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¿Habrá cancaneo en los confesionarios del Retiro?

17 ago 2011
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De toda esta costosa excursión a la Edad Media que son las Jornadas Mundiales de la Lobotomización, er, perdón, Juventud (Católica, se les ha olvidado mencionar en su empeño manipulador), llama la atención el hecho de que las dos primeras hayan tenido lugar en dos capitales mundiales de la comunidad gay: Sídney en 2008 y ahora Madrid. ¿Es una casualidad o más bien subraya esa hipócrita, complicada y cainita relación del catolicismo con la homosexualidad?

Yo no creo que una institución que ha hecho una carrera de perseguir en público lo que promueve en privado, sea ajena a esta nueva oportunidad de perseguir a sus víctimas favoritas (junto a las mujeres, por supuesto). Pero, claro, fiel a su estrategia lo hará “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Y es que a la Iglesia le encanta lo de la doble moral: “haz lo que digo, pero no lo que hago”. La hipocresía, la mentira, la manipulación forman parte de los cimientos de esta institución dedicada a promocionar el miedo y la ignorancia. Y si en algún tema ha quedado cada vez más ridículamente patente la doble moral de la Iglesia Católica, ha sido en su relación con la homosexualidad. En los últimos siglos se ha empeñado en negar la existencia de una realidad que, curiosamente, florece en su seno cual amapolas en primavera, con el mismo empeño con el que la ha escondido, especialmente cuando se trataba de pedofilia (Benedicto XVI ocultó a sabiendas muchos casos de pedofilia, por no mencionar la escandalosa protección del pedófilo fundador de los Legionarios de Cristo Marcial Maciel por Juan Pablo II y Benedicto XVI).

Pero esa misoginia, esa negación de la sexualidad más básica y esa antinatural segregación ha convertido a la Multinacional del Más Allá en una verdadera cantera de homosexuales tan torturados como motivados por el continuo roce, la exaltación del fetichismo más homoerótico (bordados prodigiosos en oro y perlas) y  el mimo de una erudición que tradicionalmente ha estado unida al alma homosexual.

Por eso resulta chocante que esos mismos homosexuales reprimidos (hay rumores que apuntan hasta a la cúpula papal) se esmeren en perseguir, torturar y aislar a los que simplemente viven con naturalidad una realidad que ellos ocultan tanto como disfrutan.

Esta extraña simbiosis queda patente, por ejemplo en la localización elegida para plantar los 200 confesionarios que el Ayuntamiento nos ha impuesto a los madrileños ateos, laicos o de otros credos: ¿Es casual la ubicación de los confesionarios en el Retiro o algún obispo se ha informado de la larga tradición de “cancaneo” en la zona y ha querido facilitar a los sacerdotes y jóvenes su iniciación en la tradicional relación amor/odio con lo homosexual que la Iglesia ya ha convertido en marca de la casa?

Para los que no conozcan el término “cancaneo”, me permito dejaros un fragmento de uno de mis monólogos teatrales, incluido en “Burgayses”, que creo que explica bastante bien el fenómeno:

Cuando gay.com abrió el primer chat gay de Internet los maricas andábamos tirados por las calles, los parques y los urinarios. Rindiendo culto a Nuestra Señora del Cancaneo. Si algún hetero —o algún marica ignorante de su pasado— al escuchar la palabra cancaneo acaba de visionar a un grupo de maricas peludos levantando las piernas entre frufrús de gasa al ritmo de un can-can mientras se intercambian recetas de tiramisú, que se olvide. El cancaneo podía llegar a esos extremos de absurdez y a muchos más pero en realidad está más relacionado con los hábitos sexuales del perro o can (can-caneo) y su irrefrenable tendencia a cubrir sus necesidades eyaculatorias en sitios públicos… y es que hay que entender que el cancaneo se remonta a los tiempos de la clandestinidad y, claro, entonces no había ni locales ni tiempo para relacionarse con otros maricas antes de la primera pedrada.

