El burka y los moratones

17 Jun 2010
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Partiendo de la base de que nadie (excepto quienes lo imponen a sus mujeres) está a favor del burka, ¿por qué muchos progresistas están en contra de la prohibición del burka en España? Las razones son variadas, pero una frase pronunciada hoy por un buen amigo me parece el mejor resumen: “Prohibir el uso público del burka para evitar la discriminación de la mujer es como prohibir los moratones para erradicar el maltrato”.

En España sólo ha logrado documentarse una decena de casos de uso público del niqab, el velo integral casi tan denigrante como el burka. De esta prenda, en cambio, no hay constancia alguna de que esté siendo utilizada por ninguna mujer en nuestro país. De hecho, los periódicos utilizamos imágenes de mujeres afganas cubiertas con burka para ilustrar las informaciones sobre su prohibición en España. ¡No tenemos ninguna de aquí!

Que lo sufran apenas diez mujeres, sin embargo, no sería razón suficiente para no molestarse en legislar contra su uso. Pero es que, de hecho, el “uso público del burka” tal como lo están prohibiendo un puñado de ayuntamientos (Barcelona, Tarragona…) ya está prohibido. La ley no permite asistir a un juicio, inscribirse en padrón o recibir clase en la universidad con el rostro totalmente cubierto, ya sea con burka, con pasamontañas o con casco de motorista, ya lo haga un hombre o una mujer.

Si de lo que se trata es de proteger a la mujer vejada por un marido que le impone esa prenda denigrante, también hay ya legislación suficiente. Basta con dejar de pensar en multar a la mujer y perseguir al hombre que la obliga a vestir así. En definitiva, que la maltrata, porque de eso se trata el burka. La denuncia pública del caso es la mejor vía, igual que ocurre con la violencia de género.

Así que conviene que el debate no se saque de quicio. El primero que debe reflexionar es el Gobierno, que parece verse arrastrado por una marea antiislamista sin recapacitar en que el islam no impone esa prenda. Lo hacen algunos de sus fieles más radicales a los que sí cabe perseguir. La regulación del uso del burka no tiene, pues, cabida en la Ley de Libertad Religiosa que prepara el Ejecutivo, no debe considerarse un símbolo religioso.

En el fondo de todo esto, subyace el peligro de demonizar una religión y una cultura que en sus expresiones no fundamentalistas debe poder convivir con normalidad en este país cada día más plural.


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