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Las escenas censuradas más involuntariamente cómicas del doblaje franquista

10 feb 2014
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Iñaki Berazaluce

condesa

Dos eran las obsesiones de los censores de películas durante el franquismo: la política y el sexo, y no necesariamente por ese orden. En su intento de esquivar pecados deplorables a los ojos de Dios, la censura logró la cuadratura del círculo al convertir una infidelidad en un incesto (‘Mogambo’), convertir a otro infiel en merienda para los tigres (‘Las lluvias de Ranchipur’) o trastocar el desesperanzador final de ‘El ladrón de bicicletas’ en el happy end más impostado de la historia del cine.

“El doblaje fue un invento fascista –me cuenta desde su estudio en Barcelona el historiador de cine Roman Gubern, una de las personas que mejor conoce la censura franquista-. Mussolini impuso el doblaje obligatorio en 1930, con el pretexto era proteger la lengua italiana, aunque el verdadero motivo era poder cambiar los diálogos incómodos. Goebbels hizo lo propio en la Alemania nazi en 1934, y en España lo impuso el Sindicato del Espectáculo en 1941”. Ocho décadas después, Alemania, España y, sobre todo Italia, apunta Gubern, son los tres países de Europa que más siguen doblando las películas.

Si bien la censura erótico-festiva se fue relajando a medida que el sátrapa agonizaba, la política no bajó el pistón y hasta bien entrados los setenta, los censores mutilaron cintas extranjeras ¡porque dejaban en mal lugar a Hitler! Estos son algunas de las escenas más involuntariamente cómicas que propiciaron la censura del doblaje durante el franquismo.

‘Mogambo’ o cómo ocultar unos cuernos con un incesto

En un desdichado intento por esquivar una infidelidad en ‘Mogambo’, la censura modificó el argumento doblaje mediante, de modo que el personaje que interpretaba Grace Kelly dejó de ser una mujer casada que echaba una canita al aire con Clark Gable en un safari por África para convertirse en una soltera de viaje con su hermano (Donald, su marido en la historia original).

Pero, claro, el amor que profesaba Donald por la rubia -con quien compartía tienda de campaña y yacija- estaba dos grados por encima de “fraternal”. En definitiva, un incesto con todas las de la ley, como puede apreciarse en este corte:

Tu cabeza niega lo que dicen tus labios, Ingrid

Más cuernos. En esta ocasión en ‘Arco de triunfo’ (1948), película protagonizada por Ingrid Bergman y Charles Boyer, y con su dosis alícuota de infidelidad… Salvo en España, donde el doblaje censor hizo de las suyas. En una de las escenas, a Bergman le preguntan por el hombre que la acompaña, a la sazón, su amante: “¿Es su marido?”, a lo que ella niega con la cabeza mientras de sus labios sale un claro y nítido “Sí”.

Semejante absurdez tal vez hubiera colado en Bulgaria, donde niegan agitando la cabeza arriba y abajo y afirman girándola a los lados, pero no en España, alma de cántaro.

Arco de Triunfo (1948) Arch of triumph

‘Casablanca’: Humphrey Bogart cambia de bando

Una de las películas más legendarias de todos los tiempos tampoco se libró de la manipulación del doblaje. En la historia original Rick Blaine (Humphrey Bogart) le hace la puñeta a los nazis, igual que previamente luchó “contra el fascismo en España” y en Etiopía (contra Mussolini, se entiende). Sin embargo, en la versión doblada al español, desaparece cualquier mención al pasado republicano del bueno de Rick. Franco no podía permitir que el gran Humphrey hubiera formado parte de las Brigadas Internacionales. Por suerte, Rick no termina diciendo “Siempre nos quedará Salamanca”…

‘El ídolo de barro’: una íntima relación padre-hija

Si los censores de ‘Mogambo’ lograron convertir una inocua infidelidad en un incesto, los que se ocuparon de ‘El ídolo de barro’ (1949)  –una peli de boxeo protagonizada por Kirk Douglas– consiguieron dar una vuelta de tuerca extra a la relación incestuosa, al convertir a una pareja cristianamente casada en padre e hija para tapar la infidelidad de la adúltera esposa.

idolo de barro

Una voz en off para joder arreglar el final de ‘El ladrón de bicicletas’

‘El ladrón de bicicletas’ (1948), de Vittorio de Sica, es una de las películas más desoladoras de la posguerra italiana y, por ende, de la cinematografía mundial. Al pobre protagonista le pasa de todo y casi todo malo: pierde el trabajo, pasa hambre, le roban su bicicleta y encima los ladrones le pegan una paliza. Al final (¡spoiler!) intenta robar torpemente él mismo una bici y le pillan, resultando humillado delante de su hijito.

El censor franquista debió de pensar que no era plan que los espectadores españoles (sumidos en una posguerra equivalente, si no peor que la italiana), así que metió una voz en off de buen rollo que decía:

‘La [pecaminosa] condesa descalza’

En el clásico de Mankiewicz ‘La condesa descalza’ (1954) se reúnen unos cuantos de los tabúes más recurrentes de la censura española, de la Guerra Civil a las relaciones adúlteras. Los censores decidieron tirar por la calle de en medio y reescribir el guion de arriba abajo. La condesa del título, que no es otra que la fogosa Ava Gardner interpretando a la bailarina española María Vargas, le pone los cuernos a un pusilánime Humphrey Bogart, más que probable gay, detalles escabrosos que no pudieron ver los espectadores españoles de la época.

‘Las lluvias de Ranchipur’ o cómo evitar el fornicio mediante la eliminación física del cornudo

En los años 50 se estilaban mucho las películas ambientadas en parajes exóticos, a ser posible tropicales. Y ya vimos en ‘Mogambo’ cómo esos climas despiertan el furor uterino de las viajeras. En ‘Las lluvias de Ranchipur’ Lana Turner se encapricha –y se lía- con un apuesto galán hindú, que no es otro que Richard Burton. En la versión original, el marido de la Turner resulta herido por un tigre en una cacería, pero en la versión española el felino devora hasta los huesos al pobre marido, de modo que con este “homicidio de guion” queda resuelto el problema de la infidelidad: Lana Turner pasa de adúltera a viuda sin solución de continuidad.

lana-turner-richard-burton-fred-macmurray-img-121549

BONUS TRACK: No tiene que ver estrictamente con la censura franquista, pero sí es lo bastante estrambótico para salir aquí. En la versión española de ‘Perros de paja’ (1971), de Sam Peckinpah, los dobladores españoles debieron de pensar que el título no tenía ningún sentido, así que en una de las escenas en que Dustin Hoffman está de espaldas al espectador, este tose y aprovechan para colarle un “¡perros de paja!”, según asegura la estudiosa del fenómeno doblador Beatriz Navas, promotora de la plataforma Plat.tv.

Con la colaboración inestimable de Roman Gubern e información adicional de Cineol, El País, e Hipérbole, así como los libros ‘Sexualidad, psiquiatría y cine’, de Luis Ángel Montejo González, y ‘Azotes y caricias, de Tom Cutler.

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