No, en los tiempos de la clandestinidad para ligar había que encomendarse, como mínimo, al Niño Chapero de Praga, que dicen que es milagrosísimo y se la levanta hasta a los turistas alemanes de 90 años con impotencia terminal. Aunque para milagroso San Plumífera de Padua, que tener pluma siendo hijo de Mussolini y sobrevivir después de hacer un desfile con tacones tiene mucho mérito… De todas formas mi favorito siempre ha sido Santa Evidente de Teherán, porque ser evidentemente marica en Irán y que no te ahorquen, eso sí que es milagroso. Muchos desconocerán la existencia de todos estos santos mártires del cancaneo y creerán que este culto es muy reciente. Se equivocan, el cancaneo es más antiguo que el catecismo de Fraga Iribarne, especialmente el cancaneo en baños.

Pues resulta que uno de los mayores santuarios de ese cancaneo o cruising se encuentra en el Retiro. ¿Casualidad? No lo creo, repito. Sobre todo si a esto le sumamos el hecho de que los confesionarios recuerdan, en miniatura, a otra de las grandes instituciones del mundo gay: el cuarto oscuro. “Los confesionarios son mini-cuartos oscuros”, decía yo hace poco (hasta que vi ese horror de especie de tablas de windsurf que han plantado en medio del Retiro en lugar de los tradicionales mini-cuartos oscuros con su celosía y todo que tanto morbo habrían propiciado). Así que plantar cuartos oscuros en una zona de cancaneo me parece demasiada casualidad para no ser un guiño de algún obispo muy “entendido” en nuestra rica cultura sexual. Gracias, resaláo, el próximo Orgullo Gay os lo devolveremos poniéndonos vuestros faldones que tan bien ocultan las erecciones. Pero vosotros ya lo sabéis todo del Orgullo.

Que esa es otra: ¿de dónde viene esa obsesión de los católicos de sacar el Orgullo Gay a relucir en cada cuestionamiento que se les haga? ¿Es que vamos a ver al Papa pasear en una carroza leather con porno-monaguillos? Porque mira que se ponen pesados los cristofascistas en su empeño en justificar todos sus excesos comparándolos con el Orgullo Gay. Desde Ana Botella con su absurda “manifestación antigay” (¿qué otra cosa se puede esperar de esta señora de?, si no sabe distinguir entre un grupo ilegal que ataca a la constitución y fomenta el odio, un delito, y un grupo legal que se manifiesta por su laicismo y aconfesionalidad constitucional que se está vulnerando, mal vamos), hasta Gallardón declarando que apoya el Orgullo cuando lo ha perseguido y equiparándolo con Photoespaña (amos, que), pasando por el fascista Henriquez de Luna del Partido Popular (parece que esta amenaza homófoba es una táctica consensuada en el PP) que también plantea que la posibilidad de hacer una marcha antigay es otra cosa que homofobia, violencia y odio a una parte de la ciudadanía a la que el PP quiere recluir en las mazmorras o los hospitales, mientras que los laicos somos muchos que estamos viendo nuestros derechos pisoteados y por eso nos manifestamos.

Pero da igual, “Pues el orgullo Gay…” es el argumento favorito de quienes no dudan en argumentar desde el odio, la sinrazón y la homofobia, ignorando que lo poco o mucho que el Orgullo haya conseguido ha sido desde lo privado, tras siglos de opresión y con la frontal oposición de las instituciones.

Hay que ser muy maniqueo, falsario y populista para intentar equiparar la displicencia con la que el Ayuntamiento y la Comunidad han tolerado una convocatoria que ingresa millones de los bolsillos de particulares, a los que se pone todo tipo de zancadillas y dificultades (desde el empeño en llevarnos a la Casa de Campo hasta los itinerarios surrealistas que algunos años se han intentado imponer para imposibilitar que el evento brille), con un evento forzado desde arriba, impuesto por la oligarquía católica con el dinero de todos, pretendiendo una significación del catolicismo en España que hace mucho que sólo es un mal recuerdo del pasado para la mayoría y que tiene como único objetivo intentar atacar a los grupos tradicionalmente perseguidos por la Iglesia: mujeres (aborto) y homosexuales (Matrimonio).

