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Píldoras (amargas) de un Clásico

Por Jorge Otero Etiquetas: , , , ,
30 nov 2010

La soberana paliza de goles y juego que le propinó el Barça al Madrid se comenta casi por sí sola. Pero más allá del resultado, el Clásico suscita una serie de reflexiones y deja unas cuantas escenas que merecen ser comentadas.

Soberano repaso. David Villa lo resumió muy bien al final del encuentro: “Es el triunfo de un estilo”. Idea que en cierto modo compartió el propio Mourinho al reconocer que al Madrid aún le falta rodaje para ser como el Barcelona.  Le falta mucho más que eso: el fútbol, de momento, es cosa del Barça. Mientras los azulgrana sigan dominando el juego seguirán siendo mejor equipo que el Madrid, por mucho que Florentino compre lo más selecto del mercado.

Mourinho. El entrenador del Real Madrid es un tipo muy inteligente. Ha logrado que la prensa hable más de su carácter que de su capacidad como técnico. El portugués, siempre tan crecido ante los micrófonos,  se mostró resignado y humilde en la rueda de prensa posterior al partido. Nada que ver con el ‘Mou’ volcánico y desafiante de otras ocasiones. Eso es lo que destacan los medios, dejando en segundo plano sus errores de planteamiento en el Camp Nou: cambiar a Cristiano y Di María de banda fue un error, como lo es también lo mal que planteó la presión el técnico portugués. Cuando juegas en función del rival, sueles acabar perdiendo.

Guardiola. Pep hizo lo de siempre: poner a los mejores y darles libertad para jugar. Eso lo hace como nadie. Pero tuvo el feo gesto de torear a Ronaldo sin venir a cuento y, claro, se desencadenó la primera tangana del partido. Últimamente Guardiola tiene demasiados conflictos con otros entrenadores o jugadores. Debería controlarse un poquito más.

Sergio Ramos. Este sí que debería controlarse del todo. Lo que hizo ayer, con esa patada a destiempo a Messi,  el empujón a Puyol y el manotazo a Xavi, más otra fea entrada a Villa, es inadmisible. Merece un castigo ejemplar. El de Camas es junto a Hierro el jugador más expulsado en Liga en toda la historia del Madrid, y eso que lleva menos de la mitad de partidos que el central malagueño. Ramos fue el símbolo de la impotencia blanca.

Tanganas. Hubo demasiada bronca, demasiada tensión, demasiados (e innecesarios) enfrentamientos. Los jugadores de los dos equipos olvidaron que sólo se trataba de un juego. Incluso cuando el partido estaba decidido, los jugadores estaban revolucionados, pasados de rosca. Algunos más que otros: incomprensibles algunos comportamientos, especialmente en los casos de Puyol y Valdés,  que estuvieron en todas las broncas (Ramos aparte). Una pena, porque este partido lo vieron millones de personas en todo el mundo. Presumimos de tener la mejor Liga del mundo y luego los mejores, compañeros de selección, se dedican a las marrullerías. No es edificante, no.

Frustración se escribe con F de Florentino. ¿Qué sentiría ayer Florentino Pérez? Debe de ser frustrante ver cómo una y otra vez te estrellas contra el mismo muro sin posibilidad de derribarlo.  Florentino compra lo mejor que puede comprar en el mercado y eso no le vale para acercarse al Barça. Compra  a Benzema y este se revela como un indolente; compraz a Ózil y este desaparece en los partidos grandes; compra a Ronaldo y este se ofusca ante el único rival contra el que no puede ofuscarse; compra a Kaká y se lesiona… Al presidente blanco ya sólo le queda fichar a Cesc y Silva para intentar acercarse ligeramente al Barça. ¿Hay alguna alternativa más?

La sonrisa de Pellegrini. El actual entrenador del Málaga se estará relamiendo de gusto. El año pasado el Madrid que jugó bajo sus órdenes en el Camp Nou plantó cara al Barcelona pese a perder 1-0. Incluso mereció empatar. Al día siguiente las críticas al entrenador chileno eran feroces. A ‘Mou’ le han metido cinco.  Lo malo para Pellegrini es que al portugués le perdonan todo lo que a él no le perdonaron.  Por eso esta ‘manita’ debe de ser un consuelo para el chileno, una pequeña e íntima satisfacción.

Un clásico vale más de tres puntos

Por Jorge Yusta Etiquetas: , , ,
26 nov 2010

Se acerca el Barcelona-Real Madrid, el clásico, el partido que paraliza un país y parte del extranjero. El choque de todos los siglos, la quintaesencia de las rivalidades, el eterno tema de conversación en cualquier bar o rincón de España. Esos y otros muchos epítetos grandilocuentes recibe  un partido que vale como otro cualquiera de Liga. Tres puntos, ni uno más. ¿O me equivoco?

