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La guerra más absurda del fútbol español

Por Jorge Otero
29 abr 2011

“El mundo entero nos estará mirando”, dijo Jorge Valdano, director general del Real Madrid, antes de que empezara el póker de Clásicos. Exegetas, corifeos y demás panegiristas del Real Madrid y Barcelona se frotaban las manos: la gran fiesta del fútbol español transmitida a todos los rincones del planeta simbolizaba la pujanza de la Liga patria.

Ya se han jugado tres Clásicos y lo que ha visto el resto del mundo no es precisamente el mejor espectáculo. Dentro del campo el  buen fútbol ha escaseado. El juego ha sido en general insulso y rácano, con un equipo, el Madrid, dominado por el miedo, y otro, el Barcelona, gobernado por el conformismo.

Ha habido emoción, sí, pero más bien dirigida al consumo interno del aficionado español. Dudo mucho que un aficionado al fútbol de Corea del Sur —por poner un ejemplo lo suficientemente lejano—, ajeno a los códigos que rigen la rivalidad entre el Madrid y el Barça, haya podido alcanzar las mismas dosis de exaltación. Ese aficionado lo que quería ver era un buen juego y no lo ha visto.

Ese coreano ha visto sin embargo otras cosas, cosas que algunos no hubieran creído antes de rodar el balón. Ha visto tensión y malos modos entre los jugadores de uno y otro equipo, muchos de ellos compañeros en la selección española; ha visto a jugadores que simulaban agresiones y faltas; ha visto a jugadores que no dejaban de presionar al árbitro por cualquier nimiedad y ha visto, por último, una tangana en el descanso del tercer Clásico, el de Champions en el Bernabéu, muy poco edificante.

Ese mismo aficionado ha visto a dos entrenadores tirándose los trastos a la cabeza. Y qué quieren que les diga: eso no me ha sorprendido para nada. La marullería dialéctica de Mou en las salas de prensa forma parte de su ADN; Guardiola, en cuanto divisó a la derrota rondando a su equipo, se humanizó y también sacó los puños verbales contra el portugués.

Los jugadores tampoco se han quedado atrás: el cruce de declaraciones ha sido excesivo, trufado de acusaciones y reproches en algunos casos ajenos al deporte como ha sido el caso de los sentimientos patrióticos de Piqué y sus presuntos comentarios en contra de España en el túnel de vestuarios del Bernabéu. Pique ha dicho que no es verdad, pero algunos columnistas de cierta prensa han aprovechado la ocasión para  intentar dirimir sus diferencias con el nacionalismo catalán a costa del fútbol. Y lo peor es que parte de ese sentimiento anticatalán ha llegado a las gradas.

Pero lo más bochornoso es la guerra que Madrid y Barça se han declarado en los despachos. La UEFA ha expedientado a los dos equipos. El cruce de denuncias —para otros una guerra en toda regla— ante la UEFA  pone en ridículo al fútbol español. Los dos se equivocan.

Ignorar a Mourinho es lo mejor que podría haber hecho el Barça. Obviando la elegancia que se le supone al ganador y que debería obligarle a ser generoso,  su denuncia sólo alimenta el reprobable victimismo de Mourinho e incendia las relaciones entre entre las hinchadas antes del último Clásico.

Que Mourinho es un provocador lo sabe todo el mundo (ya dije una vez que con él, las crónicas de los partidos de Madrid tendrían que ser publicadas en la sección de sucesos), así que darle más cuerda, otorgarle más espacio para su furia y su ruido, sólo conduce a que el monstruo siga creciendo y a que los dos grandes del fútbol español entren en una guerra que puede durar años y de la que nadie sacará nada positivo.

El Real Madrid, cautivo sin remedio del estilo de Mourinho, lejos de aportar el sosiego necesario, reacciona justo como quiere su entrenador y enreda más la cosa. Los blancos declaran la guerra total y denuncian a los culés por “conducta antideportiva”. Es poco probable que la UEFA atienda las demandas blancas, así que presumiblemente todo se va a quedar en una rabieta de niño pequeño que sólo servirá para engordar el complejo de barcelonitis que aqueja al Madrid y poner en evidencia ante el mundo que va por detrás de su rival en el campo y también en los despachos.

