Pellegrini regresa al banquillo del Bernabéu
Casualidades del destino, este jueves el Santiago Bernabéu verá al chileno Manuel Pellegrini volver a sentarse en su banquillo. Pero esta vez en el del equipo visitante, el del Málaga. Regresa el ‘ingeniero’ al campo donde no pudo triunfar. Ahora con un objetivo completamente distinto pero con la misma filosofía de fútbol.
Parece que queda lejos aquel verano de 2010 en el que Florentino Pérez encomendó al chileno manejar el timón de su segunda etapa en la presidencia blanca. Puso a su servicio cientos de millones personificados en megaestrellas de la talla de Cristiano Ronaldo, Kaká o Benzema. Pero también le privó de dos jugadores, Robben y Sneijder, que acabarían siendo fundamentales en las grandes campañas de Bayern e Inter.
El objetivo era sencillo de definir: reinvertir en títulos los euros gastados. Otra cosa era lograr que funcionase como equipo ese elenco de estrellas recién aterrizadas, recuperar la hegemonía perdida en Europa, revalorizar la Copa y, por si fuera poco, competir en Liga contra el mejor equipo del mundo, el Barça de Guardiola.
A final de campaña, Florentino tuvo un amargo ‘dejà vu’. Primero el ‘alcorconazo’ y después la enésima eliminación en los octavos de Champions (ante el Lyon) colocaron a Pellegrini al borde del precipicio. Aún así, el chileno, sin alzar nunca la voz, se aferró a la tremenda campaña liguera que estaba cuajando su equipo. Frente a las críticas, números. Hasta que el Barça los hizo saltar por los aires. De nada sirvieron 31 victorias y 96 puntos.
Mucho antes de acabar la Liga, la directiva blanca ya había puesto la diana en la víctima más inofensiva, el calmado Pellegrini. Nada de reproches, por ejemplo, al infame curso de futbolistas como Kaká o Benzema. El sustituto ya estaba a la espera para quitar la silla al chileno. Un triplete con el Inter como carta de presentación.
En lo que va de temporada pocos se acuerdan de Pellegrini en la casa blanca. Mourinho se ha hecho dueño de todo el Real Madrid. Del perfil bajo de Pellegrini se ha pasado al perfil acaparador. De la diplomacia al arte de la excusa. Pero lo que siguen sin cambiar son los números y el juego.
A estas alturas tan solo la Copa diferencian a uno y otro. Este Madrid ya ha alcanzado una final, otro cantar es que la gane. En Champions la cosa se estrecha al margen de un gol, el de Benzema en Lyon. En 2010 el Madrid esperaba la vuelta en el Bernabéu con el tanto en contra de Makoun. Y en Liga aquel Madrid de Pellegrini acumulaba 62 puntos -los mismos que tenía el Barça-, uno más que el de ahora, con 22 goles más a favor y tan solo uno más en contra. Y en el Camp Nou perdió con la cabeza alta (1-0).
Pellegrini vuelve el jueves al Bernabéu con otro ‘marrón’ entre manos. Salvar del descenso al Málaga. Agarrando el timón del barco de un jeque que también quiere transformar sus millones en resultados. Es improbable que los andaluces saquen algo positivo de Chamartín. Pero pudiera ser que, paradojas del destino, ganasen y dando un pasito más hacia la permanencia terminaran de enterrar las ya escasas opciones ligueras del Madrid.
Píldoras (amargas) de un Clásico
La soberana paliza de goles y juego que le propinó el Barça al Madrid se comenta casi por sí sola. Pero más allá del resultado, el Clásico suscita una serie de reflexiones y deja unas cuantas escenas que merecen ser comentadas.
Soberano repaso. David Villa lo resumió muy bien al final del encuentro: “Es el triunfo de un estilo”. Idea que en cierto modo compartió el propio Mourinho al reconocer que al Madrid aún le falta rodaje para ser como el Barcelona. Le falta mucho más que eso: el fútbol, de momento, es cosa del Barça. Mientras los azulgrana sigan dominando el juego seguirán siendo mejor equipo que el Madrid, por mucho que Florentino compre lo más selecto del mercado.
Mourinho. El entrenador del Real Madrid es un tipo muy inteligente. Ha logrado que la prensa hable más de su carácter que de su capacidad como técnico. El portugués, siempre tan crecido ante los micrófonos, se mostró resignado y humilde en la rueda de prensa posterior al partido. Nada que ver con el ‘Mou’ volcánico y desafiante de otras ocasiones. Eso es lo que destacan los medios, dejando en segundo plano sus errores de planteamiento en el Camp Nou: cambiar a Cristiano y Di María de banda fue un error, como lo es también lo mal que planteó la presión el técnico portugués. Cuando juegas en función del rival, sueles acabar perdiendo.
Guardiola. Pep hizo lo de siempre: poner a los mejores y darles libertad para jugar. Eso lo hace como nadie. Pero tuvo el feo gesto de torear a Ronaldo sin venir a cuento y, claro, se desencadenó la primera tangana del partido. Últimamente Guardiola tiene demasiados conflictos con otros entrenadores o jugadores. Debería controlarse un poquito más.
Sergio Ramos. Este sí que debería controlarse del todo. Lo que hizo ayer, con esa patada a destiempo a Messi, el empujón a Puyol y el manotazo a Xavi, más otra fea entrada a Villa, es inadmisible. Merece un castigo ejemplar. El de Camas es junto a Hierro el jugador más expulsado en Liga en toda la historia del Madrid, y eso que lleva menos de la mitad de partidos que el central malagueño. Ramos fue el símbolo de la impotencia blanca.
Tanganas. Hubo demasiada bronca, demasiada tensión, demasiados (e innecesarios) enfrentamientos. Los jugadores de los dos equipos olvidaron que sólo se trataba de un juego. Incluso cuando el partido estaba decidido, los jugadores estaban revolucionados, pasados de rosca. Algunos más que otros: incomprensibles algunos comportamientos, especialmente en los casos de Puyol y Valdés, que estuvieron en todas las broncas (Ramos aparte). Una pena, porque este partido lo vieron millones de personas en todo el mundo. Presumimos de tener la mejor Liga del mundo y luego los mejores, compañeros de selección, se dedican a las marrullerías. No es edificante, no.
Frustración se escribe con F de Florentino. ¿Qué sentiría ayer Florentino Pérez? Debe de ser frustrante ver cómo una y otra vez te estrellas contra el mismo muro sin posibilidad de derribarlo. Florentino compra lo mejor que puede comprar en el mercado y eso no le vale para acercarse al Barça. Compra a Benzema y este se revela como un indolente; compraz a Ózil y este desaparece en los partidos grandes; compra a Ronaldo y este se ofusca ante el único rival contra el que no puede ofuscarse; compra a Kaká y se lesiona… Al presidente blanco ya sólo le queda fichar a Cesc y Silva para intentar acercarse ligeramente al Barça. ¿Hay alguna alternativa más?
La sonrisa de Pellegrini. El actual entrenador del Málaga se estará relamiendo de gusto. El año pasado el Madrid que jugó bajo sus órdenes en el Camp Nou plantó cara al Barcelona pese a perder 1-0. Incluso mereció empatar. Al día siguiente las críticas al entrenador chileno eran feroces. A ‘Mou’ le han metido cinco. Lo malo para Pellegrini es que al portugués le perdonan todo lo que a él no le perdonaron. Por eso esta ‘manita’ debe de ser un consuelo para el chileno, una pequeña e íntima satisfacción.