Por no mencionar la escandalosa mentira que se ha dicho desde el gobierno para justificar y esconder su favoritismo y gasto público declarando que en el Orgullo Gay se rebajan los transportes… MENTIRA. Basta con leer este artículo titulado: La visita del Papa no sale gratis, para darse cuenta de cómos e está regalando dinero del contribuyente a la Iglesia de forma escondida y que durante el Orgullo no se regala ni la emoción. O, como explica concisamente el subtítulo del artículo: Los organizadores presumen de coste cero para el contribuyente. No hay subvención directa, pero sí rebajas en transporte y cesión de edificios públicos.

Si a esto le sumamos la segregación de los peregrinos en los  albergues, tenemos el escenario perfecto para que las JMJ acaben siendo las siglas de Jornadas Mundiales del Julai.

Y es que no sé qué obispo satirillo ha sido el que ha decidido que los centros de acogida sean segregados y amontonen a los adolescentes con las hormonas en ebullición con los de su mismo sexo. Al menos las que visitó un amigo periodista que me subrayó que las duchas son comunes y sin separación alguna…. ¿se ducharán los lozanos peregrinos con bañador o exhibirán su pastoral desnudez a sus compañeros entre lascivas burbujas de jabón y seductores roces de cuerpos? Creo que la Iglesia sigue haciendo una labor imprescindible a favor de la homosexualidad, así que, al igual que la derechona que ha descubierto toda una cantera de votos en los gays a los que persigue tanto como corteja, deberían rendirse al encanto de su labor homoproselitista y abrazar a su verdadero rebaño.

Por último aclararle a la horda de cristofascistas que piensen insistir en lo de “marcha antigay” que atacar a un gay es un delito tipificado, un acto de discriminación contra un ciudadano al que, por suerte, la constitución ya protege y reconoce el derecho a ejercer libremente su sexualidad, mientras que la marcha laica es una protesta por el derroche sin consultarnos de nuestro dinero, es un derecho de manifestarnos.

Y por si alguien lo duda: sí yo asistiré el primero esta tarde a la Marcha Laica que partirá a las 19.30 horas de Tirso de Molina. Seré uno de los que lleven la bandera gay, por si quieren compararnos con el Orgullo… Orgullo Ateo.

Resucitad el Orgullo Gay

02 jul 2011
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Murió de éxito, de especulación, de vanidad, de complacencia.

El Orgullo Gay era un ser mitológico,  invencible, un misterio encerrado en una reluciente armadura (muchos rumoreaban que era una mujer harta de las limitaciones sociales, otros aseguraban que era un hombre sin miedo a definir su masculinidad en sus propios términos) que, subido a su fiel alazán, había superado mil lances, mil enfrentamientos, mil batallas, mil complots tramados en cortes corruptas e inmovilistas, obsesionadas con mantener el viejo orden a cualquier precio. Pero nada pudo con su valentía, su honestidad, su coraje…

Hasta que un grupo de comerciantes, avariciosos representantes de la recién nacida burguesía, decidió aprovecharse de aquél halo legendario, de su popularidad, del inmenso amor que le profesaba el pueblo maribollo. Se ganaron al Orgullo Gay engañándole, prometiéndole mil victorias, convenciéndole de que su lucha estaba en realidad en la corte, integrándose, asimilándose, siendo uno más. Le juraron que eso era lo que su pueblo maribollo quería: ser como los tiranos que les habían oprimido.

Y Orgullo Gay creyó en aquellas palabras. Creyó que aquellos comerciantes eran la voz de su amado pueblo. No sabía que esos impostores habían amordazado a todo aquél del pueblo maribollo que se opusiese a su plan. Y aceptó acudir a las mil fiestas, desfiles y celebraciones que los comerciantes organizaban en su honor. Aunque ese no fuese su mundo. Aunque a ella/él aquello le resultase muy incómodo. Lo mío es la lucha, no estas fiestas, repetía nervioso. La visibilidad es más importante que la lucha, le dijeron.

Y así parecía. Nadie se extrañó cuando se quitó su reluciente armadura de batalla y bajo ella descubrieron a un bellísimo ser que era tan hombre como mujer, tan viejo como joven, tan enclenque como fornido, tan amanerado como sobrio. Paseó aquella deslumbrante estampa por todas las fiestas que los  comerciantes le recomendasen. Y su presencia generó una verdadera industria. Orgullo Gay se convirtió en una valiosa marca, un monopolio que sólo los comerciantes gestionaban. Y el pueblo maribollo, que por primera vez tenía un modelo en el que mirarse, al que emular, no dudó en financiar aquella nueva corte dentro de la corte.