Así está el fútbol español, dividido e incendiado. No es la mejor imagen que se puede ofrecer al mundo. El póker de Clásicos deja muchas heridas abiertas y todo indica que tardarán mucho tiempo en cicatrizar.

Mourinho, el ladrón de fútbol

Por Jorge Otero
28 abr 2011

Leo en el Twitter de un amigo y escritor, Xurxo Chapela, la siguiente frase: “Mourinho es un caudillo como Atila: por donde pasa no vuelve a crecer el fútbol”. Le compro la idea porque me parece que resume perfectamente lo que el técnico portugués está haciendo con el Real Madrid: enlodar su prestigio, el del club, dentro y fuera del campo.

Las delirantes declaraciones de Mourinho tras el partido contra el Barça no sólo son las de un mal perdedor, sino las de un cínico al que el fútbol le importa bien poco. Tan poco como el club para el que trabaja y que tanto dice defender: cada vez que pierde, Mou tira de currículum y recuerda los títulos que ha ganado él, insulta y ofende, recurre al victimismo y echa las culpas al árbitro. Eso sí: no reconoce ni un solo error.

Pero casi más lamentable fue su actitud tras la expulsión de Pepe: Mou se hizo expulsar y dio el partido por perdido. Sólo así se puede explicar que no hiciera ningún cambio tras quedarse con diez, aunque sólo fuera para refrescar al equipo. E indignante fue que en la sala de prensa diera por segura la eliminación de su equipo, renunciando a la pelea por una plaza en la final de la Champions. Eso es de mal deportista. A Bernd Schuster le echaron del mismo banquillo que ahora ocupa Mou por menos de eso.

Pero Florentino Pérez no va a echar a Mourinho. Tiene razón Guardiola cuando dice que Mou es “el puto amo”. Es el “puto jefe” de un club al que ha secuestrado emocionalmente y al que, como el mejor de los trileros, le ha robado el alma sin que se dé cuenta. Le ha robado también el fútbol dentro y fuera del campo. Salir en una semifinal de la Copa de Europa en el Bernabéu a empatar a cero es mezquino. Darse por vencido antes del partido de vuelta tampoco casa con el espíritu del Real Madrid.

La mayor aportación táctica de Mourinho esta temporada ha sido colocar a Pepe de mediocentro. Eso ya lo hizo Javier Clemente hace años y le crucificaron. Por eso sorprende que a Mou se le permita todo. Sorprende que la afición del Madrid, tradicionalmente exquisita y refinada en sus gustos futbolísticos, coree su nombre antes del partido, aplauda a rabiar una simple presión en la salida de balón del Barcelona y se conforme con ver a su equipo jugar a no perder. El Madrid ha renunciado al fútbol y a casi nadie parece importarle.

Florentino ha entregado el club a un ladrón de fútbol. Obsesionado con Guardiola, con demostrar que el Barça es un invento de la prensa, Mourinho ha embarcado a todo el madridismo en una aventura de incierto final en la que todo vale para derrotar a su gran rival: la ofensa, el antifútbol, el matonismo dialéctico, las marrullerías en el campo. Sólo desde las urgencias de un club desquiciado se puede explicar esta circunstancia.

Vuelvo a citar a Xurxo Chapela: “Descanse el Real Madrid en paz”.

¿Se acuerdan?

Por Pablo Machuca
17 abr 2011

Savio metió el balón entre los defensores blaugranas y Raúl, que llegaba desde atrás, levantó el esférico suavemente por encima de Hesp. El silencio se hizo en el Camp Nou cuando el aún joven delantero blanco se llevó el dedo a la boca para mandar callar a la grada. Ese gol suponía el empate a dos del Real Madrid en el campo del eterno rival y un mísero punto para ambos equipos. ¿Se acuerdan?

