“Si lo conseguimos mañana, estamos en la final”
Guardiola tiene un lapsus al intentar corregir a la traductora en la previa del partido en Donestsk, se confunde de ronda actual de Champions y se salta la semifinal que todavía tiene que disputar el Barcelona.
Píldoras (amargas) de un Clásico
La soberana paliza de goles y juego que le propinó el Barça al Madrid se comenta casi por sí sola. Pero más allá del resultado, el Clásico suscita una serie de reflexiones y deja unas cuantas escenas que merecen ser comentadas.
Soberano repaso. David Villa lo resumió muy bien al final del encuentro: “Es el triunfo de un estilo”. Idea que en cierto modo compartió el propio Mourinho al reconocer que al Madrid aún le falta rodaje para ser como el Barcelona. Le falta mucho más que eso: el fútbol, de momento, es cosa del Barça. Mientras los azulgrana sigan dominando el juego seguirán siendo mejor equipo que el Madrid, por mucho que Florentino compre lo más selecto del mercado.
Mourinho. El entrenador del Real Madrid es un tipo muy inteligente. Ha logrado que la prensa hable más de su carácter que de su capacidad como técnico. El portugués, siempre tan crecido ante los micrófonos, se mostró resignado y humilde en la rueda de prensa posterior al partido. Nada que ver con el ‘Mou’ volcánico y desafiante de otras ocasiones. Eso es lo que destacan los medios, dejando en segundo plano sus errores de planteamiento en el Camp Nou: cambiar a Cristiano y Di María de banda fue un error, como lo es también lo mal que planteó la presión el técnico portugués. Cuando juegas en función del rival, sueles acabar perdiendo.
Guardiola. Pep hizo lo de siempre: poner a los mejores y darles libertad para jugar. Eso lo hace como nadie. Pero tuvo el feo gesto de torear a Ronaldo sin venir a cuento y, claro, se desencadenó la primera tangana del partido. Últimamente Guardiola tiene demasiados conflictos con otros entrenadores o jugadores. Debería controlarse un poquito más.
Sergio Ramos. Este sí que debería controlarse del todo. Lo que hizo ayer, con esa patada a destiempo a Messi, el empujón a Puyol y el manotazo a Xavi, más otra fea entrada a Villa, es inadmisible. Merece un castigo ejemplar. El de Camas es junto a Hierro el jugador más expulsado en Liga en toda la historia del Madrid, y eso que lleva menos de la mitad de partidos que el central malagueño. Ramos fue el símbolo de la impotencia blanca.
Tanganas. Hubo demasiada bronca, demasiada tensión, demasiados (e innecesarios) enfrentamientos. Los jugadores de los dos equipos olvidaron que sólo se trataba de un juego. Incluso cuando el partido estaba decidido, los jugadores estaban revolucionados, pasados de rosca. Algunos más que otros: incomprensibles algunos comportamientos, especialmente en los casos de Puyol y Valdés, que estuvieron en todas las broncas (Ramos aparte). Una pena, porque este partido lo vieron millones de personas en todo el mundo. Presumimos de tener la mejor Liga del mundo y luego los mejores, compañeros de selección, se dedican a las marrullerías. No es edificante, no.
Frustración se escribe con F de Florentino. ¿Qué sentiría ayer Florentino Pérez? Debe de ser frustrante ver cómo una y otra vez te estrellas contra el mismo muro sin posibilidad de derribarlo. Florentino compra lo mejor que puede comprar en el mercado y eso no le vale para acercarse al Barça. Compra a Benzema y este se revela como un indolente; compraz a Ózil y este desaparece en los partidos grandes; compra a Ronaldo y este se ofusca ante el único rival contra el que no puede ofuscarse; compra a Kaká y se lesiona… Al presidente blanco ya sólo le queda fichar a Cesc y Silva para intentar acercarse ligeramente al Barça. ¿Hay alguna alternativa más?
La sonrisa de Pellegrini. El actual entrenador del Málaga se estará relamiendo de gusto. El año pasado el Madrid que jugó bajo sus órdenes en el Camp Nou plantó cara al Barcelona pese a perder 1-0. Incluso mereció empatar. Al día siguiente las críticas al entrenador chileno eran feroces. A ‘Mou’ le han metido cinco. Lo malo para Pellegrini es que al portugués le perdonan todo lo que a él no le perdonaron. Por eso esta ‘manita’ debe de ser un consuelo para el chileno, una pequeña e íntima satisfacción.
El invento de los lunes
Faltan dos semanas para el Barcelona-Real Madrid y hasta hace bien poco nadie discutía sobre quién ganará ni sobre quién juega mejor. Todos hablaban de la fecha del partido del siglo (con permiso de los partidos del año pasado, del partido de vuelta y de los que vendrán), previsto para el mismo día que se celebran las elecciones catalanas, el 28 de noviembre. Un mal asunto para la política, dado que el fútbol concentra muchas más miradas hacia sí mismo.
Por esa razón, la discusión era si aplazarlo al lunes para no hacerlo coincidir con los comicios. Esta disyuntiva provocó diversas reacciones, como la de Guardiola, quien dijo que le parecía bien y que jugar en lunes no restaría “glamour ni audiencia al clásico”. Jorge Valdano, sin embargo, consideró el lunes como “indigno para un Barça-Madrid”.
No sólo para ese partido, sino para el fútbol entero. Es evidente que no pasa nada por jugar un lunes, ya que los futbolistas seguirán teniendo dos brazos y dos piernas, e incluso alguno hasta la misma calidad, como dice Guardiola. El problema es que el invento de los lunes es ajeno al propio fútbol.
Forma parte de la tiranía de las televisiones, que imponen sus horarios indiscriminadamente a los de la Liga, que permite partidos en dos días de diario: lunes (de Primera) y viernes (de Segunda). Si lo del lunes es grave, lo del viernes ya no tiene nombre. Al ser días laborables, muchos de los aficionados que tuvieran pensado desplazarse para ver a su equipo no podrán hacerlo.
Por esa misma dictadura de las audiencias televisivas, se produjo aquel conflicto con los Premios Príncipe de Asturias, que hacían imposible mover el partido del Barça de las 18.00 horas a las 20.00 horas, o al domingo.
Pero no importa con tal de hacer dinero de este gran negocio del balompié. Tan enorme en sus beneficios, que hemos llegado a permitir que haya fútbol cada día de la semana, ya que los martes y los miércoles hay Champions League y los jueves Europa League. Ahora se suma el invento de los lunes y los viernes, más el fin de semana.
De esta forma se corre el riesgo de cansar a la gente con un exceso de oferta que resulta agobiante. ¿Es este el modelo que los dirigentes quieren para el fútbol? De momento, esta noche se juega un Sevilla-Valencia. Muy digno, pero muy tarde.








