Las maneras camorristas de Gattuso
El italiano Genaro Gattuso la ha vuelto a liar. Anoche el Tottenham ganó en San Siro gracias a un contragolpe culminado por Crouch y la derrota no le sentó muy bien al centrocampista milanista. Primero vio la tarjeta amarilla por una entrada a Steven Pienaar. Después se le cruzaron los cables y la tomó con el segundo técnico del equipo londinense, Joe Jordan. En la segunda parte le cogió del cuello y al ser apartado por sus compañeros volvió a hacer gestos chulescos con la mano. Y al acabar el partido corrió a la banda para encararse con el preparador a pecho descubierto llegando a darle un cabezazo y amagando con propinarle un puñetazo. Para rematar la bronca barriobajera Gattuso invitó a un contrario a seguir discutiendo en la calle.
La agresión le podría costar una sanción de la UEFA, más allá del partido de vuelta que se perderá por la amarilla. Aunque Gattuso ya ha pedido perdón por lo sucedido, eso no basta. Siempre va al límite. Una cosa es entregarse al máximo en cada partido y otra atemorizar al rival a base de patadas y amenazas. Suele ser habitual verle realizar entradas excesivas, encararse con cualquier contrario, recriminar a los árbitros cualquier decisión que no le guste o desairar a su propio entrenador. Lejos de entrar a valorar si gusta más o menos su juego, lo que no se puede permitir es que continuamente saque a relucir en los terrenos de juego ademanes camorristas.
Robinho se sale ante el Cesena
Anoche San Siro vio al Robinho que toda Europa lleva esperando desde hace años. El ’70′ del Milan ofreció ante el Cesena un recital de samba con el balón en los pies. Regates, bicicletas, desmarques.. todo un sinfin de recursos técnicos. Para muestra un pase desde el lateral del área levantando la pelota para ponerla con el empeine y un taconazo genial ante la llegada en velocidad de un compañero.
Ibrahimovic fue el que se benefició de la magia de Robinho para marcar los dos goles del partido pero el brasileño cuajó, sin duda, una de sus mejores actuaciones desde que aterrizó en el viejo continente.
Ibra, el desmotivado
Vérsele en el Barça no se le vio mucho. Y tampoco es que hablara, pero cuando lo hacía, el sueco Zlatan Ibrahimovic no se cortaba un pelo.
En Italia sigue manteniendo sus costumbres. Mañana se juega el derby Inter-Milan y el delantero ha abierto la boca para caldear el ambiente. Cosa que su sangre escandinava no debe entender. Caldear, derby y Calcio son sinónimos aquí en Roma, digo, y en Estocolmo.
“En el Inter no estaba motivado”, dijo ayer en una entrevista con SkySport 1. Menos mal, porque sus 25 goles en la 2008-2009 con los ‘neroazurri’, podrían haber sido entonces 50.
“Cuando estaba yo en el Inter era un equipo menos compacto. Se decía que todos los problemas del Inter eran por mi culpa… Seguro. En todos los equipos en los que he jugado siempre he tomado la mayor responsabilidad posible”, prosigue. Seguro.
No podía dejarlo todo ahí. “Estuve tres años en el Inter y cinco en Italia, en los que gané muchas cosas. Cuando sientes que ya no puedes seguir creciendo, que no tienes los estímulos necesarios, entonces quieres tener algo nuevo. Aquí había llegado a mi límite, estaba bien cambiar para tener más motivación y adrenalina. Y luego, volví a cambiar para estar en un equipo más fuerte”.
Mientras Ibrahimovic se peleaba con los defensa en España, la adrenalina y la motivación las ponía Messi en el campo, que marcó más del doble de goles que el sueco (34-16). Y luego cambió de equipo. No a uno más fuerte, como dice él, sino a uno donde sabía que sólo iba a jugar él.
Ibrahimovic lleva cinco goles en la Serie A en 11 jornadas (Messi 8 de 8). Y sigue sin copar las portadas. ¿Quién se las lleva? Pues como se puede comprobar en la imagen, su anterior equipo. El flojo. El que con 18 toques el otro día le metió un gol de postín al Getafe y que hoy, día de Calcio, sigue arriba en la ‘home’ de la Gazzetta dello Sport.
El ego de Ibrahimovic mide exactamente 1,94 metros. Menos mal que aún quedan egos de 1,69 que ya ponen por él la adrenalina, la motivación y los goles. Y si no se lo cree, se lo recordamos:
Inzaghi, 20 años de goles
La imagen del ‘Pippo’ Inzaghi embistiendo por detrás a Xabi Alonso durante el Milan – Real Madrid de ayer tiene su historia. El delantero rossonero habría pasado por encima de todo lo que se le hubiera puesto por delante. Marcó el gol del empate de su equipo, encendió San Siro con sus gestos enrabietados, se peleó con medio equipo contrario e hizo el segundo, en fuera de juego, pero el segundo.