Los años pasaron y las guerras empezaron a pasar al olvido. Todo era fiestas, fotos, distracción… Orgullo Gay no daba abasto. Hasta que un día se encontró gordo, caprichosa, mayor, alcoholizada, enganchado a las últimas drogas de diseño, a una lujuriosa vida sexual que no llenaba el vacío de su antiguo compromiso. Su corazón no resistió tanto exceso, tanta indolencia, tanta indulgencia. Se paró en uno de los numerosos festines a los que habitualmente era invitado. Nadie pudo (o quiso) hacer nada, aquél Orgullo ya no era el que admiraban antaño. Era un tirano caprichoso y ególatra que sólo acumulaba pertenencias.

Y de repente volvió la guerra, las antiguas cruzadas en nombre de un dios iracundo, falso, excluyente. Un dios inventado por los antiguos señores feudales para justificar sus desmanes. Querían restaurar el Antiguo Régimen.

Y los comerciantes, como no podían decirle al pueblo lo que habían hecho con su amado Orgullo, decidieron embutir su cadáver en la antigua armadura y pasearlo por las calles como si nada hubiese ocurrido. Pero la derrota cada vez era más evidente. Los enemigos, sin oposición, habían empezado a derrumbar todo lo construido. Especialmente el espejismo de igualdad. Los empresarios se limitaban a añadir cada vez más carrozas, más bufones, más juglares, más distracciones que disimulasen la derrota. Y a pedir que se luchase por mantener sus negocios. Pero nadie recordaba ya cómo se luchaba. Sólo sabían celebrar…

Resucitad el Orgullo. Resucitad su importancia como celebración de nuestra lucha, como recordatorio de quiénes somos, de quienes no nos permiten ser. Resucitadlo como herramienta de combate, no como negocio de unos pocos. Necesitamos a esos activistas a los que habéis boicoteado todos estos años de bonanza por denunciar vuestras manipulaciones. Para que animen a todos a que salgan a la calle a luchar, a reivindicar, a recuperar todo lo que nos van a robar. Poneos en forma. Recordad vuestra historia, vuestros activistas, los sacrificios… que los derechos no se regalan, se conquistan. Luchando.

Porque ese es el verdadero significado del Orgullo Gay: llamar a la lucha, permitir a nuestro pueblo reponer unas fuerzas que van a ser muy necesarias el resto del año, para enfrentarse a las mil agresiones homófobas que nos esperan en cada esquina de nuestra vida, desde el colegio (la gran batalla pendiente) hasta la oficina, pasando por la familia o por un simple beso. Necesitamos tener  guerreros preparados y dispuestos a enfrentarse a la invasión reaccionaria, censuradora, dictatorial que se nos viene encima. Ya no hay nada más que celebrar. Ahora hay que reconstruir esa maquinaria activista, luchadora, que habéis destruido todos estos años.

Porque, como dice un amigo: “Antes con el Orgullo te daban una copita de orgullo activista que te servía todo el año, ahora te dan una copa de evasión, de entretenimiento, de vergüenza de ver lo que hemos hecho con el sacrificio de tantos millones de activistas”.

Pero eso era antes de que esos empresarios manipuladores lo convirtiesen en un Orgullo Gaypitalista, centrado en animarnos a asimilarnos, a comprar nuestra aceptación, a rendirnos a “los mercados”…

Resucitad aquél Orgullo, el de todos, porque lo vamos a necesitar.

Y, por lo que más queráis, usad condón. Que el Orgullo no siga siendo una ocasión para contagiarse por culpa del exceso de drogas y la bajada de guardia festiva. El sida aún mata.

Nueva York 42 años después

25 jun 2011
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Yo viví casi una década en Nueva York, así que haber sabido esta madrugada que el senado ha aprobado el matrimonio gay 42 años después de las revueltas de Stonewall ha sido un momento muy emocionante.

