en el que afirma creer, entonces sabes dos cosas. Una: no sabe de lo que está hablando. Y dos: tampoco quiere que tú sepas de lo que está hablando.

La fe no trasciende la razón para nada. La fe esquiva la razón. Huye de la razón porque la razón amenaza su cómoda burbuja de ilusión. Así que la fe descalifica a la razón del mismo modo en que un juzgado penal holandés descalifica la verdad y los testigos. Y por la misma razón.

Si eres un creyente, tu fe te permite adoptar una serie de creencias que no tienen ningún sentido, sabiendo que no serás juzgado por si tienen sentido o no, sino por el nivel de piedad que muestres al creerlas. En otras palabras, tu disposición para negar la realidad se convierte en una medida de tu virtud. Con razón la religión es tan popular, pero qué precio se paga por esta virtud.

Te han convencido de que creer en lo imposible es tu única esperanza (¿cómo sucedió eso?), y de que tu propósito es adorar algo más allá de tu comprensión definido por y sólo accesible a través de auto-designados intermediarios. Tus pensamientos, tus palabras y tu identidad ya no son decisión tuya, sino que están sujetos a la aprobación de aquéllos que han asumido autoridad sobre ti a través de tu fe, de la gente que te ha dicho que has nacido con algo malo (¡venga, hombre!), en un estado de pecado, nada menos, una enfermedad que sólo puede ser curada mediante la completa sumisión y obediencia a ellos (¡sorpresa, sorpresa!) desde el momento en que naces hasta el momento en que mueres. Y si todo esto no halaga tu ego (¿por qué iba a hacerlo?), no te preocupes. Podemos ponerle un nombre especial para que te haga sentir mejor y convencerte de que aún te queda algo de dignidad: llamémoslo “fe” y considerémosla la más alta y más noble y profunda de todas las virtudes, y finjamos que viene de dentro, cuando todos sabemos que en tu religión no está permitido que nada venga de dentro, ya que eso te daría fuerza y libertad, las dos cosas que tu religión quiere tan lejos de ti como sea posible.

La fe es el dominio que el clero tiene sobre ti. Es la soga invisible alrededor de tu cuello que te arrastra a lo largo del camino que ellos quieren que recorras para su beneficio, no para el tuyo. Es una palabra callejón sin salida. Es una palabra de esclavitud. Es una palabra que te deja creer en lo que te han dicho que creas sin que sientas que te han dicho en qué creer, pero lo han hecho, y puedes dejar de fingir cuando quieras. No es una virtud. Eso es lo último que es. Es una renuncia a la realidad. Es un tonto acto de auto-hipnosis. Es un pretexto cobarde. Es credulidad con un halo, y esconderse tras ella es como fingir ser inválido.

Así que no entiendo exactamente qué es lo que se supone que debo respetar. Me parece que necesitaría ser una especie de contorsionista moral para respetar algo tan nocivo, algo cuya existencia depende de una mente cerrada y que claramente está arrastrando a la humanidad en la dirección equivocada, y dándonos ideas falsas sobre nosotros mismos y sobre la naturaleza de la realidad. Siento que si respetara eso estaría contribuyendo innecesariamente a la estupidez y la ignorancia de la raza humana, y eso es algo que no quiero sobre mi conciencia.

No te ofendas.

Paz.»

(Traducción: El burdel del delirio)

Y aquí tenéis al propio Pat Condell diciendo esto en un video. Es una maravilla.

Gracias, Pat. Algún día esas mafias del Pensamiento Mágico caerán y entonces la raza humana evolucionará junto a la tierra, con la tierra, amando a la tierra.