La explicación a tanto derroche de adrenalina es sencilla. Llevaba nueve partidos sin jugar. Ayer hacía 20 años que marcó su primer gol en la Serie A con el Parma. El tanto le sirvió para igualar a Raúl en la tabla de goleadores UEFA. Y el segundo para superar al del Schalke 04, a Gerd Muller y a otro delantero histórico del Milan: Marco Van Basten.
En el pasillo de los vestuarios, después de la ducha, Inzaghi lo explicaba así a los periodistas: “He tenido la ocasión de demostrar en media hora, y después de nueve partidos, que todos esos que dicen que no soy el mismo igual deben comerse algo”.
Inzaghi no piensa rendirse. “No, porque yo me siento bien, si no, no me quejaría por no jugar. En el momento que yo no esté bien seré el primero en decir basta aunque me cueste, porque me encanta hacer lo que hago”.
Después de su doblete de ayer y con la confianza de su entrenador recuperada “porque he vuelto a entrenarme como si estuviera jugando todos los partidos”, el Pippo tiene otra marca en la cabeza: Roberto Baggio, 318 goles en Italia. Le faltan tres.
Aunque con respecto a Raúl, no las tiene todas consigo: “Raúl es muy joven [risas] Bueno, es más joven que yo”. Inzaghi tiene 37 años. Raúl, 33.
Váyase, señor Webb
Inglaterra, Europa y el mundo no se merecen sufrir a un árbitro como Howard Webb. Cuánto peor son sus actuaciones más visibilidad le dan la FIFA y la UEFA. Anoche tenía ante sí un clásico europeo como el Milan-Real Madrid y tampoco lo desaprovechó.
Volvió a deleitar al aficionado con un repertorio de dejadez, complacencia con la violencia, olvido de tarjetas en el vestuario y pésima coordinación con sus auxiliares para completar de nuevo un arbitraje digno de una jubilación anticipada.
Algo debe tener este Webb para que las altas esferas del fútbol (con Villar manejando ambas) le sigan confiando partidos tan importantes como el de San Siro, como una final de Champions o la finalísima de un Mundial. Pero yo no termino de averiguar qué puede ser.
En 2009 ya lo sufrió el Barcelona en aquella goleada por 4-0 ante el Bayern de Munich en la que un escalofriante codazo de Van Bommel a Messi delante de las narices de Webb se quedó impune.
El pasado 11 de julio Holanda sacó a pasear la guadaña ante la permisividad del colegiado inglés. De ello puede dar fe Xabi Alonso, que todavía tiene marcados los tacos de De Jong en el pecho.
Y anoche volvió a ocurrir más de lo mismo pero con distintos protagonistas o casi. Sólo citaré algunos de los errores del señor Webb de anoche (para no aburriros):
1. En el 77’ Inzaghi da la vuelta al partido al remachar en flagrante fuera de juego un pase de Gatusso. Sólo había 95 centímetros de distancia entre el italiano y Pepe, el defensa más retrasado del Real Madrid. El linier debía de estar viendo el ambiente de las gradas de San Siro. Dicho lo cual no excuso la mala salida de Casillas ni su cantada en el primer gol milanista.
2. Gatusso se marcha del campo sustituido en el 83’ con una tarjeta amarilla aunque debería haber sido expulsado antes. En el 8’ ya manda el primer recado a Özil entrando con los tacos. Después de faltas reiteradas y quejas continuas ve la tarjeta 69’ al quejarse de una nueva entrada.
3. Abate también debería haber sido expulsado. En el 23’ golpea con la mano en la cara de Cristiano Ronaldo y no ve tarjeta. En el 41’ el portugués pisa a su marcador y tampoco es sancionado. Abate si fue amonestado en el 55’ por una durísima entrada por detrás al luso.
4. Inzaghi sale como una locomotora desde el banquillo y en el 60’ arrolla por detrás a Xabi Alonso cuando éste ya no tenía el balón en sus pies. Todavía el italiano se quejó airadamente al árbitro inglés que, por supuesto, no le enseñó ni la amarilla. El mediocentro vasco debió tener un ‘deja vu’ con Johannesburgo.
En resumen, un arbitraje complaciente con el juego sucio, sin autoridad, miedoso, timorato y que sólo acabó arreglando Pedro León con el gol del empate definitivo en el 93’.