He seguido atentamente el proceso y me emocionó especialmente ver anoche a una multitud reunida delante del mítico Stonewall Inn, el local en el que se originaron las revueltas que se celebran el Día del Orgullo Gay. La emoción y reverencia se podían palpar.

Por supuesto recordé a mi san Judy Garland (cambio los géneros hagiográficos por eso de discutir el heterocentrismo, el Patriarcado y lo normativo, para los que no me conozcan). Ella fue la principal causa de aquellas revueltas. Nunca lo supo, pero su muerte fue un golpe durísimo para la comunidad LGTB que la había convertido en su santa patrona hacía mucho ya. Su ejemplo de enfrentamiento a los prejuicios, de personalidad tan carismática como controvertida, de talento innegable y continuos guiños gays, la puso en aquél pedestal del que ya nunca se ha bajado.

Cuando murió, la comunidad LGTB se sintió huérfana y no estaba para tonterías. Así que la ocurrencia de aquellos policías de hacer la habitual redada en el Stonewall Inn con san Judy de cuerpo presente fue una mala idea. No contaban con que la mayoría de las transexuales, bolleras camioneras y maricas allí reunidos habían pasado el día guardando cola entre lágrimas en la funeraria Campbell para ver a la santa, san Judy, recién traída de Londres, donde murió el 22 de junio.

Cuando el jefe de policía ordenó que se apagase la gramola en la que llevaba todo el día sonando sin parar el Over The Rainbow de san Judy, himno oficioso de la comunidad gay, los maricones, bolleras y transexuales allí presentes dijeron hasta aquí hemos llegado. Atacaron a la policía e impidieron que apagasen la voz de san Judy. Aquello degeneró en las revueltas que parieron nuestros derechos, la primera vez que tuvieron que respetarnos. Había llegado el momento, no íbamos a tolerar más humillaciones, más patadas arbitrarias, más cabezas sumergidas en el barreño de los vasos sucios con peluca incluida, más desnudos frente a todos para contar si llevábamos las reglamentarias cinco prendas de nuestro género, más sobornos para poder operar locales infectos sin agua corriente y sin luz… eso se celebra el Día del Orgullo Gay.

Por eso fue tan emocionante ver a esta multitud reunida frente a lo más parecido a nuestra Mecca que exista: el Stonewall Inn. Esperaban allí el resultado de la votación.

42 años después de esas revueltas el senado ha aprobado el matrimonio homosexual con la ayuda de 4 honestos republicanos que han votado contra su partido y se han unido a los demócratas.

Que se haya aprobado a sólo 3 días del Día del Orgullo Gay ha sido realmente mágico. La mejor celebración posible. Y ha permitido la magia de ver esta noche el Empire State Building por primera vez en la historia iluminado así como saludo a la comunidad LGTB. Sólo el día del Orgullo lo iluminan de lavanda, pero hoy han puesto toda la bandera del arcoíris. El arcoíris de san Judy.

Al ver esto lo primero que he pensado ha sido, de nuevo, gracias Zapatero, gracias de nuevo porque nosotros hemos estado por delante de todos ellos y pareció tan fácil.

Y ya pueden los facistrolls ponerse a bailar unas bulerías manipuladoras en los comentarios, a intentar acogotarme con insultos y acoso, que yo mantengo lo que cualquier persona culta, inteligente y con criterio mantendrá: gracias Zapatero. Como feminista, maricón y rojo, te agradezco aquella primera legislatura que nos puso por delante de todos. Y si la derecha sigue queriendo borrar todo y quitar el foco de su corrupción, su fascismo y su asquerosa falta de integridad, es su problema. Tranquilidad, los lobos pueden acosar al rebaño pero no somos ovejas, somos valientes luchadores.

PD: Sobre la anterior entrada me entristece que muchos sigan manipulando para no hablar del problema importante, esa guerra intestina en la izquierda, y sigan con el debate de si los anarquistas o los comunistas o yo o los otros. No les sigáis el juego, los comentaristas cristofascistas no tienen argumentos y sólo conocen la confabulación sibilina, la difamación, el griterío y la crispación. Enfanga el fondo para que no se distinga a corruptos de honestos. Pero yo tengo una ducha divina, queridas. Me quité su lodo hace tiempo.