La cuestión es que a pesar de que las reglas son las que son y las matemáticas no fallan una serie de circunstancias están convirtiendo al clásico en eso, en un partido especial, único y en el que ambos equipos se juegan más de tres puntos.

Para empezar porque al ser un enfrentamiento directo -y perdonad la obviedad- el que gana no sólo se lleva los tres puntos a la buchaca sino que le priva de ellos al contrario.  Para continuar, el que salga victorioso del Camp Nou el lunes saldrá como líder de Primera. Y por último, porque la historia reciente constata que la igualdad entre Real Madrid y Barcelona y su creciente alejamiento del resto de equipos de Primera División convierten al clásico en un partido decisivo para el devenir del título liguero. Echando la vista atrás dos o tres años, la estadística corrobora lo que estoy diciendo.

En la temporada 2007/08 se dieron dos circunstancias que favorecieron al Real Madrid -que entrenaba Bern Schuster- en este tipo de partidos. En la jornada 17 los blancos lograron vencer en el Camp Nou gracias a un solitario gol de Julio Baptista. En la vuelta en el Santiago Bernabéu el equipo azulgrana tuvo que hacer el pasillo de campeón al eterno rival, que había ganado matemáticamente la Liga en el Reyno de Navarra la jornada anterior. Tras el pasillo, los blancos dieron un baño a los culés por 4-1. Esa goleada, por cierto, fue la última victoria del Real Madrid al Barcelona hasta la fecha.

En la temporada 2008/09 la ida del Camp Nou se saldó con victoria del Barça con goles de Eto’o y Messi. La vuelta tuvo lugar en Madrid en la jornada 34. A cuatro jornadas para el final, el Barça mantenía una ventaja de siete puntos sobre los blancos, que llevaban un sprint de victorias con Juande Ramos para intentar alcanzar a los de Guardiola. Sin embargo, aquel equipo -que acabó proclamándose campeón de todo- ridiculizó al Madrid en su propio estadio con aquel memorable 2-6. La distancia que cogió de 10 puntos y el golpe anímico al Madrid dejaron la Liga sentenciada.

En la temporada pasada, Barcelona y Real Madrid mantuvieron un pulso a golpe de récord. Hasta que llegó el clásico en la jornada 31. El Barça llegaba líder al Bernabéu con 80 puntos mientras que el Real Madrid solo tenía tres menos, 77. Si ganaba el Real Madrid empataba a puntos con el Barça, pero ganaron 0-2 los azulgranas y cogieron una ventaja de seis puntos. Algo casi insalvable pese a que faltaban siete jornadas. Dos jornadas después, en la 33, el Barça empataba en Cornellá ante el Espanyol (0-0) y el Real Madrid ganaba en casa 2-0 contra el Valencia. La diferencia se reducía a un solo punto. En la penúltima jornada el Barça visitaba el Sánchez Pizjuán pero no falló, lo que desvaneció todas las esperanzas del Real Madrid. La goleada al Valladolid en el Camp Nou en la última jornada ponía el broche a un título que se había fraguado en el Bernabéu.

Esa temporada la rotundidad de los datos de Madrid y Barça quebró el campeonato. El Valencia, tercero, acabó a ¡28 puntos! del campeón, el Barça. Algo que nunca había sucedido en la Liga. Este curso, el primer clásico llega en la jornada 13 y el Real Madrid va líder con 32 puntos, uno más que el Barça y ¡8 más! que el Villarreal.

Los dos grandes del fútbol español se han convertido en máquinas de fabricar victorias. Los de Mourinho sólo han dejado escapar en doce jornadas cuatro puntos. El mejor arranque de la historia de la Liga. El Barça sólo ha cedido un empate y una derrota en casa mientras que lejos del Camp Nou cuenta sus visitas por victorias. Sin entrar a valorar goles marcados, encajados, posesión de balón o asistencias está claro que los números de ambos no pueden ser alcanzados por el resto de equipos. Si las diferencias entre ellos y los demás cada vez son más agudas, si una derrota en cualquier otra jornada se convierte en una quimera y si la igualdad entre ambos se va estrechando, los clásicos se convierten -por méritos propios- en los partidos más trascendentales de la temporada.

Si a los fríos datos se le une la presencia en el campo de los dos mejores jugadores del mundo, la vuelta de Mourinho al Camp Nou y como técnico del Real Madrid, la incógnita de la solvencia blanca ante un rival de enjundia, el estreno en un clásico de los nuevos fichajes y la adrenalina que se descarga al vencer al eterno rival hacen que el encuentro del lunes se convierta en uno de los tres mejores eventos futbolísticos del mundo entero.