Aquella noche, a la vuelta a Barajas, el entonces presidente del Real Madrid, Lorenzo Sanz, celebró en el aeropuerto aquel empate como si fuera una victoria. Mucha gente fue a Cibeles a celebrarlo. ¿Recuerdan?

Curiosamente también fue un partido tenso y también el equipo local, el Barcelona, se quedó con un hombre menos tras la expulsión de Kluivert, por acordarse de la progenitora del asturiano Díaz Vega. ¿Les suena?

Todo eso pasó hace más de diez años, en la temporada 99/00. Ayer, en el Bernabéu, las cosas no fueron muy distintas. El Madrid celebró también un empate como un triunfo. El Barça tiró un partido que tenía ganado. El equipo de casa se quedó con uno menos. Y al final, como en las elecciones, todos ganaron.

Por cierto, un último detalle. Aquel partido también lo vivieron Mourinho y Guardiola en el campo. Ambos, ahora rivales, formaban parte del Barcelona. Cómo pasa el tiempo. O quizá no.

“Si lo conseguimos mañana, estamos en la final”

Por Jorge Yusta Etiquetas: , , ,
12 abr 2011

Guardiola tiene un lapsus al intentar corregir a la traductora en la previa del partido en Donestsk, se confunde de ronda actual de Champions y se salta la semifinal que todavía tiene que disputar el Barcelona.

Beckham presume de ‘bananas’

Por Sergio León Etiquetas: , , , ,
11 abr 2011

Conocido es el interés de las grandes marcas por explotar las grandes cualidades y atributos de sus figuras deportivas. Las campañas de publicidad se han empeñado en mostrar a sus estrellas protagonizando acciones inverosímiles, tanto que hasta cuesta describirlos con una palabra que no sea ‘fake’, tan extendida por la Red.

Tras Roger Federer, convertido en Guillermo Tell, Ronaldinho, empeñado en destrozar a balonazos un larguero con sus botas recién estrenadas, o Lebron James, metiendo canastas como si nada desde su casa, por citar sólo a unos cuantos, ahora le ha tocado el turno a David Beckham.

El futbolista inglés aparece en un vídeo publicitario de Pepsi en una playa de California. Con su característica ‘banana’, nombre con el que se conoce a su golpe curvado de pelota, el jugador de los LA Galaxy mete tres balones en sendas papeleras a nosecuantos metros de distancia… y encima descalzo. Juzguen ustedes mismos.

5-0 y Casillas de portero

Por Pablo Machuca Etiquetas: , , ,
01 abr 2011

“Apostaré a que el Barça gana 5-0 al Real Madrid, para no perder la costumbre”. No es un forofo el que habla, sino el presidente del Barcelona, Sandro Rosell. Lo dijo en un acto benéfico y entre risas, probablemente en broma, pero lo dijo y sus palabras resonaron por toda la prensa, deportiva y no (aquí puedes ver el vídeo).

Que recuerde, se trata del primer ‘resbalón’ de Rosell durante su todavía corta presidencia (lo siento, no recuerdo otro así), pero dará que hablar. Como le ocurrió a Vicente Boluda, que en su cuarto de hora como presidente del Madrid pasó a la triste historia de las declaraciones por vaticinar un “chorreo” ante el Liverpool en Champions League.

Les suele pasar a los presidentes eso de irse de la lengua y es una desgracia con la que los entrenadores tienen que lidiar. Si yo fuera Guardiola, ahora tendría un mosqueo importante porque Rosell no solo ha trasladado toda la presión de la final a su equipo, sino que además les ha puesto un listón.

Y es que la presión es muy peligrosa. En el año 2000, el Real Madrid viajó a Brasil a disputar el Mundial de Clubes tras ganar la Intercontinental en el 98. Su capitán por aquel entonces, Fernando Hierro, dijo que estaban “obligados” a ser campeones. Nada más falso. Nadie tiene la obligación de ganar y el Madrid, con aquella presión, no solo no fue campeón, sino que quedó cuarto.

No dudo que el Barcelona pueda repetir la ‘manita’ al Madrid, aunque me cuesta pensar un partido similar.